Ministerio evangelistico internacional de Restauracion Alfa-Omega

Ministerio evangelistico internacional de Restauracion Alfa-Omega Este ministerio es para que muchos puedan beneficiarse a través de los comunicados y temas que se puedan publicar semanalmente

04/01/2015

Pasos para Recibir el Espíritu Santo III

Tú no puedes ser digno de su presencia ni ganar el derecho para ello. Una sola cosa puedes hacer: aceptar humildemente el don. Habiéndote entregado, tienes derecho a recibir el Espíritu.

Hechos 15.8-9; Hebreos 10.22, 35-35; 1 Corintios 15.57

6. La aceptación del don del Espíritu. Recuerda: aceptación del don del Espíritu, del Espíritu Santo mismo, no de una de sus bendiciones.

No te satisfagas con las bendiciones; procura la Fuente de todas las bendiciones. Las bendiciones vienen y se van: “El habitará con vosotros para siempre”. Tu elección es permanente al resolver una transacción permanente con el Compañero y Maestro permanente.

Recuerda. El Espíritu es un don. “Recibiréis el don del Espíritu Santo”. “Gracias sean dadas a Dios que nos dio la victoria. “Cuánto más dará vuestro Padre celestial a quienes le pidieren”.

Tú no puedes ser digno de su presencia ni ganar el derecho para ello. Una sola cosa puedes hacer: aceptar humildemente el don. Habiéndote entregado, tienes derecho a recibir el Espíritu.

Ahora repite esto: “El viene, El viene, lo dejo venir. Con el corazón abierto, le doy la bienvenida y le agradezco que haya venido”. Ya está: Nos pertenecemos el uno al otro para siempre”. Cierra así el eterno trato.

Su venida puede ser tan apacible como la caída del rocío: un sentido nuevo de que no estás solo; pero también puede llegar en forma tormentosa. Prepárate para darle la bienvenida, pero no intentes indicarle la manera cómo ha de llegar. Hay una razón para la forma particular en que llegue.

7. Si sientes el impulso de comunicar su venida a otros; siéntete en libertad para hacerlo. No te estás vanagloriando; lo que haces es sencillamente comunicarles la llegada del don inefable.
Nada te pertenece por completo hasta que haces a otros partícipes de lo tienes.

8. Haz que tu sumisión y tu aceptación sean una cosa definitiva y constante. La sumisión matrimonial tiene lugar una sola vez y, sin embargo, es diaria. Pablo pudo decir: “Con Cristo estoy crucificado”, y sin embargo, “muero cada día”.

“Cualquiera que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed”. “Bebiere” en el original griego quiere decir, “de una vez para siempre”, y sin embargo, “sigue bebiendo”. Esta sumisión es un acto consumado; sin embargo, nunca termina. Es final y se sigue extendiendo.

Oh Espíritu de Dios, he dicho un sí que cubre todo y sin embargo cuántos síes hay en ese si central y último. Permíteme vivir en un estado de voluntad positiva y a la vez tener la fuerza suficiente para decir “no” a la más leve seducción. Por Cristo Jesús. Amén.

04/01/2015

Pasos para Recibir el Espíritu Santo II

Recuerda el precio que tienes que pagar: tú mismo. Si esperas el don del Espíritu Santo, indudablemente que esto no puede ser si no te entregas tú también. Puedes pedir y corresponder sus dádivas; pero no puedes pedir que el Espíritu mismo venga a ti, si tú no te entregas a él.

Romanos 12:1; Jn. 17:17, 19; Hebreos 7:25.

4. Recuerda el precio que tienes que pagar: tú mismo. Si esperas el don del Espíritu Santo, indudablemente que esto no puede ser si no te entregas tú también. Puedes pedir y corresponder sus dádivas; pero no puedes pedir que el Espíritu mismo venga a ti, si tú no te entregas a él.

Vamos a repetir lo que dijimos antes: No existe el amor entre dos personas hasta que se entregan la una a la otra. Si una de las dos no se somete a la otra, se cierran las puertas al amor.

