09/02/2026
COMIDA PARA ÁGUILAS 🦅 DR. LUIS TOVAR
¿TENEMOS APÓSTOLES Y PROFETAS VIGENTES HOY?
Respuesta teológica bibliocentrica.
Dr. Luis Tovar
La discusión acerca de la vigencia contemporánea de los ministerios de apóstol y profeta ha generado importantes diferencias dentro de la teología cristiana. Mientras algunas corrientes sostienen que estos ministerios pertenecieron exclusivamente al período fundacional de la Iglesia, otras defienden que continúan operando, aunque bajo parámetros diferentes a los de los apóstoles y profetas vinculados directamente con la revelación canónica.
Para abordar el tema responsablemente es necesario evitar dos extremos: por un lado, negar automáticamente toda expresión apostólica o profética contemporánea; por otro, atribuir a ministros actuales una autoridad revelacional equivalente a la de los escritores inspirados de las Escrituras.
La cuestión central no consiste simplemente en preguntar si existen apóstoles y profetas hoy, sino en definir qué significa bíblicamente ser apóstol o profeta dentro de la economía del Nuevo Pacto.
1. LOS APÓSTOLES DEL CORDERO Y SU CARÁCTER FUNDACIONAL
El Nuevo Testamento presenta un grupo apostólico que posee una singularidad histórica irrepetible. Apocalipsis 21:14 declara:
“Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.”
Estos apóstoles estuvieron relacionados directamente con Jesucristo y con el establecimiento inicial de la Iglesia. Su testimonio acerca de la vida, muerte y resurrección del Señor desempeñó un papel fundamental en la formación doctrinal del cristianismo.
Pablo también reclama para sí una experiencia apostólica singular. En 1 Corintios 15:8-9 declara:
“Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios.”
Asimismo, en Gálatas 1:1 afirma ser:
“Pablo, apóstol, no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre.”
La autoridad apostólica de Pablo, por tanto, no dependía únicamente del reconocimiento humano, sino de un llamado que él entendía proveniente directamente del Cristo resucitado.
Matías y Pablo: una discusión exegética
Después de la muerte de Judas Iscariote, Hechos 1 registra que los discípulos escogieron a Matías para ocupar su lugar:
“Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.”
Hechos 1:26
Dentro de la interpretación cristiana existen diferentes posiciones acerca de este acontecimiento.
Una posición sostiene que Matías fue legítimamente escogido y que Lucas reconoce expresamente su incorporación a los Doce.
Otra interpretación considera que Pedro y los discípulos actuaron antes de Pentecostés utilizando el método veterotestamentario de echar suertes, mientras que posteriormente Cristo mismo llamó sobrenaturalmente a Pablo.
Desde esta segunda perspectiva se ha argumentado que Pablo representaría la elección directa de Cristo para ocupar el lugar apostólico dejado por Judas.
Sin embargo, conviene reconocer que el Nuevo Testamento no declara explícitamente que la elección de Matías haya sido inválida. Pero que implícito que el número 12 fue Pablo, escribió la mitad del nuevo testamento.
Lo indiscutible es que Pablo recibió una autoridad apostólica extraordinaria y desempeñó un papel decisivo en la expansión de la Iglesia y en la formación del corpus doctrinal del Nuevo Testamento. Pablo escribe é indica su inspiración. “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado” 1 Corintios 11:23. El apóstol Pedro reconoce y recibe los escritos de Pablo, “Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.” 2 Pedro 3:15-16. Pablo es el último con inspiración plenaria y ex cátedra, apóstol inspiracional, directo y fundacional. Efesios 2:20.
2. APÓSTOLES FUNDACIONALES Y APÓSTOLES MINISTERIALES
Una clave fundamental para comprender el debate consiste en reconocer que el término griego apóstolos (ἀπόστολος posee el significado básico de “enviado”, “mensajero” “comisionado”.
Por esa razón, el Nuevo Testamento parece utilizar la palabra en más de un nivel.
Existe un apostolado fundacional relacionado con los testigos autorizados de Cristo y con el establecimiento doctrinal inicial de la Iglesia. Pedro y los otros once incluyendo a Pablo ejercieron la activación de las llaves del reino de Dios, Pedro abrió la puerta en Jerusalén y en la casa de Cornelio, pero Pablo a las naciones.
Por otro lado aparecen otros ministros llamados apóstoles que no pertenecieron al grupo de los Doce, llamados y enviados los setenta. Lucas 10:1-20, respaldados con poder pero no fundacionales.
El ejemplo más evidente es Bernabé.
Hechos 14:14 declara:
“Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo…”
Lucas utiliza el plural “apóstoles” para referirse a ambos.
Bernabé no perteneció a los Doce ni tenemos escritos suyos reconocidos como parte del canon del Nuevo Testamento. Sin embargo, ejerció una evidente función apostólica. Innegable en la formación de Pablo y Juan Marcos.
