26/05/2026
Somos justificados por la fe y no por obras de la ley
Esta es la verdad maravillosa de la gracia de Dios en Cristo Jesús, pues si
no fuera por la fe en ella no habría perdón ni salvación para nosotros. En la ley
de Dios no hay recursos para ofrecer la justificación, o sea el perdón. El único
propósito de los Diez Mandamientos es señalar lo que es la voluntad de Dios. Digá-
moslo así: si robamos, hemos pecado. El pecado no se perdona o borra porque dejemos
de robar, o porque seamos generosos o hagamos cualquier obra de la ley de Dios. Si
tuvimos el hábito de mentir, con decir ahora la verdad no recibimos el perdón. Uno
o mil actos veraces no justifican una mentira. ¿Qué obra de la ley de Dios podría
justificar nuestras desobediencias o pecados? Absolutamente ninguna. Así es verdad
que no somos justificados por las obras de la ley. Permítasenos ilustrarlo con ayuda
del apóstol Santiago.
El compara a la ley de Dios con un espejo (Santiago 1:22-25). Sabemos que el
espejo solamente puede mostrarnos las manchas, pero no lavarlas. Es necesario agua
y jabón para quitarlas. Con todo nunca desechamos el espejo porque no nos lave. Lo
necesitamos diariamente para constatar nuestro estado físico. ¿Qué diríamos de al-
guien que rompiera o desechara su espejo porque no puede limpiarlo? Ahora bien, la
ley de Dios es el "espejo" que puede mostrarnos las manchas en nuestra vida, los
pecados que cometimos. La ley, como un espejo, no nos puede justificar o lavar,
solamente puede hacernos entender que tenemos necesidad de lavarnos. Porque no puede
justificarnos ¿vamos a dejarla de lado? De ningún modo, ese "espejo" lo necesitamos
todos los días para comprender cuánto necesitamos de la gracia que lava los pecados
que solo la ley puede mostrarnos.
Así es como la Palabra de Dios nos enseña que necesitamos de los dos elementos
que nos dio: necesitamos su Ley que como un espejo nos indica las manchas (pecados)
que cometimos; y necesitamos la gracia mediante la cual podemos lavar esas manchas
(pecados) para ser salvos.
Volvamos a la ilustración: cuando nos miramos en el espejo de la ley de Dios,
descubrimos que la blasfemia es pecado, pues así lo indica el tercer mandamiento.
La ley no puede lavar ese pecado, solamente indicarlo. Lo lavará la gracia del Señor
a través de la fe. Eso es la justificación por la fe. No fue una obra de la ley la
que nos justificó sino la fe en Cristo. Luego de justificados, ¿volveríamos a la
blasfemia voluntariamente? No. Digamos lo mismo del sábado. El cuarto mandamiento
nos pide que lo santifiquemos, o sea, que lo apartemos para un uso sagrado. No lo
hicimos hasta ahora, así pues al saberlo estamos en pecado., porque "el pecado está
en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace" (Santiago 4:17). Tampoco habríamos
notado esa mancha, si no fuera porque nos miramos en la ley de Dios. Solo por la fe
justificamos o lavamos ese pecado y por la fe finalmente veremos establecidos en
nuestra vida cada uno de todos los mandamientos de la ley de Dios (Romanos 3:31).
Concluimos diciendo que la obediencia a la ley de Dios es el fruto de la gracia v
la Justificación por la fe.