16/11/2023
El Papa Francisco ha convocado para el año 2023 a un Sínodo con los obispos del mundo, titulado “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, que involucra una experiencia de comunión eclesial: recorrer un camino juntos y sentirse iglesia corresponsable de la Vida y Fe de todos. Las distintas fases del sínodo serán una gran instancia de diálogo y discernimiento en el camino de la renovación de nuestra Iglesia.
Pensando en este esperanzador camino sinodal y viviendo este tiempo en que celebramos a la Santísima Virgen María, Madre del Redentor y Madre nuestra, debemos poner la mirada y corazón en ella. Estamos cercanos al tiempo de Adviento. Nadie esperó el nacimiento de Jesús como ella. María, una mujer silenciosa, oyente de la Palabra de Dios, discípula, misionera, acompañante y peregrina; vivió su vida inmersa en el misterio de su Hijo, reflejando en su rostro una mirada materno-sinodal.
María camina junto a algunas mujeres, y al discípulo amado, acompañando a su Hijo que carga con la cruz en camino al Calvario. Se hace parte del dolor de su Hijo y de la humanidad entera, cae junto a Él, y junto a las mujeres, llora por las injusticias (Lc 23, 28-31). Es necesario, como María, hacer un camino con aquellos hermanos que sufren a causa de egoísmos, vanidades, soberbia y otros males tan enraizados en la sociedad actual.
María recibe en sus brazos a su Hijo, y al mismo tiempo recibe al discípulo amado como su hijo y en él a la humanidad entera (Jn 19, 26-27). Desde ese momento María es nuestra compañera de camino hacia su Hijo Jesús. María ha hecho un camino junto a otros en Pentecostés. En el texto de Hechos 1, 12-14, Ella espera la venida del Espíritu Santo en actitud de oración junto a los apóstoles. A ejemplo de María, el camino de la fe discipular nos une en la oración, en el servicio, en la caridad y en tantas obras que construyen una iglesia comprometida con el Evangelio. Por lo tanto, somos parte de un cuerpo donde Cristo es nuestra cabeza y nosotros sus miembros, con funciones diversas pero con un mismo valor, dignidad y parte de una misma realidad (Lumen Gentium 7; 1 Cor 12, 11-30).
Finalmente, nuestro desafío se ve iluminado por María, mujer fundamental en el camino sinodal. Con Ella preguntémonos el cómo vivenciar nuestra vocación bautismal junto a otros, involucrándonos, acompañándonos, siguiendo la invitación del Papa Francisco a no balconear la vida: “por favor, no balconeen la vida, métanse en ella. Jesús no se quedó en el balcón, se metió; no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús” (Discurso del papa Francisco en la JMJ Río 2013).
Pidamos a María que nos ayude a encarnar todas sus virtudes, para ser un vivo testimonio de su Hijo Jesús, en la senda de una Iglesia Sinodal.