21/03/2020
Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
"Si crees de todo corazón, bien puedes"
Esta pregunta puede responder tus dudas, respecto a las leyes. Quizás dices: "Debería sentir temor de bautizarme, es algo muy solemne confesar que estoy mu**to con Cristo y enterrado con Él. No podré sentirme con libertad para ir a la mesa del Maestro, tendré temor de comer y beber condenación para mí mismo, sin discernir el cuerpo del Señor".
¡Ah, pobre y temeroso!, Jesús te ha dado libertad, no tengas temor. Si un extraño va a tu casa, se parará en la puerta o esperará, creo que no entraría inesperadamente en tu sala, pues no está en su casa; en cambio, tu hijo se siente muy libre en toda la casa, y así es con el hijo de Dios. Un extraño no puede invadir el lugar en el que el hijo se atreve a entrar. Una vez que el Espíritu Santo te ha dado a sentir el espíritu de adopción, puedes acercarte a las ordenanzas cristianas sin temor. La misma regla se aplica a los privilegios interiores del cristiano. Piensas que no se te está permitido regocijarte con gozo indecible y lleno de gloria. Si se te permite ingresar a la parte interior de las puertas de Cristo, o sentarte al fondo de su mesa, estarás contento. ¡Ah!, pero no tendrás menos privilegios que los más grandes. Dios no hace diferencia en el amor a sus hijos. Un hijo es un hijo para Él, no hará de él un siervo contratado, sino que celebrará con el ternero más gordo, y habrá música y danza como si nunca se hubiera descarriado.
Cuando Jesús entra en el corazón, emite una licencia general para estar felices en el Señor. No se llevan cadenas en la corte del Rey Jesús. Puede ser que nuestra admisión a todos los privilegios sea gradual, pero es segura. Quizás algunos de ustedes que estén leyendo esto diga: "Desearía poder disfrutar las promesas y caminar en libertad en los mandamientos de mi Señor". "Claro!!! Si crees de todo corazón, bien puedes".
Suelta las cadenas de tu cuello, oh, hija cautiva, oh hijo cautivo pues Jesús te ha hecho libre.