14/09/2016
¿PORQUE EL SER HUMANO ES UN PECADOR?
La Biblia nos da la respuesta, y la respuesta es que pecamos por no tener a Cristo en nuestro ser, donde está Cristo no puede existir pecado, ni mucho menos frutos del pecado. La presencia de Cristo es el antídoto contra el pecado y sus frutos.
Vivir en pecado, es vivir es un estado demoniaco separado de Dios, y como tenemos un corazón malo por naturaleza, eso se convierte en acciones y pensamientos malos, o como dice el apóstol Pablo, en frutos de la carne (o frutos del pecado).
«Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.» Gálatas 5:19-21 RVR1960
La causa de pecado es estar sin Cristo, eso nos lleva a dar malos frutos, el contraste de estar en Cristo es dar buenos frutos:
«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» Gálatas 5:22-24 RVR1960
Jesus enseñó esta verdad de permanecer en el por medio de la parábola de la vid: «Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.» S.Juan 15:4-7 RVR1960
«En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.» S.Juan 15:8 RVR1960
El apóstol Juan nos dice claramente porque es que el ser humano infringe la ley, y es por no tener la simiente de Dios en el corazón, esa simiente es Cristo:
«Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.
Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.» 1 Juan 3:6-7, 9 RVR1960
Elena White nos dice también que el problema radica en el corazón, no en las acciones, las acciones es el fruto de no tener un corazón regenerado, tenemos un corazón depravado, un corazón en donde no vive Cristo:
"Nuestro corazón es malo, y no lo podemos cambiar. "¿Quién podrá sacar cosa limpia de inmunda? Ninguno.” Job 14:4. “El ánimo carnal es enemistad contra Dios; pues no está sujeto a la ley de Dios, ni a la verdad lo puede estar.” Romanos 8:7. La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su propia esfera, pero no tienen poder para salvarnos. Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida. Debe haber un poder que obre desde el interior, una vida nueva de lo alto, antes que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad. Ese poder es Cristo. Unicamente su gracia puede vivificar las facultades muertas del alma y atraer ésta a Dios, a la santidad. – {CC 18.1}
El Eje transversal es Cristo, si Cristo esta no hay pecado, si existe la ausencia de Dios en el corazón, estamos perdidos y en pecado:
«Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.» Romanos 8:1 RVR1960
Autor Rafael Díaz