18/07/2026
Cuando la Biblia habla del temor del Señor, no está describiendo el miedo de un esclavo frente a un amo cruel.
Está describiendo la respuesta de un corazón que ha contemplado la santidad de Dios y, al mismo tiempo, ha sido alcanzado por Su gracia.
En Hechos 5:1–11, la iglesia experimentó un profundo temor después del juicio sobre Ananías y Safira. No porque Dios hubiera dejado de ser misericordioso, sino porque Su pueblo fue recordado de que Él sigue siendo el Dios santo que habita en medio de Su iglesia.
Pero el evangelio nos muestra una realidad aún más gloriosa.
Por medio de Jesucristo, ya no vivimos bajo la condenación. Hemos sido reconciliados con Dios y adoptados como Sus hijos. Podemos acercarnos a Él con confianza, no porque hayamos dejado de ser pecadores, sino porque Cristo llevó nuestro juicio y nos vistió con Su justicia.
Por eso, el temor del Señor y la confianza filial no son opuestos. El creyente vive ambas realidades al mismo tiempo: se acerca con reverencia al Dios tres veces santo y descansa con seguridad en el amor del Padre revelado en Cristo.
Cuanto más comprendemos la santidad de Dios, más asombrosa nos parece Su gracia.
Y cuanto más comprendemos Su gracia, más deseamos vivir para Su gloria.
"Sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor." (Hebreos 12:28–29)
¿Cómo definirías el temor del Señor con tus propias palabras?