04/07/2026
Lunes, 6 de abril del 2026
Con profundo gozo, con un temblor santo en el alma y con gratitud que no cabe en palabras humanas, hoy la Iglesia de Winston Salem, nos encontramos reunidos en este glorioso primer día del centenario de la restauración de la Iglesia primitiva, aquella que fue establecida por nuestro Señor Jesucristo.
¡Cuán grande es la misericordia de Dios! ¡Cuán perfectos son Sus tiempos!
Hoy no es un día común, es memoria viva de la obra divina. Hoy es testimonio de que la promesa de Cristo no quedó en el pasado, sino que se manifestó nuevamente con poder, con autoridad y con amor.
Hace cien años, la voz de Dios volvió a escucharse en la tierra y encendió una antorcha que no se ha apagado. Una antorcha de elección divina, de revelación celestial, de guía segura para el pueblo del Señor. Y hoy, al escuchar la carta Apostólica, nuestros corazones se llenan de una alegría indescriptible porque no solo oímos palabras, sino que reconocemos la voz de Dios guiando a Su Iglesia.
¡Qué privilegio tan grande es vivir en este tiempo! ¡Qué honra tan sublime es haber sido alcanzados por esta gracia! A través de su Apóstol, Dios ha restaurado todas las cosas; la doctrina pura, el ministerio verdadero, la autoridad espiritual, y la comunión perfecta con Él.
Cada alma reunida hoy es testimonio de esa obra perfecta. Cada canto, cada oración, cada lágrima de gozo son el reflejo de un pueblo que ha sido restaurado, sostenido y guiado por la mano de Dios en su Apóstol. Porque lo que hoy vivimos no es solo historia, es cumplimiento. No es solo recuerdo, es realidad viva entre nosotros y así como Dios comenzó esta obra perfecta,�así también la seguirá perfeccionando.