5. Paga el precio de una rendición completa. Pero oye bien: rendición, no dedicación. Cuando dedicas algo, lo que dedicas sale de tus manos; cuando te rindes, te entregas tú mismo. La dádiva deja de pertenecerte porque pasa a ser posesión de Alguien. Ya no eres tú quien dirige tu vida, sino el Espíritu Santo.

Así como la tela se somete al pintor, el violín al violinista y el alambre a la electricidad, de la misma manera tú estás a la disposición de Dios. Te entregas para bien o para mal, para la riqueza o para la pobreza, para la enfermedad o para la salud, para la vida o para la muerte. Todo tú eres de él. Él te tiene a ti.

¿Te has perdido o has sido encontrado? Te has perdido de la misma manera que el violinista se pierde cuando se entrega al violín, sometiéndose por completo a la música para volverse parte de ella. Se pierde para encontrarse como una parte de la armonía universal.

Nosotros nos perdemos con nuestro ego derrotado, aislado e insignificante, en el Ego universal de Dios para armonizar con el corazón de la realidad. Como Rufus Moseley dice: “Morí, y morí miserablemente, pero morí para aquello que me causa la muerte”. Tú mueres, pero mueres, como la maquina muere a la idea de que puede correr por donde quiera y se somete a los rieles, para encontrar que esa muerte está la libertad.

Sumisión absoluta significa seguridad completa; porque la voluntad de Dios es la voluntad para la que hemos sido creados.

Oh Espíritu de Dios, detén mi vagar de aquí para allá y átame a tu libertad, a la angostura de tu universalidad, a tu yugo que es fácil, a tu carga que es ligera. Doblo la cerviz, no sin dificultad; pero la doblo por completo para que me unzas al yugo de tu voluntad. Lo hago con gusto. Amén (Continúa parte 3).

04/01/2015

Pasos para Recibir el Espíritu Santo I

Ahora nos acercamos a la escala que conduce al recibimiento del Espíritu Santo. Antes de comenzar tomaremos aliento, haciendo una oración, secreta por lo menos, para no tropezar; porque de la firmeza de nuestro paso depende la derrota o la victoria


Jn. 14:16-17, 26; 16:7,13; Hechos. 1:8.

Ahora nos acercamos a la escala que conduce al recibimiento del Espíritu Santo. Antes de comenzar tomaremos aliento, haciendo una oración, secreta por lo menos, para no tropezar; porque de la firmeza de nuestro paso depende la derrota o la victoria. Los pasos que hay que dar son sencillos.

1. Cree que la intención divina es que recibas el Espíritu Santo. Graba en tu mente que el don del Espíritu Santo no es un don excepcional para gente igualmente excepcional ocupada en excepcionales tareas, sino una dádiva a que tiene derecho desde su conversión todo cristiano. “Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él” (Juan 7.39). Fíjate: “habían de recibir”.

Ya en el programa divino está que los cristianos han de recibir el Espíritu Santo. No hay excepciones. Tú, el cristiano común y corriente, estás considerado entre los “que creyesen en él”. “Y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos” (Hechos 2.38-39). Tú perteneces a “los que están lejos”. Tú estás dentro de la corriente de la intención divina.

2. Asegúrate de que es tu intención recibir el Espíritu Santo. Cuando uso la palabra intención me refiero a la voluntad, no a los deseos, ni a las emociones pasajeras o a los conceptos mentales, sino a la voluntad.

¿Quieres recibir efectivamente el Espíritu Santo, no como una influencia pasajera que te saque de tus dificultades espirituales, que te dé la satisfacción momentánea de que has predicado bien o que te levante o inspire en determinado momento crítico, sino como un Poder permanente que se adueñe de la ciudadela de tu personalidad y reine ahí durante toda tu vida y hasta la eternidad?

