26/09/2026
El arma más destructiva que tienes no está en tus manos, está en tu boca.
Tenemos una costumbre aterradora: usamos nuestros labios para cantar las canciones de adoración más hermosas el domingo, pero el lunes usamos esos mismos labios para destrozar la reputación de nuestro hermano.
Disfrazamos el chisme de "motivo de oración". Justificamos la crítica diciendo que "solo estamos siendo honestos". Murmuramos contra los líderes, juzgamos las debilidades ajenas y esparcimos rumores sin pensar en el daño irreparable que causamos.
Santiago fue tajante respecto a esta doble vida: "De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?" (Santiago 3:10-11).
No puedes decir que amas a Dios, a quien no ves, si con tus palabras asesinas el carácter de tu hermano, a quien sí ves. El chisme no es un "pecadillo" sin importancia; es veneno espiritual que destruye iglesias, familias y amistades.
Si tu boca está llena de crítica, quejas y murmuración, tu corazón está enfermo, porque "de la abundancia del corazón habla la boca" (Lucas 6:45).
Hoy necesitas tomar una decisión radical: O sigues siendo un instrumento de división...O rindes tu lengua al Espíritu Santo para edificar.
Antes de hablar mal de alguien hoy, pregúntate: ¿Jesús diría esto? Cierra la boca al chisme y ábrela para bendecir.