08/04/2020
*CONSUELO Y ALIENTO PARA NUESTRO PUEBLO.*
El NAZARENO.
En este día el pueblo de Dios confía su esperanza en Jesús, el Nazareno, el cual lleva el peso de la Cruz que significa entre otro, el peso de nuestros pecados; pero no la arrastra, la carga..., implica que aún siendo nosotros pecadores el Señor sabe que sus propios méritos son garantía segura para nuestra liberación.
A través de los profetas, Dios destaca la misión del siervo: consolar y ofrecer al abatido una palabra de aliento. Asumida la tarea de llevar la consolación al mundo siempre se espera que la respuesta no sea la más gratificante; habrá quien golpee al misionero y lo ponga a , prueba, pero aún así la continuidad del anuncio y la oración por los discriminados, las injustas, por quienes pasan hambre, por quienes viven en guerra, en cárceles..., por aquellos que viven en soledad, en el abandono de todo afecto, debe continuar. Este mundo no puede acostumbrarse a vivir de “manera normal” al dolor y sufrimiento. Por eso es necesario la presencia de los siervos que lleven el “aliento de vida”. Ese es el deseo, la intención de Dios para la humanidad: que viva en armonía, amor y bienestar , por eso llama a muchos de los suyos a estar con Él, a tomar la cruz y perseverar en el llamado. No todos perseveran en ese llamado de donación. Judas lo demuestra con la traición. Rota la amistad entre Judas y Jesús (tal vez judas nunca se sintió amigo de Jesús), judas lo vende como esclavo. En esa última cena, se reunió también la confianza y la traición, personificada en unos y otro. La traición es demoledora, acaba con todo, hasta con la esperanza; Jesús no cumple con las expectativas de Judas: así sucede cuando las relaciones entre “amigos” solo a uno le mueve el interés. En fin, la traición no sólo fue de Judas; también todos los discípulos abandonaron al maestro al borde del abismo. Por eso hay que pedir cada día la gracia de poder morir con El, ya que el miedo, la pereza, la falta de convicción..., nos puede inducir a dejar tanto a Jesús como a los hermanos en el infortunio. Es espléndido en la historia de nuestra vida, reconocer que podemos tener miles de errores, pero que no seamos capaces de abandonar a quien nos necesite; que cada noche podamos dormir en paz sabiendo que hemos hecho lo debido; que podamos celebrar al final de nuestra vida que hemos dejado “huellas de amor y servicio” en la vida de los demás; que no nos importe si la misión que cumplimos en nombre de Jesús fue mucha o poca, pero seguros que lo que hicimos, lo hicimos de corazón; que seamos tenaces para librarnos del síndrome del SAPO(soberbia, arrogancia, prepotencia, obstinación) que tanto mal nos hace en las relaciones fraternas; que tengamos siempre la fortaleza del Nazareno de no arrastrar nuestra cruz sino llevarla con orgullo; que seamos conscientes que siempre nos criticará quien hace menos que nosotros, lo que no debe disminuir nuestra alegría de discípulos; que seamos centinelas de la Luz que nos da el Señor ya que ella molesta a los que viven en oscuridad; que descubramos cómo Jesús a no temerle al amigo que nos ataca sino al falso amigo que nos abraza; pidamos al Señor que nos ayude a estar presente de manera activa donde El nos necesite ya que el mal seguirá triunfando donde los cristianos no hacen nada; y nosotros, a pesar de las limitaciones, seguimos siendo su ejército.
Pbro. Dr. Jacinto Robles.