10/28/2026
¿Qué estás guardando en tu corazón?
Hay heridas que no escogimos, palabras que nunca debimos escuchar y decepciones que dejaron huellas profundas. Dios conoce cada una de ellas y no nos condena por sentir dolor.
Pero aquello que nos hirió también necesita ser atendido. A veces, intentando protegernos, levantamos paredes que terminan impidiéndonos recibir amor, confiar y vivir en paz.
Hoy JesĂşs te invita a abrirle el corazĂłn, aun con sus grietas. Puedes decirle: «Señor, todavĂa me duele. AyĂşdame a sanar y a soltar lo que no puedo cargar más».
Perdonar no significa justificar lo que pasĂł ni volver a exponerte al daño. Puedes establecer lĂmites y, al mismo tiempo, permitir que Dios trabaje en tu interior. La sanidad puede tomar tiempo; buscar apoyo tambiĂ©n es parte del proceso.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.
— Efesios 4:32, RVR1960
Lo que viviste merece ser escuchado, pero no tiene que definir todo lo que viene. En las manos de Dios, un corazĂłn herido puede volver a amar, a confiar y a tener esperanza.
Hoy reflexiona: ¿Qué dolor necesito poner delante de Dios para comenzar a sanar?