Ministerio del Lector - Parroquia La Santa Cruz

Ministerio del Lector - Parroquia La Santa Cruz Formamos parte del Ministerio de la Liturgia de la comunidad servidora y misionera de La Santa Cruz,que vive, celebra y anuncia el Evangelio de la Alegría.

20/09/2018

No cantamos en Misa; cantamos la Misa. Por eso, no puede cantarse cualquier cosa durante una Celebración Eucarística.

Los textos que aparecen en el Misal Romano, ya sean del ordinario de la Misa (Kyrie, Gloria, Santo, Padrenuestro, Cordero de Dios) o del propio del día (oraciones colecta, sobre las ofrendas, poscomunión, prefacio), pueden cantarse con diversos tonos o melodías. Simplemente hay que respetar el texto y no cambiarlo. Por ejemplo, al inicio del Rito de la Comunión no puede cantarse “Padre nuestro, Tú que estás en los que aman la verdad...” porque es el momento de rezar la Oración del Señor; no podemos cambiar las palabras con las que el mismo Jesús nos enseñó a orar por otras.

Hay otros momentos en los que se puede cantar, pero en los que no existe un texto dado por el Misal Romano. Es el caso de la entrada, la preparación de los dones y la comunión. En estos casos, la Instrucción General del Misal Romano dispone que se cante la antífona que para cada celebración prevé el Gradual Romano o del Gradual Simple (nn. 48, 74 y 87).

El Gradual Romano, cuya última versión es de 1974, contempla los textos musicalizados para estas partes de la Misa. El Concilio Vaticano II pidió que “se prepare una edición que contenga modos más sencillos, para uso de las iglesias menores” (SC 117). Por ello se editó una versión simplificada llamada Gradual Simple.

No obstante, la Instrucción General del Misal Romano permite que, en lugar de las antífonas del Gradual, en la entrada, en el la preparación de los dones, y en la comunión, se utilicen otros cantos, pero establece que los textos de esos cantos deben ser aprobados por la Conferencia de los Obispos (nn. 48, 74, 87 y 390). Es decir, no vale cualquier composición musical que se haga; debe estar aprobada por la conferencia episcopal para asegurar que su texto sea acorde con la fe.

Por ejemplo, suele cantarse “Jesús amigo” en la comunión. En el texto se dice “en cada misa tú repites tu sacrificio”. Sin embargo, en la Carta a los Hebreos (7, 27) se dice que Jesús ofreció su sacrificio de una vez para siempre; es decir, en la Misa no se repite el sacrificio como dice la canción; habría que decir que se renueva el sacrificio (CEC 1364, Lumen Gentium 3)

Los textos de los graduales son, fundamentalmente, versículos de la Sagrada Escrutura, con lo que da una clave sobre los cantos que han de componerse para estos momentos: deben tener una base bíblica.

Además de ser aporbados por la Conferencia de Obispos, debe cuidarse que los cantos sean adecuados con la índole de la acción sagrada, con el día o con el tiempo litúrgico (IGMR 48). No viene al caso, por ejemplo, cantar “Perdona a tu pueblo, Señor” en Navidad; o “Ven, ven, Señor, no tardes” el Domingo de Pascua.

El día y las horas Litúrgicas
17/07/2018

El día y las horas Litúrgicas

La primera forma de medir el tiempo es el día. Es la manera más natural y primitiva de hacerlo, pues depende de observar que el sol sale y se pone de forma regular.

Para algunas culturas, como la hebrea, el día culmina al atardecer; y al terminar, inicia el siguiente. Sin embargo, los romanos establecieron el inicio y el fin del día a la media noche, entre la segunda y tercera vigilia (de cuatro que existían). Este sistema es el que se emplea litúrgicamente, pues “el día litúrgico va de medianoche a medianoche” (Normas Universales del Calendario Litúrgico, n. 3).

Fue necesario establecer medidas para esta medida, el día. Por ello surgieron las horas. Las horas se medían en función al amanecer y al anochecer. Tras el alba se contaban las horas prima (primera), secunda (segunda), tertia (tercera), etc., hasta la puesta del sol. Después en la noche había cuatro vigilias.

Siguiendo lo que indica el Salmo 119 (164), desde los primeros tiempos los cristianos acostumbraron orar a distintas horas del día. Con base en los fenómenos más naturales, oraron al salir el sol (Laudes) y al ponerse (Vísperas). Además, a las horas Tercia (tercera hora tras el amanecer, a eso de las 9 hrs.), Sexta (a eso de las 12 hrs.) y Nona (a eso de las 15 hrs.) porque se unía a estas horas el recuerdo de los acontecimientos de la Pasión del Señor y de la primera propagación del Evangelio. En efecto, en la narración de San Marcos de la Pasión de Jesús dice que “era la hora tercia cuando lo crucificaron” (15, 25); que “al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas” (15, 33); y que “a la hora nona Jesús clamó con voz potente Eloí Eloí, lemá sabaqtani” (15, 34). Por su parte, los Padres de la Iglesia veían claramente aludidas estas Horas en los Hechos de los Apóstoles, que relatan que el Príncipe de los Apóstoles "subió a la terraza para orar hacia la hora sexta" (10, 9); o que “Pedro... y Juan subían al templo a la hora de oración, que era la nona" (3, l).

