05/07/2026
El santo ocio
En un tiempo donde el activismo frenético, la productividad y la eficacia son moneda corriente, ¿cómo valorar el reposo y la calma sin sentirnos haraganes o perezosos?, ¿cómo descansar y no sentirnos culpables? Parecería que sólo pudiéramos justificar el descanso cuando nos agotamos
de una tarea o cuando necesitamos dar más impulso al trabajo. Existe una curiosa tensión entre la actividad y el sosiego, el movimiento trepidante y la quietud gratuita. El Evangelio nos muestra un episodio en el que Jesús invita a sus discípulos a descansar:
“Vengan ustedes solos a un lugar desierto y tranquilo, para descansar un poco. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer” (Mc 6, 30-31)
Terminamos en la Eucaristía agradeciendo al Señor tanto bien recibido.
¡Gracias a todos los que participaron, a Pablo por acompañarnos a conectar con nuestra esencia interior y a Dios por reunirnos!