Mujer virtuosa

Mujer virtuosa Hola a todos Dios les Bendiga espero que les guste Nuestra pag de Damas INF estamos aqui para Bendecir a nuestro señor y para Bendecir a ustedes.

06/04/2026
06/03/2026

Sanando la Herida del Rechazo: Tu Identidad no es lo que Otros Dijeron de Ti

"Nunca serás suficiente". "Eres un estorbo". "Si supieran cómo eres realmente, te abandonarían". Frases dichas o implícitas que se incrustan en el alma como fragmentos de vidrio. El rechazo distorsiona tu autoimagen, pero Dios quiere restaurar tu espejo.

David, antes de ser rey, fue rechazado por sus propios hermanos, menospreciado por Goliat, y perseguido por Saúl. Pero su identidad no dependía de ellos:

"Te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien" (Salmo 139:14).

· El rechazo humano hiere porque fuimos diseñados para pertenecer. Dios nos creó para comunidad, por eso el aislamiento duele.
· El rechazo de los otros no define tu valor. Tu valor lo define el hecho de que fuiste creado a imagen de Dios y redimido por la sangre de Cristo.
· El rechazo puede generar pactos inconscientes: "Nunca más confiaré", "Tengo que ser perfecto para ser aceptado". Estos pactos necesitan ser rotos.
· La iglesia es el antídoto del rechazo. No una iglesia perfecta, sino una comunidad donde, a pesar de las imperfecciones, aprendes a pertenecer.

Lecciones para ti:

· Identifica las voces del rechazo. ¿Qué frases negativas sobre ti mismo repites? ¿De quién las aprendiste?
· Reemplaza esas voces con la voz de Dios. Él dice: "Eres mi hijo amado" (Marcos 1:11). "Nunca te dejaré" (Hebreos 13:5).
· El rechazo no es tu identidad; es una herida que puede sanar. Como José, a quien sus hermanos rechazaron, Dios lo levantó a posiciones de influencia.

Hoy, si el rechazo ha marcado tu vida, declara: "Yo no soy lo que otros dijeron de mí. Soy lo que Dios dice de mí: amado, elegido, suficiente en Cristo."

👉 Ejercicio de reemplazo: Haz una lista de 5 mentiras que has creído sobre ti mismo por rechazo. Al lado, escribe la verdad bíblica que las contradice. Memoriza una verdad cada día esta semana.

06/03/2026

“Estoy sanando…” Y está bien.

Pero seamos honestos… Sanar se ha convertido en la filosofía favorita de una generación que lleva años sobreviviendo, justificándose y postergando.

Terapias.
Retiros.
Libros.
Podcasts.
Constelaciones.
Cursos.
Procesos…

Y cuando preguntas: “¿Cómo estás?” La respuesta sigue siendo la misma desde hace cuatro años: “Estoy sanando… sigo en proceso.”

Y ojo… sanar es importante. Sanar salva. Sanar restaura. Sanar confronta. El problema no es sanar. El problema es cuando sanar deja de ser una herramienta y se convierte en una identidad.

Porque hay personas que ya no saben quiénes son sin la herida. Mientras “sanas”, no tienes que decidir. No tienes que arriesgar. No tienes que construir. No tienes que amar otra vez. No tienes que comenzar el negocio. No tienes que comprometerte. No tienes que ejecutar.

Porque siempre existe una excusa elegante: “Todavía no estoy listo… sigo sanando.” Pero hay una verdad incómoda que casi nadie dice: Llega un momento donde la herida ya no es lo que te detiene. Lo que te detiene es la costumbre de vivir roto.

La identidad de víctima. La comodidad del proceso eterno. El miedo disfrazado de prudencia emocional.

Porque sí, hay cosas que sanar. Pero también hay momentos donde tienes que levantarte aun con partes sin resolver. Porque nadie llega completamente listo. Nadie llega completamente sano. Nadie llega completamente seguro.

Hay puertas que solo se sanan cruzándolas. Hay miedos que no desaparecen pensándolos… sino enfrentándolos. Y hay una versión de ti esperando al otro lado de la obediencia, de la decisión y del movimiento.

No conviertas tu proceso en tu casa. Sana… pero avanza. Porque la vida no espera mientras te arreglas. Y a veces, lo que más necesita sanar en nosotros… es nuestra adicción a quedarnos en pausa.

-reflexiones de un joven pastor

05/04/2026

David no era un hombre cualquiera…
era rey, ungido, llamado “conforme al corazón de Dios” (1 Samuel 13:14).
Pero en un momento donde debía estar en guerra…
decidió quedarse.
“En el tiempo que salen los reyes a la guerra… David se quedó en Jerusalén.”
(2 Samuel 11:1)
Y desde ese lugar de comodidad…
vino la caída:
- vio a Betsabé
- la tomó
- intentó cubrir su pecado
- y terminó provocando la muerte de Urías
No fue un error momentáneo…
fue una cadena de decisiones.

Dios no lo expuso públicamente primero…
le envió a un profeta: Natán.
Y cuando David entendió… no discutió…
no justificó… no culpó…
“Pequé contra Jehová.”
(2 Samuel 12:13)
Y luego escribió algo que no es un canto bonito…
es un alma desnuda:
“Mi pecado está siempre delante de mí.”
(Salmo 51:3)

Hay niveles en el proceso espiritual:
Hay quienes buscan a Dios…
hay quienes se quebrantan…
pero pocos llegan aquí:
- dejar de justificarse delante de Dios
Porque mientras te explicas…
no te transformas.

Hoy hay mucha gente que:
- ora… pero no cambia
- llora… pero se repite
- siente… pero se justifica
Y por eso el ciclo no se rompe.
Porque el cambio no empieza en el llanto…
- empieza cuando dices la verdad completa.

Dios no puede sanar
lo que tú sigues defendiendo.

David no fue restaurado porque lloró…
fue restaurado porque dejó de esconderse.
Y el día que dejes de maquillarlo…
ese día empieza la verdadera transformación.

Si hoy decides dejar de justificarte, escribe:
“Lo reconozco.”

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