Además de orar a estas horas, se empezó a rezar antes de ir a dormir, lo que se llamó Completas, pues con ello se completaba el rezo diario. Igualmente, en los monasterios medievales se rezaba antes del amanecer, durante la noche. A este rezo se le llamó Maitines. Tras el Concilio Vaticano II a los Maitines se les ha llamado Oficio de Lectura, y ya no están ligados a una hora, sino que pueden rezarse en cualquier momento del día.

Así pues, la salida del sol es importante para el cristianismo. Marca un momento de oración. Además, el lugar por donde sale, el oriente, es hacia donde se oraba en la Misa. Por eso los templos se orientaban. También es importante el ocaso, pues esperamos el domingo en que no se pondrá el sol, el domingo sin tarde, el Día del Señor que durará pos siempre. (Prefacio X para los Domingos del Tiempo Ordinario).

Decíamos que el día litúrgico va de medianoche a medianoche. Sin embargo, hay días que, por su importancia, duran más de veinticuatro horas, que se extienden más, y le quitan horas a otros días.

Ese es el caso de los domingos y de las celebraciones que tienen el grado de solemnidad. Esos días comienzan desde las vísperas del día anterior, es decir, una vez que se ha concluido la Nona. Esos días tendrán dos vísperas: las del día natural anterior, y las del día natural propio. Por ello el rezo de la Hora Nona de los sábados culmina con una antífona referente a la Virgen María, al igual que concluyen las Completas de cualquier día concluyen con una antífona mariana.

También las dos grandes celebraciones del año exceden el día natural litúrgicamente hablando. No solo porque se empiezan a celebrar desde sus vísperas, sino porque los ocho días siguientes se celebran como si fueran un mismo día. A esto se le llama octava. Y durante todos los días de la octava se dice “hoy” cuando se hace referencia en la liturgia a la celebración. Por ejemplo, en la Octava de Pascua se dice en el prefacio “es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.” O En la Ocatava de Navidad se dice en el Canon Romano: “reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo”.

06/07/2018

Santa María Goretti

Virgen y mártir, que en una época infantil dura, donde se vio en la necesidad de ayudar a su madre en las labores de la casa, distinguiéndose ya por su piedad, cuando no contaba más que doce años murió en defensa de su castidad a causa de las heridas que le produjo con un punzón un joven que intentaba violarla cuando estaba sola en su casa, cercana a la localidad de Nettuno, en el Lacio, de Italia

04/07/2018

Beato Pedro Jorge Frassati

“Cuando fui joven, yo también sentí la beneficiosa influencia de su ejemplo y, como estudiante, estaba impresionado por la fuerza de su testimonio", afirmó San Juan Pablo II sobre el joven beato y deportista, Pier Giorgio Frassati.

En Turín, ciudad de Italia, beato Pedro Jorge Frassati, joven militante en varias asociaciones de seglares católicos y gran deportista, que se entregó alegremente y con todas sus fuerzas a las obras de caridad en favor de pobres y enfermos, hasta que, atacado por una poliomielitis galopante de origen infeccioso, que solía atacar a jóvenes robustos, descansó en el Señor.

02/07/2018

INICIO

29/06/2018

Jueves 29 de Junio de 2018
Los Santos Pedro y Pablo, apóstoles
Solemnidad. Rojo

Pedro era un pescador del lago de Galilea, en una pequeña aldea, que tenía poca instrucción y estaba acostumbrado al trabajo rudo. Pablo provenía de una familia judía, de una ciudad importante, y había sido criado en el ambiente de la cultura grecorromana, letrado y culto.

Estas dos vidas que fueron distintas, se hermanaron en la fe en Jesucristo. Cada uno de ellos, con su propio estilo, anunció la Buena Noticia del evangelio. Ambos murieron mártires. Los recordamos el mismo día para celebrar con ellos el dinamismo que el Espíritu Santo les infundió para impulsar a la Iglesia en sus comienzos.

SAN PEDRO Y SAN PABLO: DIVERSIDAD PARA UNA MISMA FE

-En uno Jesús puso la familiaridad y la cercanía, el compañerismo y hasta le leyó de antemano las contradicciones en las que caería en los aledaños de la Pascua.
-Con el otro, Dios, quiso saltar las fronteras de una Fe que podía haberse quedado encerrada en las cuatro puertas de Palestina
-En uno sobresale aquello de “ser amigo de sus amigos”. No le acompañó precisamente ni la ciencia ni las letras, pero tuvo la virtud de ser sencillo como una paloma y noble como el oro. Jesús, le hizo entrega de las llaves de esa gran familia que es nuestra Iglesia.
-Con el otro, Dios hizo el milagro de la conversión radical. Pasó de ser adversario a ser apóstol de Jesús. Se sintió derribado de sus esquemas y de sus acepciones, de su sabiduría y de su altanería. Todo lo estimó en basura cuando lo comparaba con el amor/riqueza de Cristo. Pasó de la vehemencia a la docilidad ante su Dios.
Dios no quiere a superhombres para llevar a cabo su Reino. Dios quiere respuestas. Pedro le falló en las horas más decisivas de la Pasión de Jesús. Pablo se convirtió en uno de los más sangrientos perseguidores. Pero, después, con un “sí” uno pasó de ser pescador en Galilea a ser pescador de almas. El otro, de ser un incrédulo, guerrero e intelectual, a un enamorado de la causa de Jesús.
Dos personas distintas con un mismo denominador común: JESÚS.... ¡TODO POR JESÚS!