Fue enviado desde Jerusalén a Antioquía, participó en la formación de aquella importante comunidad cristiana, discipuló y acompañó a Pablo, defendió su incorporación dentro de la Iglesia y posteriormente fue separado por el Espíritu Santo para una misión translocal.
Hechos 13:2-4 relata:
“Dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado… Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia.”
Aquí encontramos la esencia funcional del apostolado: ser enviado por Dios para extender, establecer y fortalecer la obra del Reino.
Esto permite establecer una distinción útil entre:
Apóstoles fundacionales, vinculados de manera singular con el establecimiento de la Iglesia y la revelación del Nuevo Testamento.
Y apóstoles ministeriales, enviados para predicar, establecer iglesias, formar líderes, abrir nuevos territorios y fortalecer la misión cristiana sobre el fundamento doctrinal ya recibido.
Los segundos jamás pueden reemplazar a los primeros.
Efesios 2:20 declara que la Iglesia está:
“Edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.”
El fundamento no necesita ser colocado nuevamente en cada generación. El ministerio contemporáneo debe construir sobre el fundamento ya establecido.
3. EL PRINCIPIO APOSTÓLICO DEL ENVÍO
El concepto del envío atraviesa profundamente la teología del Nuevo Testamento.
El Padre envía al Hijo.
Jesús declara:
“Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.”
Juan 17:18
El Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo:
“Si me fuere, os lo enviaré.”
Juan 16:7
El Espíritu Santo envía ministros:
“Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo…”
Hechos 13:4
Y la Iglesia participa en el envío de obreros:
“¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?”
Romanos 10:15
Por lo tanto, el principio apostólico no puede reducirse simplemente a un título eclesiástico.
La apostolicidad verdadera se reconoce en el envío, la misión, el establecimiento, la formación y la expansión del Evangelio.
En términos contemporáneos, muchas tradiciones utilizan la palabra “misionero” para describir funciones que poseen un profundo carácter apostólico. El término latino missio y el griego apostellō comparten la idea esencial del envío.
Esto plantea una interesante paradoja: determinadas corrientes rechazan el título “apóstol”, mientras reconocen plenamente la función de personas enviadas a territorios para predicar, plantar iglesias, establecer liderazgo y extender el Evangelio.
En la práctica, la función puede permanecer aunque haya cambiado la terminología.
4. ¿FUERON LOS PROFETAS SOLAMENTE HASTA JUAN?
Jesucristo declaró:
“La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado.”
Lucas 16:16
Este texto ha sido utilizado para afirmar que Juan el Bautista fue el último profeta.
Sin embargo, esta interpretación necesita matices.
Jesús está señalando una transición histórico-redentora. “La Ley y los Profetas” representa el período del Antiguo Pacto que alcanza su culminación en Juan, quien sirve como precursor inmediato del Mesías.
El texto no necesariamente enseña que después de Juan jamás volvería a existir actividad profética.
El propio Nuevo Testamento registra profetas después de Pentecostés.
Hechos 11:27-28 afirma:
“En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo…”
Hechos 21:9 menciona que Felipe:
“Tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.”
En Antioquía también había:
“Profetas y maestros.”
Hechos 13:1
Y Pablo escribe extensamente acerca del ejercicio de la profecía dentro de la Iglesia en 1 Corintios 12 y 14.
Por tanto, Lucas 16:16 no puede interpretarse como una prohibición absoluta de toda función profética posterior, pues el mismo Nuevo Testamento registra profetas después de Juan.
5. PROFECÍA CANÓNICA Y PROFECÍA CONGREGACIONAL
Así como existe una diferencia entre el apostolado fundacional y el ministerial, debe distinguirse entre la profecía relacionada con la revelación canónica y la profecía ejercida dentro de la comunidad cristiana.
Los profetas bíblicos pudieron pronunciar revelaciones que posteriormente pasaron a formar parte de las Escrituras.
El profeta contemporáneo, en cambio, no posee autoridad para añadir nuevos libros a la Biblia ni establecer doctrinas que compitan con la revelación escrita.
En el Nuevo Testamento, la profecía congregacional debe ser juzgada.
Pablo ordena:
“Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.”
1 Corintios 14:29
Y también:
“No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno.”
1 Tesalonicenses 5:20-21
Estos textos muestran que la profecía ejercida dentro de la Iglesia no aparece como una palabra independiente de todo discernimiento comunitario.
Debe ser examinada.
Debe estar sometida a la Escritura.
Debe glorificar a Cristo.
Debe producir edificación.
Debe evaluarse por sus frutos.
Y nunca puede contradecir la revelación bíblica.
6. DON DE PROFECÍA Y MINISTERIO DE PROFETA
Otro aspecto esencial consiste en diferenciar entre profetizar y ejercer el ministerio de profeta.
Primera de Corintios 12 describe diversos dones o manifestaciones del Espíritu Santo, entre ellos la profecía.