3. Haz que el asunto llegue a su crisis. El alma crece a través de una serie de crisis. Mediante una crisis se llega a la conversión; otra crisis nos conduce a recibir el Espíritu Santo. Asegúrate de tal manera que no haya desviaciones; o vas hacia adelante o hacia atrás. Haz llegado al momento crítico.

Oh Espíritu Santo de Dios, he llegado a la hora de la crisis. No puedo entrar en componendas ni perder tiempo en futilezas. No quiero nada menos que tu presencia en mí ser. No puedo conformarme sino con tu don precioso. Vengo a Ti. Amén. (Continúa parte 2)

04/01/2015

Los Dones del Espíritu Santo

Sin embargo, teniendo el Espíritu Santo, no le daban control en sus vidas como debería de ser, sino dando lugar a sus deseos y pasiones naturales, son carnales, y esta carnalidad está corrompiendo la iglesia y dando mal testimonio a los no creyentes.

TEXTO: 1 Cor. 12:1-3

INTRODUCCION:
La iglesia en Corinto fue fundada por Pablo en su segundo viaje misionero. Pasó 18 meses allí, más tiempo que en cualquier otra iglesia.

Esta epístola está escrito por dos razones: 1) tratar con algunas situaciones de que le escribió un miembro de la iglesia, carnalidad, inmoralidad, orgullo, pleitos, política, divisiones, y desorden. 2) contestar algunas preguntas que la iglesia le había puesto en una correspondencia, acerca de matrimonio, la resurrección de los mu***os, asociación con paganos, una colecta para los pobres en Jerusalén, y acerca de los dones espirituales.

En su introducción, los llama santos, santificados en Cristo Jesús. Antes eran idólatras, de la idolatría más perversa, involucrando s**o con prostitutos del templo a Asterote. En esta idolatría, era común entrar en tranzas, hablar o gritar en extasía, y hacer cosas extrañas, siendo manipulados por los demonios tras los ídolos.

Han sido convertidos, cambiados, santificados en Cristo, arrepentidos de su idolatría, ahora han recibido el Espíritu Santo, con los dones que el Espíritu Santo da a la iglesia, repartiendo a cada uno según su soberanía para la edificación del cuerpo de Cristo, la iglesia.

Sin embargo, teniendo el Espíritu Santo, no le daban control en sus vidas como debería de ser, sino dando lugar a sus deseos y pasiones naturales, son carnales, y esta carnalidad está corrompiendo la iglesia y dando mal testimonio a los no creyentes.

En todas las cartas de Pablo a las iglesias, tiene que corregir algunos errores o llamarles la atención por algo, o advertirles, pero esta carta trata de tantas cosas tremendas que nos hace pensar que le daba vergüenza a Pablo por esta iglesia que había fundado. Nos hace pensar que quizás no estamos tan malos.

I. No quiero que ignores

A. Necesidad de entender.
B. Ignorancia voluntaria
C. Ignorancia porque no han sido instruido
D. Ignorancia porque su entendimiento ha sido por experiencia, no por el estudio bíblico
E. La ignorancia del mundo espiritual es peligrosa.

1. Hay cosas de que Dios quiere que seamos ignorantes, como niños inocentes
a) Maldades
b) El oculto
c) Los misterios que no nos ha revelado todavía.

2. Pero debemos conocer al enemigo para saber vencerlo. Ef. 6:12
F. Si vamos a utilizar bien y para provecho los dones de Dios, tenemos que saber su uso correcto y su uso incorrecto. Por eso Pablo escribe estos 3 capítulos.
II. Dones espirituales
A. Pneumáticos, cosas espirituales
B. Carismata, dones.

1. Carisma, gracia, o cosas dadas por Dios que no merecemos, regalos.

2. Estos dones no son dadas como posesiones, sino como ministerios, habilidades para beneficiar y edificar la iglesia, no para disfrutar y gloriarse en ellos.

