04/05/2026
Una de las enfermedades más tristes que ha infectado el cuerpo de Cristo es la competencia disfrazada de “excelencia”, “visión” o “llamado”.
La realidad es que muchos en el ministerio no se aprecian de verdad. He visto la competencia de cerca. La he sentido. Me ha herido. Y también he sido culpable de caer en ella. No es solo tóxica. Es anti-Reino. Es una obra de la carne alimentada por la inseguridad, el orgullo y el deseo de destacar.
Mientras tu ministerio es pequeño, eres “hermano”, “hijo”, “amigo”, incluso “familia”. Pero cuando Dios empieza a soplar sobre lo que te dio, cuando el aceite comienza a fluir, algunos de esos mismos rostros se tornan fríos, críticos, distantes, silenciosos.
¿Por qué? Porque cuando Dios te eleva, los corazones competitivos dejan de verte como un recurso, y comienzan a verte como una amenaza. Y no eres el primero. Los discípulos con Jesús discutían: “¿Quién es el mayor entre nosotros?” No estaban peleando con demonios. Estaban peleando con sus egos.
La comparación es veneno para el propósito. En el cuerpo de Cristo, no hay lugar para competencia. Solo colaboración. Solo co-laborar. Solo Reino.
Pero hemos adoptado ideologías capitalistas extremas y las hemos bautizado como “visión”. Queremos tener más tierra, más poder, más seguidores. Y así, hemos cambiado la carga por los perdidos por branding. Perseguimos plataformas en lugar de la presencia. Buscamos viralidad, pero descuidamos el fruto del discipulado.
Jesús no construyó un imperio. Él levantó una iglesia: una familia de embajadores. Si tu éxito apaga a otros, no es Reino. Si tu ego no tolera que otra voz crezca, no es Reino. Si tu orgullo se hiere porque alguien que mentoreaste avanzó más rápido que tú, no es Reino. Eso es carne. Inseguridad. Carnalidad. Es demoníaco.
Imagina si la Iglesia dejara de competir y comenzara a colaborar. Si no solo predicáramos Reino, sino que lo viviéramos. Yo me niego a construir una marca que eclipse a la Novia. No estoy aquí para hacerme viral. Estoy aquí para ser fiel. Y cuando Dios sopla sobre el ministerio de otro, yo celebro. Porque la victoria no es mía. La victoria es de Jehova .....