14/08/2018
La luz del mundo
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:14-16).
Reflexiones: Cierto día el fósforo le dijo a la vela “Hoy te encenderé..”; “¡Oh no!” replicó la vela, continuando “¿Tú no te das cuenta que, si me enciendes, mis días estarán contados?, no me hagas una maldad de esas”; “¿Entonces quieres permanecer así toda tu vida?, dura, fría y sin haber brillado nunca?” preguntó el fósforo; “¿Pero tienes que quemarme?, eso duele y además consume todas mis fuerzas” murmuró la vela; entonces, respondió el fósforo “¡Tienes toda la razón! pero esa es nuestra misión, tú y yo fuimos hechos para ser luz y lo que yo, como fósforo, puedo hacer, es muy poco, mi llama es pequeña y corta; pero si te paso mi llama, cumpliré con el sentido de mi vida. Yo fui hecho justamente para eso, para comenzar el fuego, ahora, tú eres una vela y tu misión es brillar. Todo tu dolor y energía se transformarán en luz y calor por un buen tiempo”, oyendo eso, la vela miró al fósforo que ya estaba en el final de su llama y le dijo “¡Por favor, enciéndeme!”, y produjo una linda llama. Tal como nos dice Mateo 5:14-16 somos llamados a ser la luz del mundo, y quizás, como para la vela, son esos momentos difíciles los que nos llevan a ser luz para el mundo porque terminamos siendo la prueba viviente de que Dios cumple y nos da la fortaleza para enfrentar las pruebas de la vida, y si nos agarramos de su mano podremos pasar las tormentas que encontremos, recordando que esos momentos de angustia e incertidumbre son solo eso… “momentos” y con la ayuda de Dios todo pasará, pues luego de la tormenta vuelve la calma, pero con una versión de nosotros mejorada. No ocultemos la luz de Dios.