III. El tratamiento de los demonios
A. Los llevaban donde querían, jalando, sacudiendo, tirando, violando, maltratando, destruyendo.
B. No fui yo, “Fue el alcohol”

1. “El diablo me lo hizo hacer”
2. El diablo no te puede hacer que hagas nada, si no te rindes a él. Pero si lo dejes controlar tu vida, como antes, eres capaz de hacer cosas que no te imaginas.
3. Tenemos que resistir el diablo, y “no participar en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprenderlas.
IV. Lo falso y lo verídico, lo demoníaco y lo espiritual.
A. El mundo habla de la espiritualidad, también

1. La nueva era
2. El hinduismo,
3. Es espiritualidad, cierto, pero de los espíritus inmundos,
4. La necesidad de discernir entre lo genuino y el falso. El diablo, siendo mentiroso y el padre de los mentirosos, sabe falsificar los dones de Dios y engañar a los que son ignorantes de los dones espirituales.
5. Hay un don de discernimiento, pero también tenemos que aprender, para no ser ignorantes de las cosas espirituales.
6. No todo lo que brilla es oro. Falsos documentos.
7. No es una formula. Uno puede decir las palabras como loro o aun en burla.

a) Herodes puso en Latino, griego y Hebreo arriba de Cristo en la cruz, “El Rey de los Judíos”.
b) No es un descubrimiento humano que Jesús es el Señor, sino un descubrimiento que es posible solamente cuando el Espíritu Santo obra en el corazón de uno.
c) Juan 6:44, “Ninguno puede venir a mí si el Padre que me envió no le trajere.”
d) Aparentemente, in su carta, preguntaron acerca de uno que, pretendiendo ser inspirado por el Espíritu Santo, decía “Anatema es Jesús”
e) Jesús llegó a ser maldición por nosotros, Gal. 3:13, pero ha resucitado, glorificado, y reina como Señor de Señores. Fue condenado y crucificado por mis pecados y los tuyos, pero ahora es bendecido y bendición a nosotros.
f) El Espíritu Santo glorifica al Hijo, Juan 13:14.
B. Todo lo que hace el Espíritu Santo en nosotros, por los dones del Espíritu, glorifica al Señor Jesús.
C. Todo lo que hace el hombre o mujer espiritual glorifica al Señor Jesús.
D. Lo que trae vergüenza y dolor a Jesús y mal testimonio de su nombre, es del diablo.
E. No maldecimos a Jesús con la boca, con palabras, pero si no estamos guiados por el Espíritu Santo, nuestras vidas maldicen a Jesús.
F. ¿Estás glorificando a Jesús en tu hablar y en tu vida?

04/01/2015

La Guia del Espiritu

Cada elevado privilegio espiritual de que disfrutamos, entraña consigo también un grave peligro. Cuanto más grande el privilegio, más grande el peligro. La dirección divina es un privilegio que está preñada de graves peligros.

Cada elevado privilegio espiritual de que disfrutamos, entraña consigo también un grave peligro. Cuanto más grande el privilegio, más grande el peligro. La dirección divina es un privilegio que está preñada de graves peligros. Empero, no nos atrevemos a descuidarla, ya que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14).

Cuando yo era un muchacho esforzándose por ser cris¬tiano, me quedaba perplejo al escuchar a los cristianos mayores decir que Dios les había hablado así y asá para que hicieran esto o aquello. Yo ponía el oído atento para escuchar la voz de Dios, pero nada oía. Como un chico descendiente de cuáqueros, mi herencia religiosa estaba llena de historias de personas que habían recibido nota¬blemente la dirección de Dios en algunas ocasiones de sus vidas. Se nos hablaba de aquellas dos mujeres, que en el principio de la historia del cuaquerismo habían recibido la orden expresa de Dios de ir a predicar al sultán de Turquía.

En aquellos tiempos era cosa muy difícil ver al sultán, y que dos mujeres hicieran tan largo viaje sólo para verlo, parecía cosa de locura. Pero Dios les había dicho que fue¬ran. Y las dos mujeres viajaron a Turquía, y no sólo hablaron con el sultán, sino que le predicaron el evangelio y su mensaje fue bondadosamente recibido.

