Iglesia Bautista Camino De Fe

Iglesia Bautista Camino De Fe Gloria 3251 Reunión Semanal de Adoración
Domingo 17:00 hs

24/08/2026
24/08/2026

Los verdaderos héroes y la vida real

Devoción del 24 de agosto

De sus amigos en Ray Stedman.

Lea: Nehemías 12:1-26

Éstos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel hijo de Salatiel, y con Jesúa. Nehemías 12:1a

Esto nos lleva de regreso a los héroes del pasado. Zorobabel dirigió el primer regreso de la cautividad babilónica a Jerusalén en el año 538 a.C., casi cien años antes del tiempo de Nehemías. Nehemías está pensando en estos hombres que guiaron aquella procesión. Zorobabel era un sacerdote y Jesúa era un levita. Ellos dirigieron a una compañía de israelitas de regreso a la ciudad de Jerusalén para reconstruir el templo. El versículo 7 dice que “eran los principales sacerdotes y sus hermanos en los días de Jesúa”.

Los versículos 22 al 26 se refieren al tiempo cronológico en que los registros que acabamos de examinar fueron registrados. El pasaje no suena demasiado interesante, pero se nos dice que, en el caso del primer grupo, los jefes de familia de los levitas fueron inscritos en el reino de Darío el persa. Eso significa que hubo un tiempo en el cual sus nombres se guardaron en los registros del templo, pero de hecho no fueron registrados de manera permanente hasta los días de Darío el segundo. Eso haría que este registro tuviese lugar aproximadamente entre los años 423 y 404 a.C., poco después del tiempo de Nehemías. Evidentemente alguna mano añadió esto más tarde, para que pudiésemos saber cuándo fue escrito.

Después hay otra mención en el versículo 23 del “libro de las crónicas”, refiriéndose a los anales de los reyes de Judá. A uno de ellos se le menciona de manera especial en la referencia a “David, varón de Dios”. ¡Qué influencia tan asombrosa tuvo David! F. B. Meyer dice: “Cuánto tiempo ha permanecido la influencia de David por el mundo, como el resplandor crepuscular de una puesta del sol”. Pero, a pesar de esto, David tiene un historial terrible de maldad en su vida. Cayó en el adulterio con Betsabé y participó en el as*****to de su esposo. Sin embargo, debido a que había puesto su corazón en Dios y aprovechó la provisión de Dios en lo que se refiere al perdón, David es conocido en la historia como “un hombre conforme al corazón de Dios”.

El pasaje nos enseña que no debemos olvidarnos de los héroes pasados, los hombres y mujeres de fama y de gloria a los que ha usado Dios en la antigüedad. Yo he estado leyendo otra vez los escritos de algunos de mis primeros héroes espirituales. ¡Yo quisiera animarle a usted, sobre la base de un pasaje como éste, que lea usted biografía! Le bendecirá y será para usted un desafío, y le fortalecerá para que vea cómo Dios ha usado a hombres y mujeres en el pasado para mantenerse firmes en las tentaciones y las presiones del mundo y a realizar muchas cosas para Su gloria.

Este pasaje nos enseña además que los hechos de Dios son parte de la crónica de la historia. Ésa es una de las grandes ventajas del cristianismo por encima de todas las demás religiones del mundo. La mayoría de ellas son filosofías religiosas, o sencillamente meditaciones acerca de los diferentes aspectos de la vida. Muchas de ellas son crónicas de visiones y de sueños de origen dudoso, pero cuando nos encontramos con las crónicas de la Biblia, se basan en hechos. No se trata de una leyenda, de un mito o ficción. No es la crónica de filosofías o de invenciones humanas, sino que forman parte de hechos históricos. Dios basa estos grandes sucesos en la historia del mundo mismo.

Señor, te doy gracias por las lecciones que puedo aprender de aquellos que te han servido en el pasado y por los hechos muy reales de la historia que me enseñan tanto acerca de Ti.

Aplicación a la vida

El estudiar y recordar la historia creada por Dios puede ser más provechoso que meditar en la filosofía ideada por el hombre. ¿Qué lecciones estamos aprendiendo de la Biblia cada día?

23/08/2026

¿Hay voluntarios?

Devoción del 23 de agosto

De sus amigos en Ray Stedman.

Lea: Nehemías 11

Los jefes del pueblo habitaron en Jerusalén, pero el resto del pueblo echó suertes para que uno de cada diez fuera a vivir a Jerusalén, ciudad santa, y las otras nueve partes en otras ciudades. Y bendijo el pueblo a todos los hombres que voluntariamente se ofrecieron para habitar en Jerusalén. Nehemías 11:1-2

El gran principio que debemos recordar al leer el Antiguo Testamento es que lo que le sucede a Israel a nivel físico representa lo que nos está sucediendo a nosotros a nivel espiritual. Dios es también un constructor. El Nuevo Testamento nos dice que está edificando una ciudad con ciudadanos llamada la Nueva Jerusalén. No es como la antigua, que ha sido construida con ladrillos y mortero, sino una nueva ciudad edificada con piedras espirituales, con “piedras vivas”, según el Nuevo Testamento (1 Pedro 2:5). El propósito es que esté habitada por personas redimidas. Si encuentra usted este paralelo, empezará a ver algo acerca de la enseñanza de este pasaje de Nehemías.

