10/26/2026
LOS VERDADEROS CAMBIOS COMIENZAN CON UNA DECISIÓN RADICAL.
La Biblia nos habla de una mujer que llevaba 12 años padeciendo de flujo de sangre. Había gastado todo lo que tenía en médicos, pero nadie había podido sanarla.
Hasta que un día tomó una decisión que cambiaría su historia: ¡TENÍA QUE LLEGAR HASTA JESÚS y TOCAR SU MANTO.
Una decisión un poco descabellada porque una mujer no podia tocar un Rabino y mucho menos con una condición de sangre, ella era IMPURA. Pero lo toco y fue sana.
No sabemos todos los pensamientos internos que ella tuvo que vencer, porque si, lo que nos detienen son puros pensamientos:
Que van a pensar de mi?
Y si no resulta como espero?
¡ESCUCHA ESTO!
Puedes buscar ayuda en un médico, acudir a un abogado, recibir consejería o buscar orientación espiritual; y todo eso puede ser necesario PERO si tu NO decides cambiar, nada cambiara porque seguirás con el mismo patrón que te llevo al lugar donde estas hoy.
Hay que tomar LA DECISION DE CAMBIAR para poder experimentar algo nuevo.
Estas cansado de lo mismo? Del mismo patrón de vida? De levantarte por la mañana y ver siempre lo mismo? Las mismas rutinas y problemas? Entonces es tiempo que PROVOQUES UN CAMBIO en tu vida, como la mujer del flujo de sangre.
No puedes seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.
¡La mujer del flujo de sangre no se quedó contemplando su condición; se movió hacia aquel que podía cambiar su historia!
¡Ya no puedes seguir posponiendo LAS DECISIONES QUE SABES QUE HACE MUCHO TIEMPO DEBISTE TOMAR porque te está costando muy caro, verdad? No duermes, no tienes paz, no estás tranquilo, no eres feliz.
Hay momentos en los que necesitas levantarte, vencer tus temores y actuar con fe para poder ver una nueva realidad en tu vida.
Necesitamos PROVOCAR CAMBIOS!
Porque la fe no es solamente creer que Dios puede hacerlo; también es estar dispuesto a dar el paso cuando llega el momento de hacerlo.
📖 Lucas 8:43-44
«Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre».