Iglesia Legacy Yuma

Iglesia Legacy Yuma La iglesia Legacy vive para la gloria de Dios al formar discípulos que juntos se deleitan en el Evangelio, lo declaran y lo muestran en toda la vida.

08/16/2026

https://cbcofyuma.com/servicios-en-espanol/
Cuando el dolor no se va

Hay temporadas de sufrimiento en las que quizá hoy no necesitas pensar demasiado. Tal vez estás saludable. Tu familia está bien. Tu trabajo es estable. La vida se siente manejable. Pero si vives suficiente tiempo en este mundo afectado por el pecado, probablemente llegará un momento en que enfrentarás un tipo de dolor que simplemente no se va.

Puede ser dolor físico. Puede ser el duelo. Una relación rota. Un sueño perdido. Dificultades económicas. Soledad. Decepción. O una carga que parece seguirte día tras día. Y una de las preguntas más difíciles llega a ser: “¿Qué hago cuando he orado, pero parece que nada cambia?”

La Escritura no les dice a los cristianos que están sufriendo que finjan que todo está bien. En cambio, Dios, en Su gracia, nos da un patrón para caminar en medio del sufrimiento. Hay tres regalos que sobresalen: oración, promesas y personas.

1. Lleva tus preguntas a Dios
El Salmo 13 comienza con David clamando: “¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí Tu rostro?” (Salmo13:1)

David pregunta: “¿Hasta cuándo?” una y otra vez. Eso quizá te sorprenda. Pero David no está huyendo de Dios. Está corriendo hacia Dios con su dolor. Hay una diferencia entre una queja incrédula y un lamento reverente. El lamento bíblico dice: “Señor, no entiendo lo que estás haciendo, pero estoy trayendo mi confusión a Ti porque sé que Tú eres Dios”. No tienes que esconder tus lágrimas de Él. No tienes que fingir que eres más fuerte de lo que realmente eres. Hebreos 4:16 nos dice: “Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.”
(Heb.4:16) Así que dile a Dios lo que te duele. Dile lo que temes. Dile lo que no entiendes. Pero no te detengas ahí.

2. Lleva tus peticiones a Dios
David pasa de sus preguntas a sus peticiones: “Considera y respóndeme, oh Señor, Dios mío; Ilumina mis ojos...” (Salmo 13:3)

David le pide a Dios que actúe. Tú también debes hacerlo. Pídele a Dios sanidad. Pídele sabiduría. Pídele que cambie las circunstancias. Pídele que fortalezca tu fe. Pídele que te ayude a responder al sufrimiento de una manera que honre a Cristo. Pero recuerda: la oración no es una técnica para conseguir que Dios nos dé todo lo que queremos. La oración es un acto de adoración en el que nos encomendamos a un Padre que sabe infinitamente más que nosotros. A veces Dios cambia nuestras circunstancias. A veces Dios nos cambia en medio de las circunstancias. Y algunas veces hace ambas cosas. Romanos 8:28–29 nos recuerda que Dios está obrando en todas las cosas para nuestro bien, conformando a Sus hijos a la imagen de Cristo. Eso significa que tu sufrimiento nunca carece de propósito en las manos de un Dios soberano y bueno.

3. Lleva tu alabanza a Dios
Entonces sucede algo extraordinario en el Salmo 13. Las circunstancias de David no necesariamente han cambiado. Pero David sí ha cambiado. Pasa de: “¿Hasta cuándo?” a: “Pero yo he confiado en Tu misericordia; Mi corazón se regocijará en Tu salvación.” (Salmo 13:5) Y después dice: “Cantaré al Señor, Porque Él ha sido bueno para conmigo.” (Salmo 13:6)

David recuerda el amor misericordioso y fiel de Dios, Su salvación y Su bondad. Esto no significa fingir que el dolor no es real. Significa aprender a interpretar el doloroso presente a través de la fidelidad que Dios ya ha demostrado. Tal vez no entiendes lo que Dios está haciendo ahorita, pero sí puedes recordar lo que Él ya ha hecho. Y en ningún lugar se demuestra con mayor claridad la bondad de Dios que en la cruz.

Dios no escatimó a Su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros (Romanos 8:32). Cristo entró en nuestro mundo de sufrimiento, llevó nuestro pecado, soportó la cruz y resucitó para que todo aquel que le pertenece tenga perdón, reconciliación con Dios y una esperanza eterna que el sufrimiento no puede destruir. Así que cuando tus circunstancias parezcan gritar: “Dios se ha olvidado de ti”, predícate el evangelio a ti mismo: Cristo murió por mí. Cristo resucitó por mí. Cristo está conmigo. Cristo me guardará. Cristo me llevará a casa. Y no sufras solo.

Dios también te ha dado personas.
La iglesia local no es un accesorio opcional de la vida cristiana. Pertenecemos unos a otros como miembros del cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:12–27). Se nos manda llevar las cargas los unos de los otros (Gál. 6:2), animarnos unos a otros (1 Tes.5:11), orar unos por otros (Santiago 5:16) y estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras (Heb.10:24–25). Cuando el dolor te tiente a aislarte, acércate al pueblo de Dios. Los necesitas. Y ellos te necesitan.

Entonces, ¿qué haces cuando el dolor no se va? Ora con honestidad. Confía en las promesas de Dios. Recuerda a Cristo. Mantente conectado con Su pueblo. Puede que tu sufrimiento no cambie hoy. Pero Dios no ha cambiado. Su carácter no ha cambiado. Sus promesas no han cambiado. Su amor no ha cambiado. Y porque Cristo ya aseguró tu mayor bien en la cruz, puedes confiar en que aun el dolor que no puedes entender no está fuera de las manos sabias y amorosas de tu Padre.

“Porque Su ira es solo por un momento, Pero Su favor es por toda una vida. El llanto puede durar toda la noche, Pero a la mañana vendrá el grito de alegría.”
(Salmo 30:5). Un día, por causa de Cristo, el dolor no solamente será manejado: habrá desaparecido para siempre. Mientras tanto, sigue llevando tus preguntas, tus peticiones y tu alabanza al Dios que ya te ha mostrado Su bondad en Su Hijo.

Reflexión: Ora tu Salmo 13

El Salmo 13 nos ofrece un patrón muy útil para nuestra oración: Preguntas → Peticiones → Alabanza

A. Mis preguntas delante del Señor: (Lee: Salmo 13:1–2; Hebreos 4:15–16)
•¿Qué estoy luchando por entender acerca de mi sufrimiento actual?
•¿Qué preguntas, temores, decepciones o frustraciones han estado ocupando mis pensamientos?

Escríbelos honestamente delante del Señor. Recuerda: Dios ya conoce tu corazón. La honestidad bíblica no es una excusa para la incredulidad; es una invitación a llevar tu corazón delante de Dios.

B. Mis peticiones delante del Señor: (Lee: Salmo 13:3–4; Santiago 1:5; Filipenses 4:6–7)
•¿Qué le estoy pidiendo a Dios que haga?
•¿Qué ayuda específica necesito hoy?
•¿Qué sabiduría necesito?
•¿Qué cambio espiritual necesito buscar?

C. Mi alabanza -Tres verdades por las que alabo a Dios hoy: (Lee: Salmo 13:5–6; Romanos 8:32; Efesios 1:3–8.)
•¿Qué es verdad acerca de Dios aunque mis circunstancias sean dolorosas?
•¿Qué evidencia de la fidelidad de Dios puedo recordar?
•¿Qué ha hecho Dios ya por mí en Cristo?