El capítulo 11 es un relato de los esfuerzos de Nehemías por poblar de nuevo Jerusalén. Aunque el muro de la ciudad ha sido edificado de nuevo al llegar a este punto, Nehemías descubrió que tenía un problema. ¡Tenía una ciudad estupenda y bien defendida, pero sin personas! Su solución fue reclutar a familias para que se trasladasen allí, creando la capital de la nación. Como gobernador, sencillamente emitió un edicto: “Una de cada diez personas que viven en los suburbios debe mudarse a Jerusalén”. Fue por las aldeas y numeró a las personas, contándolas por decenas, y a continuación echaron un dado con diez números en él. Se esperaba que el hombre que tuviese el mismo número que el que saliese en el dado se trasladase con su familia a Jerusalén.

Si lee usted esto atentamente, es aparente que cuando un hombre era elegido para trasladarse a Jerusalén, se le permitía rechazar si lo deseaba. Eso era debido a que Dios quería voluntarios para esto, de modo que se podía elegir a un hombre, pero éste podía decidir no mudarse. Entonces echarían suertes de nuevo y eligerían otro nombre. Antes o después encontrarían a alguien que decidiese ir libremente. Según el relato, aquellos que decidieron ir fueron alabados por el pueblo, que les honraron porque se ofrecieron voluntarios a hacer lo que Dios les había llamado a hacer.

El mismo principio se aplica hoy a la iglesia. ¡Según el Nuevo Testamento, todos hemos sido llamados al ministerio, todos nosotros! ¡El ministerio pertenece a los santos! El momento en que se convierte usted en cristiano, es usted trasladado a la nueva Jerusalén de Dios. Se le pide a usted que trabaje allí, que realice el trabajo de acuerdo con el don espiritual que le ha dado Dios a usted. Pero además debe ofrecerse a realizarlo como voluntario. Dios no obliga a Su pueblo a hacer lo que les ha pedido que hagan. Él nos ha dado a todos dones espirituales, pero no nos obliga a usarlos. Sí, si quiere usted ser respetado o ser honrado y alabado al final por el Señor mismo y por todo Su pueblo, lo sabio es ofrecerse a realizar el trabajo de manera voluntaria en el ámbito del ministerio que Él ha preparado para usted.

Señor, quiero ser parte de lo que Tú estás construyendo. Te doy gracias por los dones y los talentos que me has dado. Enséñame cómo hacer mejor uso de ellos.

Aplicación a la vida

Dios llama y capacita a Su pueblo para que sirva de manera voluntaria. ¿Nos perderemos nosotros la grandeza de Su llamamiento para servir tanto en la iglesia como en el mundo por defecto?

22/08/2026

La casa de Dios

Devoción del 22 de agosto

De sus amigos en Ray Stedman.

Lea: Nehemías 10:34-39

Y prometimos no abandonar la casa de nuestro Dios. Nehemías 10:39b

A lo largo de toda la historia de Israel, el templo, o el tabernáculo antes de eso, era llamado “la casa de Dios”. Dios dejaba clara Su presencia en él por medio de la gloria de la shekinah que se encontraba en el Lugar Santísimo. Hoy en día, bajo el Nuevo Testamento, ningún edificio debe ser llamado jamás “la casa de Dios”. Esto es algo a lo que las iglesias han hecho caso omiso a lo largo de todos los siglos, así que los templos, los tabernáculos y los edificios de las iglesias han sido llamados todos ellos “casa de Dios”. Sin embargo, si estudia usted la enseñanza del Nuevo Testamento, se encontrará con que no es un edificio sino el pueblo los que son la casa de Dios. En un momento determinado, hasta cambiamos el letrero delante del edificio para que reflejase la verdad. Donde dice: “Peninsula Bible Church”, añadimos las palabras: “se reúne aquí”. Por lo tanto, el edificio no es la iglesia, sino el pueblo que se reúne en él, que son “la casa de Dios”.

Fíjese usted en el compromiso de este pueblo en cuanto a asistir fielmente a los servicios de adoración del templo. Todos necesitamos el ministerio de los santos. Pablo oraba para que los efesios “seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:18-19). Usted no puede hacer esto sin el ministerio de otras personas. Hebreos tiene una advertencia específica en este sentido: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25). El escritor se está refiriendo al regreso de Jesús. Al ver que se acerca, tenemos aun más necesidad de reunirnos, porque necesitamos el apoyo los unos de los otros.

