13/11/2017
Cuando el Señor le da la orden a su pueblo de
tomar la tierra prometida, les ordenó echar fuera a
todos sus habitantes y destruir sus ídolos, altares y
costumbres. Les advirtió que si los dejaban con vida
serían como aguijones en sus ojos, como espinas en sus
costados y que constantemente los hostigarían
(Números 33:50-55).
Lo sucedido al pueblo de Israel quedo escrito para
amonestarnos a nosotros y tomar lección de cada una de las
cosas que a ellos le sucedieron (1 Corintios 10:11).
Todo eso con el propósito de que aprendamos a no cometer
los mismos errores que ellos cometieron.
Cuando analizamos esto desde el punto de vista
espiritual, nos damos cuenta que la conquista de la tierra
prometida simboliza entre otras cosas, el sometimiento,
control de áreas y expulsión de enemigos que se hospedan
en nuestra alma para que no nos sojuzguen más
(2 Timoteo 1:7).
Entre los problemas que pueden estar dominando el
alma tenemos los siguientes: malas actitudes y costumbres,
deformaciones del carácter, bajas pasiones, problemas de
personalidad, malos deseos, inclinación al pecado, vicios,
etc.
La conquista del alma tiene como propósito tener
dominio propio y poder disfrutar de las promesas de Dios,
llevando una vida abundante llena de paz y libertad, ver
(Gálatas 5:1).
La palabra conquista se conoce en hebreo como
yarash1 y significa: Ocupar, desalojar a los habitantes y
poseer en lugar de ellos; por implicación, capturar, expulsar, Apoderarse, adueñarse, exterminar. Según el diccionario de
habla española, la palabra conquistar implica: adquirir por
violencia bienes y posesiones.
Las áreas de nuestra alma a ser conquistadas están
representadas en los reyes, ciudades y habitantes de
Canaán, con los cuales el pueblo de Israel tuvo que
contender y vencerlos, ver (Números 13:30).
Si deséanos tener una vida en abundancia, en la cual
podamos sojuzgar todas aquellas cosas que nos han atado
durante años, expulsar aquellos malos hábitos, costumbres
y porque no decirlo, vicios que nos han tenido oprimidos
durante mucho tiempo; debemos conocer primeramente que Dios ya nos ha dado la victoria sobre nuestra vida, sin
embargo tenemos que esforzarnos para tomar posesión de
aquello que Él ya nos dio.
Esto implica que debemos ir más allá de nuestra
forma de pensar y no acomodarnos a todo aquello que nos
estorba, pues caeríamos en la actitud que tuvo el pueblo de
Israel al no expulsar por completo a sus adversarios y
cuando estos se hacían fuertes los dominaba. Sin embargo
conquistar nuestra alma se debe hacer con humildad y
muriendo a nuestros propios deseos.