20/05/2016
SEMBRAR CON LÁGRIMAS, SEGAR CON GOZO
Pastor José Luis Delgado
Salmos 126:5-6
Alrededor de setenta años estuvo Israel cautivo, para muchos de ellos era como un sueño que pudieran volver a Jerusalén, experimentar la tranquilidad de ser ellos mismos, independientes. Cuando pudieron por fin ser libres para ellos fue un shock, deambularon como sonámbulos, caminando poco a poco, asimilando esa tremenda noticia que ya había sido profetizada, pero no todos lograron salir en esos años, y sólo unos pocos lograban regresar. Algunos llevaban unas pocas semillas, otros sólo algunas ropas, y aunque nos imaginemos esto como algo traumático, en realidad fue algo gozoso, pues es mucho mejor estar en libertad que estar cautivos.
Nosotros pensamos que la situación actual no va a cambiar, que pasan y pasan los años y nada cambia, pero hay una promesa de Dios, y nos dice que, si con lágrimas sembramos, con regocijo cosechamos. Los israelitas prefirieron sembrar semillas, y dicen que cuando sembraban lo hacían con lágrimas, pues pensaban que de allí iban a cosechar el alimento de sus hijos.
Dios es un Dios de paga, el quebrantamiento sincero hará venir la recompensa de Dios y las obras milagrosas, esa siembra en oración hará que volvamos a nuestra tierra, la que fluye leche y miel, nosotros tenemos una tierra de Dios pero no hemos visto nada porque estamos cautivos, no habíamos sembrado, apenas ahora estamos comenzando a sembrar y no podemos dejar de hacerlo, humillándonos, quebrantándonos, rompiéndonos desde adentro creyendo a las promesas de Dios, ese sacrificio vale la pena.
No importa lo que estés viviendo, Dios hará venir obras milagrosas y ya lo estamos viendo, Dios está secando nuestras lágrimas en tiempos de avivamiento, donde el Señor está rescatando de la cautividad del pecado muchas vidas. Sigamos llorando porque esas lágrimas pronto se convertirán en risas, en gozo, pronto diremos que grandes cosas ha hecho Jehová.
No te desajustes, no desmayes, no estás equivocado, sí hay salida, debemos seguir siendo una iglesia quebrantada, de rodillas, que resurge de sus cenizas clamando, llorando, esperando la mano poderosa de Dios metiéndose en cada parte de este país, de esta tierra convirtiéndola en territorio de bendición. Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación.
No te pongas a llorar porque no se dan las cosas que tú quieres o como el hombre las quiere, el pueblo de Dios sólo debe confiar en Jehová y en su justicia, en que Dios está atento a cada súplica, esas son las lágrimas que Él ve, y vas a cosechar un resultado extraordinario.
Setenta años estuvo el pueblo de Israel preguntándose cuando la situación iba a mejorar, tú no debes perder el sendero que el Señor te ha mostrado para cambiar, debes tenerlo siempre a Él como Señor, como gran juez, y seguramente de esa manera Él cambiará las cosas. A los creyentes se les asegura que diligentemente serán bendecidos por Dios a futuro, así que asegura tu fidelidad, estamos pronto a salir, pronto saldremos de este camino, debes dejar que Jesús camine delante de ti.
Dios va a restaurar y renovar a este país, pero vienen días donde tendremos que sembrar con lágrimas, donde tendremos que administrar porque la bonanza despilfarradora se acabó, ya no se puede botar la comida, el agua, Dios nos llama a renovarnos en espíritu, no podemos seguir despilfarrando la abundancia de recursos que Dios nos ha dado hasta ahora y no hemos sabido aprovechar.
Llegó el tiempo de la restauración de este país, no aflojemos en el clamor, en postrarnos delante de Dios, hay que llamar a nuestras familias y convencerles de que existe un Dios que debemos buscar y clamar. A Dios hay que buscarlo, Dios está cercano a Venezuela, esa mano extraordinaria va a operar en cualquier segundo, Él es un Dios de justicia y hará pagar a los culpables, el pueblo de Dios no debe resignarse a la maldad, no debe comulgar con la maldad y debe pedirle a Dios que se haga justicia con la maldad.
Jeremías 31:9
Cuando Dios nos haga volver de la cautividad estaremos alegres, con las manos levantadas. Dios nos trae esperanza y nos dice que sí se puede volver a la tierra donde fluye leche y miel, a la tierra productiva, sanando tu corazón para que puedas alabarle y reconocerlo en libertad como tu Señor. El Soberano no es el pueblo, el Soberano es Cristo.