09/15/2026
CONTRASTES NACIONALES
—Conmemoración del 216° Aniversario del inicio de la Guerra de Independencia en México
Por:
Dr Romeo Pérez del Ángel
—Distinguido Profesor “Abraham Kuyper”, y
—Decano Académico, ETS
“Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora! No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios. Sus príncipes en medio de ella son leones rugientes; sus jueces, lobos nocturnos que no dejan hueso para la mañana._
Sofonías 3:1-3, RVR1960
El 15 de septiembre en México es contrastante. Por un lado, lo que dicen los historiadores, que a las 23:15 horas aproximadamente, se dio el famoso "Grito de Dolores" en el que los criollos verían, según Luis Villoro, completadas sus ambiciones de que la Nueva España fuera un país independiente. Pero esto no fue "de a gratis". En 1808, el Virreynato de la Nueva España había sufrido un golpe de estado debido a que en España, José Bonaparte había apresado al rey español Fernando VII y, por tanto, se consideró que el gobierno colonial acá, en México, ya no era legítimo por servir a Francia y no a España como nación originaria.
Este golpe de estado de 1808 tuvo éxito, y lo que ocurrió en la Conspiración de Querétaro (la que todos conocemos de 1809-1810) conformado por criollos como Hidalgo, Allende o la Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez, fue que consideraron que los que habían tomado el poder también eran ilegítimos porque ahondaron un sistema de castas que tendía a la esclavitud en la práctica aunque, se suponía, que esta se encontraba abolida desde la Conquista de México en 1521.
El grito original de Hidalgo, según lo que los historiadores dicen, no fue "¡Viva México!" si no "¡Viva Fernando VII, muera el mal gobierno, viva la América Septentrional!", esto porque los conspiradores de Querétaro requerían (1) validar el poder del rey original, Fernando VII, para un gobierno realmente legítimo en la Nueva España y no un conjunto de criollos rindiéndole pleitesía a un rey invasor francés como los Bonaparte, (2) deslegitimar el poder de los golpistas de 1808 y finalmente (3) proclamar vítores a la América Septentrional: Lo que sería México (conformado por parte del territorio de Estados Unidos de América y algunos países de Centroamérica, sumados al territorio mexicano).
Todos sabemos que México se conformó como país hasta 11 años después el 28 de septiembre de 1821 y, finalmente, el 11 de septiembre de 1829, en la histórica Batalla de Tampico (sí, aquí en Tampico) donde el Gral. Antonio López de Santa Anna derrotó al Brigadier español Isidro Barradas, se consumó que España jamás volvería a intentar conquistar México.
Pocos años después, una tragedia: Un 15 de septiembre de 1847, se izó la bandera de los Estados Unidos de América en el Palacio Nacional. El Zócalo, tomado por el Ejército Norteamericano, y la Ciudad de México humillada tras la derrota del Castillo de Chapultepec y la toma de la Capital. El Gral. Winfield Scott, un militar de una carrera brillante en EE.UU. gobernó, según los historiadores mexicanos, con profunda humanidad: Castigó a los soldados que abusaron de los civiles en la Ley Marcial, llevó a cabo la negociación para dirimir el conflicto que texanos y mexicanos tenían por los límites territoriales, respetó el catolicismo romano (religión oficial del Estado Mexicano en ese entonces) a pesar de que él era protestante como nosotros y finalmente, rechazó rotundamente ser Presidente de México o Regente Norteamericano en México, a pesar de que un grupo de mexicanos le pidió gobernar el país entero.
El Gral. Scott resultó ser más humano que muchos dictadores que sí se levantaron en México y otros más que terminaron pensando lo que la prestigiosa historiadora Zoraida Vázquez y los famosos Lorenzo y Jean Meyer dijeron; que desde su origen, México ha pensado que la forma de tener éxito político como nación es hacer un conjunto de leyes ideales, perfectas, impolutas, que permitan al mexicano tener un sistema político al que todos en autonomía y libertad le rindan cierta forma de pleitesía, evitando la dictadura y permitiendo la libertad, el buen gobierno y la cohesión social.
Pues, bueno, México en su historia ha fallado por esto mismo. La pleitesía a la ley por la ley misma es lo que los corruptos fariseos hicieron matando al Dador de la Vida, al Dios Vivo que murió en una cruz. Confiar en un partido, sistema o constitución política, es idolatría, y el Señor, como lo dijo al profeta Sofonías, no solamente dice "Ayes" como el texto que leyeron, si no que eventualmente hace que este pecado, esta falsa confianza, nos cueste caro. Nuestros "príncipes" (presidentes, legisladores, senadores, burócratas, tecnócratas), muchos de ellos, como lobos nocturnos buscando a quien devorar. Y ¿La Iglesia Cristiana? Callada... dentro de los templos, con nuestro famoso: Oremos... oremos... pero no laboremos como cristianos en favor de nuestro Dios, porque Dios ama a esta nación y quiere que cambie.
México es una nación de contrastes. El mismo día que celebramos el inicio de la Guerra de Independencia, es el mismo día de la más grande humillación mexicana en la historia en 1847. El México rico en recursos, es el mismo que bajo un neonacionalismo absurdo pelea por los recursos pero no exige trabajarlos desconcentradamente del poder político para que el dinero y los recursos roten. El México que ama y peleó arduamente por la libertad, usa la libertad para el pecado (Gál. 5:13), tolerando y creyendo que las ideas "humanitarias" de nuestro tiempo son parte de nuestra libertad, cuando se están volviendo prisiones ideológicas que se cerrarán en el peor momento cuando queramos dejarlas.
Pero México tiene todavía esta esperanza:
Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová. (Sofonías 3:12).
¿Quién es ese pueblo humilde y pobre? ¿Quién es? ¿No somos nosotros? ¿Acaso no somos ese remanente que no confía en reyes falibles o repúblicas corruptas si no en un Rey Eterno, Salvador y Señor, que nos brinda certeza en toda área de la vida? Trabajad pues para que la Independencia que Dios permitió por medio de la sangre de muchos no creyentes por su gracia común, no sea en vano, y entonces, luchemos por agradar, servir, glorificar al Dios Eterno, rey del universo, para que en un tiempo no lejano, México sea influenciado por legisladores, burócratas, profesionistas, científicos, ecónomos, administradores que observen las cosas con la visión del reino de Dios.
Donde hay un solo cristiano con esta visión del reino, el sequedal se vuelve arroyo, y el desierto se vuelve bosque. Esto quiero para México, esto quiero para mi nación, porque la amo, porque he decidido voluntariamente estar aquí hasta morirme, porque he decidido decir ¡VIVA MÉXICO! No por lo que es en sí mismo, si no por el gran significado que tiene para Dios:
Alabad a Jehová, naciones todas; pueblos todos, alabadle. (Sal. 117:1).
No nos neguemos a ser parte de la gran bendición de Dios para México, de trabajar para el Señor en pro de nuestra nación, en pro de una libertad sujeta a la ley de Cristo, en pro de que un día nuestro país tenga cristianos ciudadanos, senadores, legisladores, abogados, profesores, empresarios y ¿Por qué no? Alcaldes, Gobernadores o Presidentes de la República que con profunda convicción por el Dios del Remanente digan:
Donde yo pise, allí reverdecerá.
Amén.
Hasta entonces ¿Cómo decimos hoy?
¡VIVA MÉXICO!