24/05/2023
COMO NOVIA DEL CORDERO LA IGLESIA SE VESTIRÁ DE PUREZA
1. Como novia ataviada para su marido. El libro de Apocalipsis nos da una descripción única sobre cómo se presentará la novia en aquel enlace celestial. Ella es comparada con la ciudad santa, la nueva Jerusalén. Así la vio Juan: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido” (Apc. 21:2). Hay ciudades en el mundo cuya distinción histórica ha sido la impureza moral. Pero hay una ciudad cuya distinción será su santidad eterna. Esa ciudad es símbolo de la esposa del Cordero. Ella está adornada para su marido. Uno de los siete ángeles que tenían en sus manos las copas con las plagas que serán derramas sobre la tierra, invitó a Juan para que viera a la esposa en ese nuevo estado, y esta fue su visión: “Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal” (Apc. 21:9-11)
2. Vestidos de ropas blancas. El vestido blanco de una novia es símbolo de su pureza. En el cielo los redimidos aparecen siempre con vestidos blancos (Apc. 7:9) Así estará vestida la novia del Cordero. Jesucristo con su sangre la limpió de todo pecado con el fin de presentársela así mismo una iglesia “gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:27). Antes que Juan nos describiera la novia ataviada, Pablo ya había tenido esta visión, de modo a los Corintios les dijo: «Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo» (2 Cor. 11:2). Así como Cristo fue concebido en un vientre puro y virginal, así espera que su esposa esté delante de él. El asunto que más debe amar la iglesia es la santidad (He. 12:14).
COMO NOVIA DEL CORDERO LA IGLESIA AGUARDA EL DIA DE SU BODA
Nota: El desposorio era el tiempo donde la joven pareja se había comprometido en matrimonio, pero sin la consumación física. Era un verdadero tiempo de preparación que en algunos casos duraba hasta un año. Después vendría la boda.
1. El día del arrebatamiento. El amor de Cristo por su novia será hasta convertirla en su esposa, por lo tanto no la puede dejar en esta tierra que será destruida para luego dar paso a un universo nuevo. La segunda venida de Cristo tiene como propósito el levantamiento de la iglesia. La figura del novio viniendo en rescate de su novia es algo indescriptible para la mente humana. La iglesia a través de las edades ha pasado por sus diferentes etapas, muchas de ellas signadas por el sufrimiento de la persecución. El arrebatamiento plantea el momento más glorioso para la iglesia. Allí se pasará de la iglesia militante a la iglesia triunfante. Pablo vio ese día, y al pensar en el descenso glorioso del novio, rodeado del más sublime séquito, dijo: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los mu***os en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tes. 4:16, 17).
2. Las bodas del Cordero. Después que sea juzgada la “gran ra**ra” que corrompió a la tierra con su fornicación, y la sangre de los mártires haya sido vengada, habrá una enorme alabanza celestial donde una incontable multitud convocará a los ejércitos del cielo para que todos juntos, digan: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apc. 19:7) El asunto clave aquí es que la esposa esté preparada. Esto habla de su condición gloriosa; de haber sido lavada en la sangre del mismo Cordero que ahora la toma como su Esposo. Y note que para poder presentarse delante de su amado tiene que poseer un inigualable vestido que ella misma no podría comprar, pues se nos dice que a ella “se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente…” v. 8. Nadie podrá entrar a esa boda a menos que tenga puesto este vestido. Pablo nos habla de ese vestido (Col. 3:12).
CONCLUSIÓN: La belleza, la pureza y la lealtad duradera son conceptos que la palabra «esposa» comunica a plenitud. La iglesia como “novia y esposa” debe reflejar ese estado. De allí la invitación bíblica: “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios” (Apc. 19:9). “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apc. 21:2-4). “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apc. 22:17) ¿Estás preparado para esa Boda? ¿Has sido invitado para su Cena? ¿Serás parte de aquella multitud vestida de ropas blancas, símbolo de la pureza y santidad con la que la novia estará vestida para esa unión celestial?