18/05/2026
Debemos vivir una vida en profunda comunión con el Espíritu Santo porque el mora en nosotros y fuimos sellados por Él para el día de la redención. Para no contristar u ofender al Espíritu de Dios, debemos dejar atrás la falta de honra y el espíritu de avidez, transformando nuestra mente y alejándonos de las conductas del viejo hombre. Vivir guiados por el Consolador implica someter nuestra voluntad: dejamos de hacer lo que nos gusta a nosotros para hacer lo que a Él le agrada, lo cual es la verdadera muestra de amor y obediencia a Jesús.
Cuando no actuamos con rectitud, caemos en el desgaste de tener que estar siempre defendiéndonos; por eso, la palabra nos desafía a ensancharnos y crecer espiritualmente. Al final, tenemos la hermosa certeza de que Dios siempre respaldará su obra, el Espíritu Santo consolará por completo nuestra alma, cuerpo y corazón, y nos mantendremos firmes contra toda oposición espiritual con la gloriosa esperanza de que un día recibiremos al Señor en el aire.