El soberano, comprendiendo lo peligroso que era para dos mujeres solas viajar por Turquía en esos tiempos, les ofreció una escolta militar desde su palacio hasta la frontera. Ellas rechazaron la oferta cortésmente, diciéndole al sultán que Dios podía protegerlas mejor que una escolta de soldados.

También se nos contaba la historia de Esteban Gre¬llet, noble francés que había escapado de la guillotina, y había podido huir a América, donde había llegado a ser un predicador eminente entre los cuáqueros. Una vez que andaba en uno de sus arduos viajes evangelísticos, se sintió inspirado por Dios para ir a predicar en cierto campamento maderero. Al llegar al campamento lo encontró vacío y solitario.

Pero aunque no se veía un solo hombre en todo el campamento, estaba tan seguro que Dios lo había manda¬do a predicar ese día allí, que de todos modos se fue al gran comedor de los trabajadores y predicó un largo sermón en el recinto completamente vacío. Años más tarde, cuando Grellet se encontraba predicando en Londres, se le acercó un hombre y le dijo: “¿Se acuerda de aquella vez que predicó en un salón vacío en un campamento madere¬ro Bueno, yo era el cocinero de ese campamento, y al verlo venir a usted me escondí en la cocina, y desde allí escuché todo su sermón”. Ese sermón había impresionado de tal manera al cocinero que se había convertido, y ahora era un cristiano fiel y activo en la obra del Señor.

También oíamos historias de Amós Kenworthy, el hombre que recibía revelaciones extraordinarias de las necesidades de diferentes personas. En las reuniones de nuestra propia convención anual se presentaba Esther Butler, la fundadora de la misión de los cuáqueros en China cincuenta años atrás. Cuando Dios la llamó para comenzar esa obra misionera, Esther Butler vio en una visión una calle china atiborrada de gente. Cuando algún tiempo des¬pués llegó a Nankín, reconoció esa misma calle, y esas mismas caras que había visto en su visión.

¿Podría Dios hablarme a mí de esa manera Muchos de mis amigos habían testificado ya de su llamamiento a servicios en tierras extranjeras. Yo deseaba desesperada¬mente ir también, pero ni para salvar la vida, podía decir, que yo tenía experiencia alguna que pudiera considerar un llamado específico de Dios. Consulté a misioneros, predi¬cadores y oficiales de la iglesia, pero todo lo que me reco¬mendaron fue que estuviera listo a obedecer cuando el llamamiento de Dios llegara.

Yo ya había decidido eso desde largo tiempo atrás. Lo que ahora necesitaba era que me dijeran cómo oír la voz de Dios. Un pastor bastante sabio me consoló un tanto, contándome que una vez que unos nuevos convertidos le habían preguntado a Amós Kenworthy por qué, si Cristo había dicho: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen” ellos no habían oído nada toda-vía. El viejo santo les había respondido: “Es cierto que las ovejas oyen su voz, pero los corderos tienen que aprender a oírla”. Esto me ayudó un poco, pero si yo solamente pudiera empezar a aprender cómo oír, me sentiría feliz.

Más tarde leí dos buenos libros que me ayudaron mucho. Uno era “La divina guía interior” de Upham, y el otro “Impresiones” de Knapp. Después de leerlos tuve algu¬nas pequeñas experiencias al aplicar las enseñanzas de esos libros. Muchas de esas primeras experiencias vinieron en la forma de inspiración para hablar a mis compañeros acerca de la salvación.

Descubrí que cada vez que me sentía impulsado a hablarle a alguien de Cristo, ya estaba preparado para convertirse. Me afligía un poco el hecho de que no podía explicarme la naturaleza de esa guía; cuando yo sentía cierto grado de tensión nerviosa, sabía que era el tiempo de ir a hablarle a alguien del estado de su alma. Si hablaba a alguien, y el estado de tensión subsistía, sabía entonces que no era de Dios.

Más tarde aprendí que la voz de Dios no consiste en una experiencia de temor o ansie¬dad, sino en el crecimiento de una convicción interior. En aquellos días de mis primeras experiencias, esta con¬vicción de que Dios me estaba hablando, me producía sentimientos de pavor. Poco a poco llegué a comprender que lo que importa es llegar a tener la convicción, indepen¬diente de las emociones de susto o pavor que pueda pro¬ducir.

Por ese tiempo, también, escuché a un predicador decir algo más sobre el tema, que consideré interesante. Este hombre decía que el diablo siempre mueve a la gente por impulsos repentinos, pero que Dios da siempre tiempo para la consideración, el examen de las pruebas y el desa¬rrollo de la convicción. Este predicador hasta afirmó que cualquier persona que sintiera un impulso súbito de hacer algo extraño, y hacerlo enseguida, podía tener la plena seguridad que ese impulso provenía de Satanás.

Esto ha resultado ser cierto en la mayoría de los casos en el curso de mi vida. Dios es amor. Dios nos da su Espíritu guiador, no como una especie de acicate o aguijón, sino como una amorosa expresión de su interés en los asuntos comunes de nuestra vida. Dios es también paciente, y se goza en hacer¬nos ver claramente su voluntad antes de que actuemos. Dios nos habla cuando estamos dispuestos a escuchar, y eso favorece el crecimiento y madurez de nuestra experiencia. Esto es un glorioso privilegio. Pero si queremos aprender a conocer la voz de Dios, debemos terminar de dar lugar al temor—hasta el temor de cometer errores.

En momentos de tranquilo descuido es posible recibir impulsos de Sata¬nás, o meramente de nuestros deseos personales. Necesita¬mos aplicar algunas reglas simples para identificar esos impulsos.

Primero: ¿Es escritural esa impresión Dios nunca viola su Palabra escrita. Podemos depender en que el Espí¬ritu Santo no se contradice. Cualquier impresión que no esté en armonía con las Escrituras no proviene de Dios. Una de las más profundas razones por las cuales el cristia-no debe ser un estudiante constante y cuidadoso de las Escrituras es porque así conoce mejor la mente de Cristo. Es menester aplicar constantemente esta prueba, primera y principal. La Palabra de Dios y el Espíritu Santo traba¬jan siempre juntos y en armonía.

Segundo: ¿Es justa o correcta Dios nunca demanda actos inmorales. Conocí a un hombre casado que se acercó a una chica soltera y le dijo que Dios le había manifestado que era su voluntad que ellos dos se casaran. Evidente¬mente este hombre

04/01/2015

El Don del Espíritu Santo

Pentecostés es el milagro supremo y uno de los más profundos misterios de la gracia. Marca el comienzo de Ia dispensación cristiana. Las lenguas de fuego se posaron en cada uno de los que estaban allí reunidos. La palabra “posarse” marca en Ia Escritura un fin y un comienzo. El proceso de preparación ha terminado, y el orden establecido ha comenzado.

Marca el fin de la creación y el principio de las fuerzas normales. "Quedaron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo Ia obra que hizo; y reposo el día séptimo de toda Ia obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:1-3).

Pero Dios no descansó de Ia fatiga. Lo que esas palabras quieren decir es que toda la obra creadora estaba cumplida y terminada. La misma figura de lenguaje se usa con respecto al Redentor. Hebreos 1:3 dice así: “habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. . .” Ningún otro sacerdote pudo sentarse. Los sacerdotes del Templo tenían que ministrar de pie, porque su ministerio era provisional, preparatorio, y no se daba nunca por acabado. Era una figura y una profecía del sacerdocio inmutable de Cristo que habría de venir.

El propio ministerio de Cristo fue parte de Ia preparación para la venida del Espíritu. Hasta que Él se sentara en la gloria, no podía haber "dispensación del Espíritu". Juan dice sobre la promesa de nuestro Señor en el Templo: "Esto dijo del Espíritu que iban a recibir los que creyesen en él; pues aún no había sido dado el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado" (Juan 7:39). El descenso del Espíritu dependía del ascenso de Cristo a los cielos.