27/06/2018
27/06/2018

Los cardenales son aquéllos varones a los que el papa les concede esta distinción. Por regla general, son a los obispos a los que se crean cardenales, pero esto no es obligatorio; puede crearse cardenal a un presbiterio. En el pasado, incluso hubo laicos a los que se les creó cardenales. Ahora, si a un presbítero se le promueve al cardenalato, deben recibir la consagración episcopal, salvo que el papa lo dispense.

El papa no “ordena” cardenales, pues no se trata de un grado del orden. Lo que hace el papa al promoverlos es “crearlos” cardenales. Esto lo hace dentro de una reunión del colegio cardenalicio llamada consistorio.

El colegio cardenalicio presta consejo al papa, pero su función más importante es la elección del papa. Los cardenales tienen derecho a votar en la elección del papa hasta que cumplan los 80 años. Los cardenales menores de esa edad se llaman electores. Cuando sobrepasan la edad, siguen siendo cardenales; de igual forma, pueden ser creados cadenales tras esa edad.

Hace siglos, la elección del Obispo de Roma la realizaba, hace siglos, el clero de Roma junto con los obispos de las diócesis suburbicarias de Roma, es decir, las diócesis que conforman la Provincia de Roma. Con el tiempo, esta función pasó al colegio cardenalicio, compuesto por clérigos de todo el mundo. Pero, como una remembranza del modo anterior, se determinó asignarle simbólicamente una parroquia, una diaconía, o una sede suburbicaria a cada uno de los cardenales, con el fin de incorporarlos alegóricamente al clero romano y, de esta forma, hacer que emblemáticamente siga siendo el clero romano el que elija a su obispo.

Atendiendo a ello, existen tres tipos de cardenales: los cardenales obispos, los cardenales presbíteros y los cardenales diáconos.

Los cardenales diáconos suelen ser los que trabajan en la Curia Romana, es decir, los que ayudan al papa en el gobierno de la Iglesia Universal y no tienen una diócesis a su cargo. En el momento de ser creados cardenales se les asigna una diaconía de Roma. Tras diez años como cardenales diáconos pueden ser promovidos a cardenales presbíteros. El cardenal díacono con más antiguedad se llama protodiácono, y es a quien le corresponde anunciar al mundo el nombre del papa recién electo.

Los cardenales presbíteros suelen ser los obispos de las diócesis del mundo. A cada uno de ellos se les asigna el título de una parroquia de Roma.

Los cardenales obispos son aquéllos a quienes el Sumo Pontífice les asigna como título una diócesis suburbicaria, así como los patriarcas orientales que sean creados cardenales. Generalmente la asignación de una diócesis suburbicaria no se hace en el momento de su creación, sino cuando queda vacante una. Es en ese momento que el Santo Padre elige entre los cardenales presbíteros y diáconos quién debe ocuparla, con lo que lo asciende a cardenal obispo. Debe mencionarse que los patriarcas orientales que forman parte del colegio cardenalicio son cardenales obispos desde el momento de su creación y que tienen como título su sede patriarcal, no una de las diócesis suburbicarias.

Los cardenales obispos eligen entre ellos a quien será el decano de todo el colegio cardenalicio. El papa tiene que aprobar este nombramiento. Es al decano del colegio cardenalicio a quien le corresponde preguntar a quien obtuvo la votación calificada en un cónclave si acepta el nombremiento y, en caso de que no sea obispo, el consagrar obispo al elegido que haya aceptado la votación. En caso de que el decano esté impedido, lo suple el cardenal obispo con más antiguedad.

Las diócesis suburbicarias de Roma son siete: Ostia, Albano, Frascati, Palestrina, Porto-Santa Rufin, Sabina-Poggio Mirteto y Velletri-Segni. La diócesis de Ostia es reservada para el Cardenal Decano que, a su vez, conserva el título de la diócesis suburbicaria que ya ocupaba. Así, actualmente el Cardenal Sodano tiene el título de la diócesis de Ostia y el de la diócesis de Albano. De esta forma, mínimo deben existir seis cardenales obispos, pero pueden ser más, considerando que los Patriarcas orientales tienen este grado y no “ocupan” una diócesis suburbicaria.

Dirección

Diócesis De Barcelona, Parroquia La Santa Cruz/
Puerto La Cruz

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Ministerio del Lector - Parroquia La Santa Cruz publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría