Iglesia Conexion Cristiana Barquisimeto

Iglesia Conexion Cristiana Barquisimeto Todos los domingos a partir de las 9am. Te esperamos

12/03/2012

damos gracias a Dios por la visita de la Red Infantil de Conexion Cristiana Cagua a nuestra sede en la ciudad de Barquisimeto. La actividad que compartieron fue de bendición para los niños que asistieron. Esto refleja lo que Dios ha hecho en sus vidas para la Gloria de Él. Ademas del amor que han tenido sus mentoras en el forjamiento del caracter de Cristo a tan corta edad. Gracias por amarnos como Cristo los ha amado. Bendiciones a todos.

06/03/2012

Hoy cumplimos nuestro primer año sirviendo y llevando la palabra de nuestro señor... Gracias a cada uno de nuestros hermanos que cada sabado y domingo nos acompañan, dios nuestro señor le sigan dando vida a cada uno de ustedes.

03/03/2012

Pronto nuestra primera Actividad Juvenil en la Universidades de la ciudad.. Afianzando cada vez mas el poder del nuestro Señor...

03/03/2012

24 de Marzo tendremos nuestro 1er Taller de Parejas.. "Un Dia para Recordar" con los Lideres de Pareja Ronni y Mª Antonieta .....Asiste con tu novio, prometido u esposo y Afianza mas esa relacion..

03/03/2012

Te invitamos este y todos los Sabados a nuestros Ayunos.. a partir de las 8am en nuestra sede principal en la carrera 20 entres calles 15 y 16 Local 15 - 34

03/03/2012

Te esperamos este y todos los Domingo a las 10am a nuestro servicio.. Con el pastor Angel Rea..

03/03/2012

Este 5 de Marzo cumplimos nuestro primer año... ! Gracias señor por este primer año sirviendote y glorificandote a ti...

12/01/2012

NO SIENTO A DIOS CERCA....

«Parece que esté hablando solo», «es como si le orara a la pared», «Dios me parece muy lejano».

Esta dificultad para sentir a Dios es una de las quejas más frecuentes en la vida cristiana y terreno propicio para las dudas e incluso las crisis de fe si no se entiende bien el problema.

Todos hemos sentido a Dios lejos en algún momento. A algunos les ocurre en la conversión, cuando esperan un sentimiento intenso de la presencia de Dios y se sienten frustrados «porque no me ha ocurrido nada especial».

Por cierto, esta sensación es frecuente en los hijos de creyentes porque su conversión es progresiva, un proceso en el tiempo que hace más improbable la espectacularidad de una conversión repentina como la de Saulo en el camino de Damasco o la del ladrón en la cruz.

Por esta razón, algunos jóvenes llegan a «convertirse» hasta media docena de veces (¡esta fue mi propia experiencia siendo adolescente!) buscando la seguridad de su salvación en unos sentimientos que no llegan. De ahí la importancia de clarificar el papel y la naturaleza de los sentimientos en la vida cristiana, en especial para los jóvenes en la fe.

Otras veces nos ocurre en el período devocional cuando buscamos la comunión con el Señor o incluso estando en la iglesia. Descubrimos como una frialdad, como si la oración fuera un monólogo con uno mismo o como si estuviéramos totalmente solos.



¿A quién afecta este problema?

Empecemos por decir que esta experiencia es universal, afecta a todos los creyentes, incluso a los más maduros y santos. Por ejemplo, los salmistas nos han dejado escrito el testimonio de momentos espirituales cuando Dios les parece un ser lejano e irreal. Al estudiar los Salmos sorprende las veces en las que aparece el adverbio «lejos» referido a Dios.

«Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación?» (Sal. 10:1). «¿Hasta cuándo, Señor, me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?», inquiere David en el Sal. 13:1. Un estudio detallado de los salmos es un filón para conocer los altibajos espirituales de grandes hombres de Dios, en especial del rey David. En los salmos encontramos como un diario íntimo de su lucha por sentir a Dios cerca y experimentar la misericordia y la presencia del Señor. Por ello este libro de la Biblia se ha convertido en un libro de vigencia permanente para todos los creyentes, porque en él vemos, como en un espejo, nuestras propias luchas espirituales.



¿Cuáles son las causas?

En estas ocasiones cuando Dios parece muy distante la causa del problema no está, desde luego, en él. Su proximidad a nosotros no depende de si lo sentimos o no. La sencilla ilustración del sol y la nube es muy útil para entender esta realidad. ¿Brilla el sol en un día nublado? La respuesta es sí. El sol está brillando, pero por encima de las nubes. Se ha interpuesto una nube que me impide verlo y sentirlo, pero la distancia entre el sol y nosotros no ha variado un ápice.

La realidad subjetiva, tal como la veo yo, es que el sol ha dejado de brillar. La realidad objetiva, no obstante, es que el sol sigue brillando exactamente igual que siempre. Si pudiéramos remontarnos hacia arriba, por encima de las nubes, nuestra visión subjetiva cambiaría por completo.

¿Cuáles son estas nubes? ¿Qué causas producen la dificultad para sentir? A veces son causas pasajeras, duran unas pocas horas o días y, luego, desaparecen. Entre ellas destacan el cansancio y el stress. Ambas actúan sobre nuestra capacidad de sentir en general, no sólo espiritual.

El agotamiento, físico o emocional, va a secar nuestros sentimientos. Mientras dure este estado, no podemos esperar otra cosa que dificultades para sentir a Dios. Por tanto, si empiezas a orar y Dios te parece lejano, la primera pregunta que debes hacerte no es: «¿Hay pecado en mí? ¿Me ha olvidado Dios?», sino «¿Estoy cansado?, ¿necesito dormir o comer?».

Un síntoma que suele acompañar al cansancio es la irritabilidad, la dificultad para el autocontrol; nos enfadamos con mucha facilidad cuando estamos cansados. La mayoría de discusiones o roces familiares ocurren al final del día, al llegar a casa después de una jornada agotadora, lo cual nos alerta a no «bajar la guardia» hasta que hayamos descansado un poco. La tensión acumulada durante el día la hacemos salir en forma de agresividad con los que menos culpa tienen.

El estrés también afecta mucho la vida espiritual, sobre todo si se asocia con depresión. Ello es así porque altera nuestra percepción de la realidad, nos hace ver las cosas de forma distorsionada, como unas gafas mal graduadas.

Veamos dos ejemplos de la Biblia: Moisés, en un momento de su ministerio, estaba profundamente deprimido (Nm. 11:10-17). Incluso llega a tener ideas de muerte: «yo te ruego que me des muerte» (Nm. 11:15) le suplica a Dios. La causa de esta depresión severa era su agotamiento emocional: «No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía» (Nm. 11:14). Observemos que Dios no responde a Moisés con reprensión, no hay ni una sola palabra de condena o rechazo. Por el contrario, le proporciona una salida: «Reúneme setenta varones... y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo» (Nm. 11:16-17). La depresión no es en sí misma un pecado, de ahí la actitud comprensiva del Señor. Moisés se sentía agotado y deprimido y ello le impedía ver la realidad tal como era; veía las cosas peor, más negras, entrando así en un fatal círculo vicioso lleno de oscuridad.

El otro ejemplo, en el Nuevo testamento, nos muestra a los apóstoles en una situación emocionalmente parecida a la de Moisés: estaban luchando contra las olas, «remando con gran fatiga», en medio de una fuerte tormenta en el mar de Galilea (Mt. 14:22-33). Era un momento de gran stress porque el oleaje les impedía avanzar y sus vidas corrían peligro.

Jesús, al verles en esta situación límite, «vino a ellos andando sobre el mar» (Mt. 14:25), pero ¡los apóstoles le confunden con un fantasma! ¿Qué les había ocurrido para cometer este notable error de percepción? ¿Por qué se equivocan y gritan «un fantasma»? La abrumadora tensión del momento había distorsionado su visión. Cuán consoladora la actitud de Jesús ante su fragilidad: «¡Tened ánimo; Yo soy; no temáis!»

El stress altera nuestra capacidad para percibir a Dios, y, como los apóstoles, a veces somos incapaces de reconocer al Señor en medio de las tormentas de la vida.

Así pues, nos costará a veces sentir a Dios cerca porque estamos muy tensos o cansados. Un efecto muy parecido produce la depresión. Uno de sus síntomas principales es la dificultad para sentir ilusión o placer. Los sentimientos parecen anestesiados y la persona está desinteresada, apática. Por ello, el deprimido puede confundir la causa de su problema -la depresión- con sus consecuencias, la aridez espiritual. Es importante diferenciar entre ambos a fin de no acumular falsos sentimientos de culpa.

Escuchemos el testimonio personal de una joven en circunstancias de depresión:

«Cuando levantaba mi voz a Dios, sentía como mis propias palabras chocaban en el techo, rebotaban, y se volvían contra mí, aplastándome... ¿Con quién estás hablando? ¿A quién te diriges? ¿No ves que eres hipócrita? ¿No ves que no sientes nada de lo que dices? Eres falsa. Mi voz no podía llegar hasta él. Había como un cristal que me separaba de Dios; yo sabía que él era real, que estaba ahí, pero, sin embargo, me era imposible sentirle, me sentía mu**ta. Dios era para mí un ser lejano, distante, un Dios ausente, imposible de alcanzar, estaba perdiendo la fe, a la vez que me sentía rebelde contra Dios».

En ocasiones la depresión no se manifiesta de forma pasajera, sino crónica. Se le llama personalidad depresiva. Forma parte del carácter. Tiene síntomas parecidos a la depresión, pero de menor intensidad. Suele remontarse a la infancia y está relacionada con traumas y heridas del ambiente familiar. Un niño que no se siente valorado adecuadamente, al que no se le estimula para tener una autoestima sana, vivirá luego, de adulto, dominado por sentimientos de incapacidad e inferioridad. Tomemos como ejemplo un joven cuyo padre pensaba que su hijo no necesitaba oír frases positivas y de ánimo porque ello le convertiría en un «creído»: «Eres un desastre, no sirves para nada. Siempre serás un inútil». Este era el alimento emocional que recibió este joven. Tales comentarios van forjando en el niño los sentimientos de minusvalía típicos de una depresión crónica.

Es muy importante saber que a la personalidad depresiva le costará sentir el calor y el amor de los demás. Puesto que no ha aprendido a recibir el afecto de su primer amor, padre o madre, le va a costar mucho llegar a sentir el afecto de sus amores posteriores: novio, novia, amigos y Dios mismo. Esta persona no logra sentirse amada; sabe que le quieren, pero no lo siente. Este problema, que puede afectar seriamente la vida matrimonial, también se manifestará en su vida espiritual: Dios le parece siempre lejos porque es incapaz de sentir su amor.

Sabremos que el problema es emocional y no espiritual porque abarca a todas las esferas de sus relaciones, no sólo su vida espiritual. Si el problema estuviera en su relación con Dios, a causa de un pecado por ejemplo, la carencia de sentimientos afectaría sólo esta esfera. Al depresivo le cuesta sentirse amado en cualquier relación un poco profunda.

Observamos, por tanto, cómo los sentimientos son frágiles y están expuestos a oscilaciones frecuentes. Son como un fuego que se apaga o se enciende según las condiciones del tiempo; basta un poco de lluvia para extinguirlo. Por ello no son un termómetro fiable para medir la calidad de nuestra oración ni mucho menos la profundidad de nuestra fe.



¿Qué importancia tienen realmente los sentimientos en la vida cristiana?

Tres consideraciones nos ayudarán a responder a esta pregunta como conclusión al tema:

La fe es una experiencia global: «con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente»

En primer lugar, la vida espiritual, la fe, implica a toda la personalidad humana, no a una sola de sus dimensiones: la voluntad, que se manifiesta en decisiones; la mente, que se manifiesta en pensamientos, y el corazón o las emociones que se expresan en sentimientos. Estas tres partes deben guardar un equilibrio armónico porque ninguna de ellas es mejor o superior a las demás.

La fe debe tener sentimientos; no puede consistir en un ejercicio frío, intelectual. Pero no puede ser sólo emocional porque ello sería como espuma que se desvanece y no permanece.

Lo mismo podríamos decir de la mente y de la voluntad. En la vida de fe equilibrada toda la personalidad está en acción y no sólo una parte de ella. Debemos acercarnos a Dios de la misma forma que se nos pide que le amemos: «con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Mt. 22:37).

Evitando la hipocondría espiritual

En segundo lugar, la fe en general y la la oración en particular no es algo que ocurra sólo dentro de nosotros. No ocurre dentro ni tampoco fuera. Ocurre entre. Es una relación entre Dios y nosotros. Ello debe librarnos de centrar nuestra preocupación sobre el estado interior: «¿qué siento?, ¿cómo estoy?». La mirada debe fijarse en Dios. Cuando dejamos de mirar al Señor para fijarnos en nosotros mismos quedamos expuestos a una tentación sutil de Satanás: la hipocondría espiritual, es decir una preocupación excesiva por mi «salud» espiritual.

Un poco de introspección es buena porque puede proporcionar luz; pero demasiada introspección nos puede convertir en cristianos neuróticos, más pendientes de nosotros mismos que de Cristo. La exhortación de Heb. 12:2, «puestos los ojos en Jesús», es fuente de salud espiritual porque nos libra de caer en un auto-examen excesivo que conduce a la parálisis. C.S. Lewis escribió en su libro «Cartas a un diablo novato»: «Mantén la mente de tu paciente concentrada en su vida interior... que su atención se enfoque principalmente sobre sus propios estados mentales». Este es el consejo que el diablo le da a su aprendiz a fin de hacer fracasar la vida de oración del creyente recién convertido.

Distinguiendo entre sentir a Dios y el sentido de Dios

Por último, necesitamos cultivar la presencia de Dios en nuestra vida. Para ello hemos de distinguir entre sentir a Dios y el sentido de Dios. Son realidades distintas. Sentir a Dios constantemente es imposible porque mientras siento no puedo hacer otra cosa, requiere una atención exclusiva, de lo contrario el sentimiento desaparece. En cambio, desarrollar el sentido de Dios en mi vida es tomar conciencia de la presencia continua del Señor en mí; expresándolo en otras palabras, es tener conciencia de Dios.

Esto constituye una actitud vital. Yo puedo estar inmerso en una tarea absorbente y, por tanto, incapaz de sentir a Dios. Pero sé, soy consciente de que Dios está ahí, conmigo y –a través de su Espíritu- dentro de mí. El monje Nicolás H. de Lorena lo puso en práctica de manera admirable. En medio de sus tareas como cocinero practicaba lo que él llamaba «una conversación con Dios habitual, silenciosa, secreta». Y su consejo era que «debemos desarrollar el sentido de la presencia de Dios conversando continuamente con él».

La Biblia describe esta hermosa realidad espiritual con expresiones como «ser temeroso de Dios» o «vivir en el Espíritu». Dios es tan central en nuestra vida, está tan presente que lo preside todo. Es «caminar con Dios» como hizo Enoc (Gn. 5:24). Es vivir «como viendo al Invisible» (Heb. 11:27). Es requerir la presencia del Señor en nuestro andar diario: «Si tu Presencia no ha de ir conmigo…» (Éx. 33:15). Esta debe ser la meta primera de nuestra fe: vivir con y para Dios, no tanto sentirle cerca. En el momento en que dejes de obsesionarte con los sentimientos, éstos fluirán de manera natural y paulatina.

12/01/2012

COMO VENCER LA TENTACION

A veces puedes sentir que una tentación es demasiado insoportable, pero eso es una mentira de Satanás.

Dios ha prometido que nunca permitirá que haya más sobre ti que lo que te pone dentro para vencerla.

Él no te permitirá ninguna tentación que no puedas superar.

Sin embargo, también debes hacer tu parte practicando ciertas claves bíblicas para derrotar la tentación, una de ellas es concentrar tu atención en algo diferente.

Te sorprenderá saber que en ninguna parte de se nos dice que debemos “resistir la tentación”. Se nos dice que “resistamos al diablo (Santiago 4:7), pero eso es muy distinto. En cambio, se nos aconseja que volvamos a enfocar nuestra atención porque resistir un pensamiento no resulta. Sólo intensifica nuestro enfoque en lo malo y fortalece su fascinación.

Permíteme explicarte:

Cada vez que intentas bloquear un pensamiento en tu mente, lo grabas más profundo en tu memoria. Cuando lo resistes, en realidad lo refuerzas. Esto resulta especialmente cierto en el caso de la tentación. No la derrotas luchando contra los sentimientos que te produce. Cuanto más luchas contra un sentimiento, tanto más te consume y controla. Realmente lo fortaleces cada vez que piensas en él.

Dado que la tentación siempre empieza con un pensamiento, la manera más rápida para neutralizar su fascinación es concentrarte en otra cosa. No luches contra ese pensamiento, simplemente cambia el cauce de tu mente y procura interesarte en otra idea. Este es el primer paso para derrotar la tentación.

La batalla contra el pecado se gana o se pierde en la mente.

Cualquier cosa que atrape tu atención te atrapará a ti. Por eso Job dijo: “Hice un pacto con mis ojos para no mirar con lujuria a ninguna mujer joven”, Job 31:1. Y el salmista oró: “Guárdame de prestar atención a lo que no tiene valor”, Salmos 119:3.

¿Alguna vez viste un anuncio comercial en la televisión promocionando una comida y de repente sentiste hambre? ¿Has oído toser a una persona alguna vez e inmediatamente sientes la necesidad de aclarar la garganta? ¿Alguna vez viste a una persona abriendo la boca en un gran bostezo y enseguida sentiste ganas de bostezar también? (¡Es posible que estés bostezando ahora mismo mientras estás leyendo esto!) Ese es el poder de la sugestión. En forma natural nos acercamos a cualquier cosa en la que nos concentremos. Cuanto más pienses en algo, tanto más fuerte te retendrá.

Por esa razón la repetición de “Debo dejar de comer demasiado… o dejar de fumar… o dejar la lujuria” es una estrategia de derrota. Te mantiene enfocado en lo que no quieres. Es como si anunciaras: “Yo nunca voy a hacer lo que hizo mi madre”. Te estás preparando para repetirlo.

La mayoría de las dietas no resultan porque lo mantienen a uno pensando en la comida todo el tiempo, garantizando que tendremos hambre. Del mismo modo, un orador que se repite a sí mismo todo el tiempo: “¡No te pongas nervioso!” ¡Se prepara para ponerse nervioso! En cambio debería concentrarse en cualquier otra cosa excepto en sus sentimientos: en Dios, en la importancia de su discurso o en las necesidades de sus oyentes.

La tentación empieza por captar tu atención. Lo que capta tu atención estimula tu deseo. Después tus deseos activan tu conducta, y actúas con base en lo que sentiste. Cuanto más te concentres en “No quiero hacer esto”, tanto más fuerte te atraerá hacia su red.

Hacer caso omiso de una tentación es más eficaz que luchar contra ella. En cuanto tu mente está en otra cosa, la tentación pierde su poder. Así que, cuando la tentación te llame por teléfono, no discutas con ella, ¡simplemente cuelga!

A veces esto significa dejar físicamente una situación tentadora. Hay ocasiones en que lo correcto es huir. Levántate y apaga la televisión. Aléjate de un grupo que está contando chismes. Abandona el cine en medio de la película. Para que las abejas no te piquen, quédate lejos del enjambre. Haz lo que sea necesario para
concentrarte en otra cosa.

Desde el punto de vista espiritual, nuestra mente es el órgano más vulnerable. Para reducir la tentación, mantén tu mente ocupada con de Dios y otros pensamientos buenos. Los pensamientos malos se derrotan pensando en algo mejor. Este es el principio del reemplazo. Vence el mal con el bien (Romanos 12:21).

Satanás no puede llamarnos la atención cuando nuestra mente está preocupada con otra cosa. Por eso nos aconseja repetidas veces que mantengamos nuestras mentes enfocadas: “Consideren a Jesús”, Hebreos 3:1. “Siempre piensen en Jesucristo”, 2 Timoteo 2:8. “Llenen sus mentes de las cosas que son buenas y que merecen alabanza: cosas que son verdaderas, nobles, correctas, puras, encantadoras, y honorables”, Filipenses 4:8.

Si realmente quieres derrotar la tentación, debes organizar tu mente y monitorear tu consumo de los medios de información.

El hombre más sabio que haya vivido jamás, advirtió: “Ten cuidado cómo piensas; tu vida está moldeada por tus pensamientos”, Proverbios 4:23. No permitas que la basura entre a tu mente indiscriminadadmente. Sé selectivo.

Escoge con cuidado en qué cosas vas a pensar. Sigue el modelo de Pablo: “Llevamos cautivo todo pensamiento y hacemos que se rinda y obedezca a Cristo” 2 Corintios 10:5. Esto requiere una vida práctica, pero con la ayuda del Espíritu Santo puedes reprogramar tu manera de pensar.

01/12/2011

ya en nuestra nueva sede. en la av. 20 con calles 15 y 16...Pronto nuestra cena navideña...Asiste

05/11/2011

a partir de este domingo estaremos ubicados en la Av. 20 con calles 15 y 16. los esperamos

05/10/2011

Le damos gracias al señor porque nuestro pastor cada vez esta mejor de salud, y su fuerza de fe nos impulsa mas en nuestra lucha y labor en la iglesia...!!

Dirección

Avenida 20 Entre Calles 15 Y 16
Barquisimeto
3001

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Iglesia Conexion Cristiana Barquisimeto publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Lugar De Culto

Enviar un mensaje a Iglesia Conexion Cristiana Barquisimeto:

Compartir