10/11/2026
El sufrimiento no siempre está en nuestras manos, pero nuestra mirada sí puede permanecer puesta en Jesús.
Aun cuando sufrimos las consecuencias de nuestros propios errores, si nos rendimos a Dios con un corazón dispuesto, Él puede usar ese proceso para nuestro bien, para transformarnos y acercarnos más a Él.
Dios no desperdicia lo que ponemos en Sus manos.
Me hizo bien haber sido afligido, porque así llegué a conocer tus decretos.
Salmo119:71