01/04/2021
El servicio lo relacionamos con sacrificios, y sí, el servicio conlleva sacrificios, sobre ello hablamos la segunda semana, sobre 'renunciar', dejar a un lado miles de cosas, poner a otro en primer lugar. Jesucristo nos aclaró el domingo sobre esto en el evangelio: “Él vino a salvarnos, esa era su misión, su servicio a la humanidad, y para ello debía de hacer algo; la cruz, ser levantado para nuestra salvación.”
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A través de la cotidianidad se puede servir, asumiendo nuestra figura en el hogar como cualquier miembro de la familia, a ejemplo de San José, que hizo de su vida todo un servicio, un sacrificio al misterio de la encarnación, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida y de su trabajo. Al haber convertido su vocación de humana al amor puesto al servicio del mesías nacido en su casa.
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La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Es reconociendo nuestra vida como un don, que podremos ser felices como lo fue José junto a Maria y Jesús.
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Necesitamos profundizar más en nuestra vivencia como cristianos, y la Cuaresma es un momento ideal para ello, revisar el papel que tiene el servicio en nuestra vida y en nuestra fe.
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