Cuando la obra de redención estuvo completa, fue dado el Espíritu Santo, y cuando El vino, se "sentó" o se "posó" sobre los Suyos. Él reina en la Iglesia, así como Cristo reina en los cielos. Esta dispensación en la que estamos viviendo es la dispensación del Espíritu.

El Espíritu Santo es el Don de Dios a Ia Iglesia que pertenece a Su Hijo. Para efectuar la obra de la Redención, el Hijo de Dios se vació a Sí mismo de las prerrogativas de su "estatus Divino", pero el Padre le dio el Espíritu para ejercer Su ministerio. "...y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a Ia eficacia de su fuerza, Ia cual ejercitó en Cristo, resucitándole de los mu***os y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío, y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo Llena en todos” (Efesios 1:19-23).

El Espíritu en Ia Iglesia

La esfera del Espíritu está en el Templo Viviente de aquellos que han sido salvos y regenerados. El no mora en templos hechos de manos. El Templo en Jerusalén fue un “error permitido", así como el reinado en Israel. En la Nueva Jerusalén no hay Templo. El Tabernáculo era un tipo de Ia realidad celestial.

El Templo tenía solidez, permanencia y magnificencia, pero Dios lo consideraba como algo temporal. A Dios no le interesan los edificios costosos, sino las almas de los hombres. El busca a los hombres para salvarles y morar así en sus corazones. Emanuel es la primera y la última palabra del Evangelio de la gracia. E. M. Bounds, en su libro sobre la oración, dice: “El plan de Dios consiste en transformar a los hombres. El hombre es Ia esencia de los métodos de Dios.

La Iglesia busca mejores métodos, pero Dios está buscando mejores hombres”. Dios ha establecido su reino entre los hombres. Ha confiado su precioso Evangelio a los hombres. La Iglesia es el período ininterrurnpido en el cual se aplican los nuevos métodos, nuevos planes, nuevos edificios y nuevas organizaciones, pero “los ojos de Jehová contemplan toda Ia tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (2.° Crónicas 16:9).

El Espíritu Santo no desciende sobre los métodos, sino sobre los hombres. El no unge a la maquinaria, ni obra a través de las organizaciones, sino de los hombres. El no mora en edificios hechos de manos, sino en los mismos hombres. El mora en el Cuerpo de Cristo, dirige sus actividades, distribuye sus fuerzas y da poder a sus miembros.

Aquellos que se habían reunido en el Aposento Alto se habían preparado adecuadamente para su venida. Ellos eran discípulos que conocían bien el Señorío de Cristo. Se habían percatado de su poder para salvar y estaban rendidos a su soberana voluntad. Durante diez días habían estado unidos en oración, y durante la mayor parte de tres días se sentaron a los pies de Jesús. El Señor los bendijo y cumplió Su promesa. “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas como de fuego, que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos.

Y todos fueron Llenos del Espíritu Santo...” (Hechos 2:2-4). El Espíritu había descendido para reinar sobre cada uno de ellos. El Señor Jesucristo había definido su misión y trazado su programa. El Espíritu unificaría a los creyentes en un Cuerpo y les guiaría a toda verdad, fortaleciéndoles para el servicio cristiano. En Ia Iglesia, Él es el Suprerno Ejecutivo, pero tiene su lugar en el alma del creyente.

El dirige todas las cosas desde el centro espiritual que constituye nuestra vida interior. El cuerpo preparado para el eterno Hijo de Dios nació de una Virgen; el cuerpo preparado para el Espíritu Santo es engendrado en la fe en Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente. La Iglesia es la esfera de su ministerio, el agente de sus propósitos y el lugar de su Presencia.

El Espíritu Santo en el creyente

"Y se les aparecieron lenguas como de fuego, que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. Y todos fueron llenos del Espíritu Santo...” El “todos” es para cada uno. La historia de Pentecostés revela lo que el don de Dios hizo para con los hombres individualmente, así como también para con toda la compañía de creyentes. Pedro, según nos muestra la Escritura era un hombre de impulsos buenos y generosos que tenía los defectos de cualquier ser humano.