“El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?”
(Romanos 8:32)

08/02/2026

https://cbcofyuma.com/servicios-en-espanol/
Cuando la Ira Revela Más de lo Que Piensas

La mayoría de nosotros pensamos que nuestro mayor problema es la ira.
Pero, según la Palabra de Dios, la ira se parece más a la luz de advertencia del tablero de un automóvil que al motor mismo. Nos indica que algo más profundo está ocurriendo dentro de nuestro corazón. Jesús enseñó: “Porque de la abundancia del corazón habla su boca” (Lucas 6:45). Nuestras palabras, reacciones y explosiones de ira no aparecen de la nada; revelan aquello que más atesoramos. No toda ira es pecaminosa. Dios es perfectamente santo, y Su ira siempre es justa porque está dirigida contra el pecado y todo aquello que se opone a Su carácter santo (Salmo 7:11). El mismo Señor Jesús manifestó una ira justa cuando la gloria de Dios fue deshonrada y las personas fueron perjudicadas por la hipocresía religiosa (Marcos 3:1–6; Juan 2:13–17). Su ira nunca fue egoísta, impulsiva ni estuvo fuera de control.

Sin embargo, nuestra ira suele tener un origen muy distinto.
Nos enojamos cuando creemos que algo valioso para nosotros ha sido amenazado o nos ha sido quitado. A veces ese "algo" es la comodidad, el respeto, el control, la conveniencia, la aprobación o simplemente que las cosas salgan como nosotros queremos. Esos deseos no son necesariamente pecaminosos por sí mismos, pero cuando llegan a ser más importantes que amar a Dios y amar al prójimo, se convierten en deseos dominantes del corazón.

Santiago hace una pregunta que llega hasta lo más profundo: “¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros?” (Santiago 4:1, NBLA). Así que, antes de responder con ira, pregúntate: “¿Estoy enojado porque la gloria de Dios ha sido deshonrada, o porque mi propio reino ha sido interrumpido?” Con frecuencia, esa pregunta pone al descubierto la verdadera batalla que se libra dentro de nuestro corazón.

La buena noticia del Evangelio es que Cristo no vino simplemente para ayudarnos a controlar nuestro temperamento. Él vino para transformar nuestro corazón. Gracias a Su muerte y resurrección, los creyentes ya no somos esclavos del pecado (Romanos 6:6–14). Por medio del Espíritu Santo, Dios nos capacita para despojarnos de la ira pecaminosa y revestirnos de compasión, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia y perdón (Colosenses 3:12–14).

Así que, la próxima vez que sientas que la ira comienza a levantarse en tu corazón, no te apresures a defenderte. Haz una pausa. Ora. Pídele al Señor que examine tu corazón (Salmo 139:23–24). Considera si realmente has entendido correctamente la situación (Proverbios 18:13). Después pregúntate: “¿Qué respuesta honraría más a Cristo y serviría mejor a esta persona?”

El objetivo no es simplemente enojarte menos; el objetivo es parecerte cada día más a Jesucristo.
A medida que Cristo llega a ser tu mayor tesoro, tus reacciones comienzan a cambiar. No porque las circunstancias sean más fáciles, sino porque tu corazón está aprendiendo a adorarlo a Él por encima de todas las cosas.

Preguntas para Reflexionar

1. ¿Qué era lo que más deseaba la última vez que me enojé? ¿Estaba buscando la gloria de Dios, o estaba exigiendo comodidad, control, respeto, reconocimiento o que se hiciera mi voluntad? (Santiago 4:1–3; Lucas 6:45)

2. ¿Cómo habría respondido Cristo en esta situación? ¿Cómo se habrían manifestado el amor, la humildad, la verdad, la paciencia y el dominio propio en ese momento? (Efesios 4:29–32; Gálatas 5:22–23)

Tres Ejercicios para Esta Semana
1. Diario del Corazón (Salmo 139:23–24; Lucas 6:45): Después de cada ocasión importante en la que experimentes ira esta semana, escribe:

• ¿Qué sucedió?
• ¿Cómo respondí?
• ¿Qué era lo que más deseaba en ese momento?
• ¿Cómo podría haber respondido de una manera que honrara a Cristo?

2. Renueva Tu Mente: Memoriza Santiago 1:19–20 y léelo en voz alta cada mañana, así como cada vez que comiences a sentir frustración. Pídele a Dios que te ayude a ser pronto para oír, tardo para hablar y tardo para la ira.

3. Practica la Gratitud del Evangelio (1 Tesalonicenses 5:18; Romanos 8:32): Cada noche, agradece a Dios por tres evidencias de Su gracia durante ese día, aun si fue un día difícil. La gratitud redirige nuestro corazón de nosotros mismos hacia la bondad fiel de Dios.

Ánimo Bíblico (Romanos 8:32):
Porque Dios “no eximió ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros”, puedes descansar con plena confianza en que Su gracia es suficiente para transformar tanto tu corazón como la manera en que respondes a las circunstancias.

https://cbcofyuma.com/servicios-en-espanol/El Secreto de un Matrimonio que Honra a Dios Cuando las parejas vienen a cons...
07/06/2026

https://cbcofyuma.com/servicios-en-espanol/
El Secreto de un Matrimonio que Honra a Dios

Cuando las parejas vienen a consejería bíblica, con frecuencia hacen alguna versión de la misma pregunta: “Cuál es el secreto para tener un matrimonio feliz?” Es una buena pregunta. Después de todo, todos anhelamos un matrimonio caracterizado por el amor, la paz y el gozo.

Amigos, familiares e incluso personas que apenas conocemos suelen apresurarse a dar consejos. Algunos dicen que la comunicación es la clave. Otros destacan el romance, la compatibilidad o aprender el “lenguaje del amor” del cónyuge. Aunque cada una de esas cosas tiene su valor, la Palabra de Dios nos dirige hacia algo mucho más profundo. La mayor necesidad de tu matrimonio no es simplemente una mayor felicidad, sino una mayor santidad.

El Propósito de Dios es Más Grande que Tu Felicidad
Muchos matrimonios piensan que, si su relación fuera más fácil, más placentera o menos estresante, entonces todo estaría bien. Sin embargo, la Escritura nos revela que Dios está llevando a cabo algo mucho más grande.
Romanos 8:28–29 nos recuerda que Dios hace que todas las cosas cooperen para bien de los que lo aman, e inmediatamente explica cuál es ese “bien”: “Ser conformados a la imagen de Su Hijo.”

Eso significa que tu esposo o tu esposa es uno de los principales instrumentos que Dios usa para moldearte y hacerte más semejante a Jesucristo. Los momentos que ponen al descubierto tu impaciencia... Las diferencias que revelan tu egoísmo... Las decepciones que sacan a la luz expectativas equivocadas... Nada de eso interrumpe el plan de Dios. Todo forma parte de Su amoroso propósito. Cuando comenzamos a preguntarnos: “¿Cómo está usando Dios este matrimonio para hacerme más semejante a Cristo?” en lugar de simplemente preguntar: “¿Cómo puedo ser más feliz?”, nuestra perspectiva empieza a cambiar. Al final, un matrimonio santo llega a ser el matrimonio más feliz, porque está centrado en los propósitos de Dios y no en nuestras preferencias.

La Humildad lo Cambia Todo
Si la santidad es la meta de Dios, entonces la humildad se convierte en una de las herramientas más importantes que Él usa para cumplir ese propósito. Filipenses 2:3–4 dice: “No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.”
El matrimonio tiene una manera extraordinaria de sacar a la luz nuestro orgullo. Es fácil decir: “Yo daría mi vida por mi esposo” o “Yo daría mi vida por mi esposa.” Pero muchas veces resulta mucho más difícil servir con alegría cuando estamos cansados, pedir perdón primero después de una discusión, escuchar con paciencia en lugar de defendernos, o responder con buena actitud a una petición sencilla que interrumpe nuestros planes. Sin embargo, es precisamente en esos momentos cotidianos donde se practica la humildad semejante a la de Cristo.