Dos hombres con temperamentos totalmente diferentes trabajan juntos. Normalmente no se llevarían demasiado bien, y es posible que ni siquiera se caigan bien, pero trabajan juntos, y los dos están de acuerdo en que tener que trabajar con alguien con quien no tienen realmente gran afinidad ha sido una bendición para ellos. Han aprendido cómo ser tolerantes y pacientes el uno con el otro. Aunque ha sido una lucha y han tenido sus momentos, los dos están de acuerdo en que Dios ha usado esto para enseñarles cómo crecer. Así que incluso aquellos de “la casa de Dios” que nos irritan pueden ser para nuestro beneficio.

Padre, te doy gracias por la casa de Dios, por esos hombres y mujeres que Tú has colocado a mi alrededor, que de una manera u otra necesito con desesperación. Ayúdame a aprender a apreciar y a amarles.

Aplicación a la vida

¿Hemos aprendido nosotros paciencia y recibido bendición de creyentes que son diferentes a nosotros? ¿Somos nosotros fieles en cuanto a reunirnos y ministrar a otros en el cuerpo de Cristo?

20/08/2026

El juramento

Devoción del 20 de agosto

De sus amigos en Ray Stedman.

Lea: Nehemías 9:38-10:29

A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros gobernantes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes. Nehemías 9:38

Este versículo incluye una lista de lo que podríamos llamar “la compañía de los encargados”. Estas personas veían una necesidad de preservar y perpetuar los cambios en su estilo de vida con el propósito de mantenerse al paso de Dios, y por eso firman este acuerdo al que estarían obligados con este fin. Este acuerdo representa una especie de solicitud universal que se encuentra entre los humanos, con el fin de comprometerse públicamente a ser leales a la causa que sienten que es la correcta.

Cuando los Peregrinos estaban a punto de llegar a tierra en Plymouth, formaron lo que llamaron el Pacto Mayflower. Establecieron normas para vivir en el nuevo mundo, y todos ellos lo firmaron como un acuerdo para vivir según estos principios y leyes.

Probablemente el documento más famoso en la historia americana sea la Declaración de Independencia. Nuestros antepasados firmaron esta gran declaración explicando los motivos que sentían que Dios les estaba guiando para establecer una nueva nación en este continente. Recuerde usted las palabras finales de este documento: “Para el apoyo de esta Declaración, dependiendo firmemente de la protección de la Divina Providencia, comprometemos nuestras vidas mutuamente los unos a los otros, nuestras fortunas y nuestro honor sagrado”. La historia ha dejado constancia de que la mayoría de las personas que firmaron esta Declaración tuvieron, de hecho, que perder sus vidas, y las que no lo hicieron perdieron sus fortunas, pero todos ellos conservaron su honor sagrado. Es posible que haya hecho usted algo por el estilo en su propia vida. Hubo un momento en el que se dio usted cuenta de que necesitaba hacer algunos cambios en su comportamiento. Algunos de los más grandes santos del pasado hicieron esto. Establecieron normas para su propia conducta que sintieron que les ayudarían a caminar con Dios y a crecer en gracia y en el favor ante Él.

Pero hay otro punto muy importante aquí. Al final estas personas no cumplieron con su compromiso. La historia posterior revela que volvieron a las mismas costumbres. La nación perdió de nuevo la bendición de Dios sobre ella. ¿Por qué? La clave la descubrimos en Nehemías 10:29a: “se reunieron con sus hermanos y sus principales, para declarar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés”. Estaban dependiendo de sus propios esfuerzos para obedecer, de modo que se comprometieron por medio de una maldición y de un juramento. Estaban diciendo: “Haremos esto, o de lo contrario”. Estaban dependiendo de su propia fuerza de voluntad. Estaban crujiendo sus dientes y jurando hacer estas cosas. No hay ninguna expresión de necesidad de la ayuda de Dios ni tampoco de ninguna provisión en caso de fracaso y regreso.

Esto es lo que añade el Nuevo Testamento. Está bien hacer un juramento; está bien ponerlo por escrito para su propio beneficio y para recordarse a sí mismo esta meta con frecuencia. Pero debemos añadir siempre las palabras que usa Pablo acerca de sí mismo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Eso es lo que hace la diferencia.

Señor, no puedo hacer nada aparte de Ti. Me entrego a Ti y a lo que Tú deseas para mí, pero me doy cuenta de que incluso el deseo de hacer procede de Ti.

Aplicación a la vida

¿Hasta qué punto llevamos una vida apartada y entregada a conocer a Jesucristo? Cuando accedemos a la voluntad de Dios, ¿contamos totalmente con Su poder para mantenernos fieles y llevar fruto?

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