Hablaba con una decisión admirable, pero a veces fracasaba en la hora de la prueba. Pentecostés fue la experiencia que transformó radicalmente a este siervo de Dios. Pedro supo lo que era tener la seguridad de la verdad revelada en sus palabras, y la confianza de un poder invencible en su ser.

El hombre que lloraba de angustia por haber negado al Señor, ahora está libre de todo miedo y cobardía. El temperamento y las aptitudes naturales permanecieron inmutables, pero el discípulo aparece con una nueva energía, transfigurado con un nuevo Espíritu, efectivo como nunca con un nuevo poder.

El Espíritu de Cristo le había revestido de sí mismo. Pedro hablaba con el mismo acento galileo, pero el que le daba la iniciativa y la inspiración para pronunciar sus palabras era el Espíritu. Pablo habla de Ia misma verdad cuando dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios... (Gálatas 2:20).

El apóstol atribuye toda su efectividad espiritual al poder del Espíritu que mora en él. “No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos capacitó como ministros de un nuevo pacto, no de Ia letra, sino del espíritu; porque la letra mata, pero el espíritu vivifica” (2. Corintios 3:5-6). Hay otras clases de habilidades que aquellas que vienen de Dios por medio de su Espíritu, pero son temporales y no confieren vida.

El Espíritu es el único que da vida. Todo lo demás fracasa. La letra puede ser perfecta, el método maravillosamente ingenioso, el hombre tremendamente preparado y eficaz, pero lo que prevalece únicamente será aquello sobre lo cual el Espíritu se manifiesta. Las carnalidades no sirven de nada. El poder que puede transformar y perfeccionar pertenece al Espíritu de Dios. Nunca como en nuestros días hubo tanta perfección humana en Ia Iglesia, pero la Nueva Jerusalén no está construida por los poderes humanos, sino que desciende de los cielos directamente de Dios. Los creyentes sin el poder del Espíritu no pueden hacer un servicio agradable a Dios.

El Espíritu Santo en el mundo

La presencia del Espíritu en el mundo es un misterio que ha llenado la historia de la Iglesia con ciertas singularidades. Los hombres que son inadecuados están tratando siempre de llevar a cabo cosas descabelladas e imposibles; en cambio, los hombres comunes y corrientes consiguen resultados asombrosos. Las obras más grandiosas de Dios fueron hechas por medio de hombres normales, que parecerían a veces los más improbables para llevarlas a cabo. Jóvenes desconocidos como David llegaron a matar a gigantes como Goliat. Los débiles confundieron a los poderosos, y las cosas más profundas de Dios le fueron ocultas a los sabios y entendidos, y reveladas a los hombres sencillos e ignorantes.

El Altisirno vuelve la sabiduría del hombre en locura, y la fuerza de los orgullosos en vergüenza. Dios ha declarado que no hay poderoso sino El, pero el hombre insiste en mostrar su propia sabiduría y su eficiencia. Orgulloso de su lógica, su habilidad, su personalidad y poder, perpetúa el espíritu de Babel en la Iglesia de Dios, con el mismo e inevitable resultado.

Siempre acaba en derrota, desastre y deshonor. No puede hacer en el mundo ninguna conquista verdadera para Dios si no es por medio del Espíritu Santo. Sólo Él puede convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio. No hay otro poder en el Universo que pueda hacer eso, y sin convicción de pecado no puede haber ni salvación del alma ni Ia venida del Reino.

Lo que nos hace falta a los creyentes de hoy es el poder que viene del Espíritu. Para nuestra santidad y victoria, para nuestro servicio y prosperidad, Él es lo único que necesitamos. El Espíritu Santo es el don de Dios. El poder no puede conseguirse ni con méritos, ni con dinero, ni con ninguna cosa más. Un don se recibe o se rechaza. Este don es para todos aquellos que creen y coronan al Señor Jesucristo en sus corazones.

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