Inmediatamente, el apóstol Pablo nos señala el ejemplo más grande que existe: “Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5, NBLA). Jesús no solo enseñó la humildad; Él la vivió. El eterno Hijo de Dios se humilló haciéndose hombre, viviendo en perfecta obediencia al Padre y entregando voluntariamente Su vida en la cruz por los pecadores (Filipenses 2:5–11).
Mediante Su muerte y Su resurrección, no solo perdona a los pecadores orgullosos, sino que también los capacita por medio de Su Espíritu para crecer en una humildad genuina. Mientras más contemplamos a Cristo, más dispuestos estaremos a servirnos unos a otros.

El Verdadero Secreto
Si hoy alguien me preguntara cuál es el secreto para un matrimonio que florece, mi respuesta sería sencilla: “Busca la humildad, porque al hacerlo estás siguiendo a Cristo.” A medida que Dios produce humildad en tu corazón, el amor se profundiza. La paciencia se hace más evidente. El perdón fluye con mayor libertad. La comunicación se vuelve más amable. El servicio desinteresado comienza a reemplazar la ambición egoísta.

Esta transformación no ocurre de la noche a la mañana, pero Dios ha prometido completar la buena obra que comenzó en cada uno de Sus hijos (Filipenses 1:6). Un matrimonio moldeado por el Evangelio nunca será perfecto de este lado de la eternidad, pero reflejará cada vez más la belleza del Salvador, quien amó a Su iglesia y se entregó a Sí mismo por ella (Efesios 5:25–27).

“Porque Cristo primero se humilló para salvarte, tú también puedes humillarte con gozo para amar hoy a tu esposo o a tu esposa.” (Filipenses 2:5–11).

06/27/2026

«Cuando algo en la Palabra de Dios no me gusta, el problema no está en la Palabra de Dios, sino en mí». —R.C. Sproul

05/26/2026

«El Espíritu Santo nos da el regalo supremo que nos une a Cristo: la fe». —R.C. Sproul

05/23/2026

https://cbcofyuma.com/servicios-en-espanol/

Esperar en el Señor en un Mundo de Inmediatez

Vivimos en un mundo que nos entrena para evitar la espera.

Queremos comida rápida, respuestas instantáneas, entregas el mismo día, resultados rápidos y alivio inmediato. Con solo unos toques en el teléfono, podemos ordenar comida, pagar cuentas, ver películas y comunicarnos con personas del otro lado del mundo en segundos. Nuestra cultura nos ha condicionado a creer que esperar es perder el tiempo. Pero muchas veces Dios hace Su obra más profunda precisamente en la espera.

Cuando luchamos con ansiedad, depresión, conflictos, adicciones, dolor, temor o sufrimiento, es natural querer un cambio inmediato. Sentimos la presión mientras anhelamos que nuestras circunstancias cambien y deseamos librarnos de esos sentimientos. Sin embargo, la Escritura enseña repetidamente que la madurez espiritual normalmente se forma lentamente, con paciencia y dependencia de Dios, mientras aprendemos a esperar en el Señor.

El Salmo 27:14 dice: “Espera al SEÑOR; Esfuérzate y aliéntese tu corazón; Sí, espera al SEÑOR” (NBLA).

Esperar en el Señor no es una resignación pasiva. Es una confianza activa. Es decidir aferrarnos a las promesas de Dios cuando la vida parece no resolverse. Confiar activamente y esperar en el Señor significa seguir obedeciendo, orando, adorando, arrepintiéndonos y esperando, aun cuando las respuestas todavía no llegan.

El salmista pinta esto hermosamente en el Salmo 130. Él clama a Dios “desde las profundidades” (v. 1). Está herido, cansado y desesperado. Pero en lugar de apartarse de Dios, espera en Él:

“Espero al SEÑOR; en Él espera mi alma, y en Su palabra tengo mi esperanza. Mi alma espera al Señor más que los centinelas a la mañana, sí, más que los centinelas a la mañana” (Salmo 130:5–6, NBLA).

Imagine a un centinela vigilando durante la oscuridad de la noche. Él no puede apresurar la salida del sol. Pero sabe que la mañana viene. Así que vigila con expectativa. Así es como los creyentes esperamos en Dios.

Esperamos creyendo que Su Palabra es verdad aun cuando nuestras emociones cambian, sabiendo que Cristo no ha abandonado a Su pueblo. Esperamos porque Dios nunca llega tarde, nunca nos ha descuidado y jamás olvida Sus promesas. De hecho, Dios mismo es el ejemplo perfecto de paciencia al esperar.

Desde el momento en que el pecado entró al mundo en Génesis 3, Dios ha desarrollado pacientemente Su plan redentor a lo largo de la historia. Mostró misericordia una y otra vez a personas rebeldes. Romanos 2:4 nos recuerda de “las riquezas de Su bondad, tolerancia y paciencia.” Segunda de Pedro 3:9 dice que el Señor es “paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.” Y en el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, Jesucristo (Gálatas 4:4).

Cristo entró en nuestro mundo quebrantado, llevó nuestro pecado en la cruz, resucitó victorioso y ahora sigue reuniendo pacientemente a Su pueblo para Sí. Aun hoy esperamos anhelantemente Su regreso, sabiendo que Él llena cada “demora” con sabiduría divina y misericordia.

Quizá hoy usted está cansado. Tal vez ha orado por cambio, sanidad, reconciliación, claridad o alivio, y pareciera que el cielo guarda silencio. Recuerde esto: esperar nunca es tiempo perdido cuando Dios está obrando. Muchas veces el Señor nos fortalece antes de cambiar nuestras circunstancias.

Isaías nos da esta preciosa promesa: “Pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán” (Isaías 40:31, NBLA).

El mundo corre apresurado. Dios santifica pacientemente. Y Su tiempo siempre es sabio, amoroso y bueno.

Reflexión
1. Examine Su Corazón en la Espera

Lea: Salmo 27:14; Salmo 130:5–6
•¿Qué situación en su vida es la más difícil de esperar en este momento?
•¿Cómo ha sido tentado a buscar alivio rápido fuera de Dios?
•¿Qué temores, deseos, frustraciones o dudas se fortalecen más durante las temporadas de espera?

Ejercicio: Escriba una oración expresando honestamente su lucha al Señor mientras reafirma intencionalmente su confianza en Su carácter y Sus promesas.

2. Aférrese a la Palabra de Dios

Lea: Romanos 15:4; Isaías 40:31

La espera se vuelve desesperante cuando dejamos de escuchar las promesas de Dios.
•¿Qué verdades acerca de Dios le animan más en las temporadas difíciles?
•¿Qué promesas de la Escritura fortalecen su fe?
•¿Está alimentando más su corazón con redes sociales, distracciones y preocupaciones… o con la Palabra de Dios?

Ejercicio: Escoja un versículo esta semana acerca de esperar en el Señor. Escríbalo, memorícelo y medite en él diariamente. Considere Salmo 27:14, Isaías 40:31 o Salmo 62:5.

3. Practique una Obediencia Fiel Mientras Espera

Lea: Gálatas 6:9; Santiago 5:7–8

La espera bíblica es activa, no pasiva.
•¿Qué responsabilidades ya le ha llamado Dios claramente a obedecer hoy?
•¿Cómo puede seguir caminando fielmente aun antes de que sus circunstancias cambien?
•¿Cómo se vería confiar en Dios un día a la vez?

Ejercicio: Haga una lista sencilla de tres acciones fieles que puede practicar esta semana mientras espera en el Señor (por ejemplo: oración, reconciliación, servir a otros, leer la Escritura, congregarse fielmente, confesar pecado o animar a alguien).

Ánimo Final
“Aquellos que esperan en Cristo jamás esperan en vano, porque el Salvador que murió y resucitó está obrando sabia y amorosamente cada buen propósito para Sus hijos” (Romanos 8:28–32).

Address

3875 S 4th Ave.
Yuma, AZ
85365

Telephone

+19283050027

Website

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Iglesia Legacy Yuma posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Place Of Worship

Send a message to Iglesia Legacy Yuma:

Shortcuts

Share