Efesios 4:11, en cambio, habla de personas dadas por Cristo a su Iglesia:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.”
No toda persona que profetiza necesariamente desempeña el ministerio de profeta.
El don puede operar circunstancialmente para edificación, exhortación y consolación, mientras que el ministerio profético implica una función reconocida y permanente dentro del cuerpo de Cristo.
De la misma manera, una persona puede evangelizar sin poseer necesariamente el ministerio específico de evangelista.
7. EL ARGUMENTO CESACIONISTA
El cesacionismo sostiene que determinados dones sobrenaturales y funciones ministeriales estuvieron particularmente vinculados con la etapa apostólica de la Iglesia y cesaron después de cumplida su función fundacional.
Algunos cesacionistas argumentan que los apóstoles y profetas mencionados en Efesios 2:20 constituyen el fundamento histórico de la Iglesia y, precisamente porque un fundamento se coloca una sola vez, estos ministerios no deben esperarse posteriormente en el mismo sentido.
También señalan que los apóstoles del Nuevo Testamento poseían características extraordinarias: habían sido comisionados de manera especial, habían visto al Cristo resucitado y ejercían autoridad doctrinal excepcional.
Estos argumentos merecen consideración y no deben caricaturizarse.
El problema surge cuando se afirma que toda función apostólica, toda actividad profética y todos los dones sobrenaturales desaparecieron necesariamente con la primera generación cristiana, pues el Nuevo Testamento no contiene una declaración inequívoca afirmando tal cesación.
8. EL ARGUMENTO CONTINUACIONISTA
La posición continuacionista sostiene que los dones del Espíritu y los ministerios dados por Cristo permanecen activos durante la era de la Iglesia.
Uno de sus principales textos es Efesios 4:11-13:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe…”
La pregunta exegética es importante:
Si el mismo pasaje presenta cinco expresiones ministeriales, ¿sobre qué fundamento textual se afirma que las dos primeras cesaron mientras las tres restantes permanecen?
El propósito de estos ministerios es llevar a la Iglesia hacia la madurez, la unidad de la fe y la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Mientras esa finalidad no haya alcanzado su consumación, el continuacionismo sostiene que existen razones bíblicas para aceptar la vigencia de estos dones ministeriales.
Primera de Corintios 12:28 fortalece esta perspectiva:
“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros…”
Pablo no presenta estas funciones simplemente como recuerdos históricos, sino como parte de la estructura carismática de la comunidad cristiana.
9. LOS ABUSOS NO INVALIDAN EL ORIGINAL
Una de las objeciones contemporáneas más frecuentes contra el ministerio apostólico es la existencia de personas que utilizan el título para ejercer autoritarismo, enriquecerse, manipular a creyentes o construir estructuras centradas en su personalidad.
Tales abusos deben denunciarse.
Pero el abuso de algo no demuestra necesariamente que aquello que fue abusado sea ilegítimo.
Existen falsos pastores, pero eso no elimina el pastorado.
Existen falsos maestros, pero eso no elimina el ministerio de enseñanza.
Existen evangelistas inmorales, pero eso no elimina el evangelismo.
De la misma manera, la existencia de falsos apóstoles no demuestra automáticamente la inexistencia de verdaderos ministerios apostólicos.
Apocalipsis 2:2 incluso menciona personas:
“Que se dicen ser apóstoles, y no lo son.”
La existencia de falsificaciones presupone al menos que la comunidad cristiana poseía criterios para discernir entre lo auténtico y lo falso.
La solución bíblica no es eliminar el discernimiento, sino desarrollarlo.
10. CRITERIOS PARA RECONOCER UN MINISTERIO APOSTÓLICO AUTÉNTICO
Un apóstol contemporáneo no debe ser reconocido simplemente porque utilice el título.
El Nuevo Testamento enfatiza carácter, fruto, doctrina y servicio.
Entre los criterios que deberían acompañar una función apostólica legítima se encuentran:
fidelidad absoluta a las Escrituras;
centralidad de Jesucristo;
carácter probado;
capacidad de servir y no solamente gobernar;
formación de discípulos y ministros;
establecimiento y fortalecimiento de iglesias;
espíritu misionero y translocal;
ausencia de pretensiones de autoridad canónica;
rendición de cuentas;
y frutos verificables a través del tiempo.
El verdadero liderazgo apostólico no crea dependencia personal. Forma a otros para que puedan desarrollar el propósito de Dios.
No busca construir un imperio alrededor de una personalidad, sino extender el Reino de Cristo.
11. LA REFORMA Y LA DESCONFIANZA HACIA EL LENGUAJE APOSTÓLICO
La Reforma protestante del siglo XVI surgió, entre otras razones, como una reacción contra modelos de autoridad eclesiástica que los reformadores consideraban incompatibles con las Escrituras.
De allí nació el fuerte énfasis expresado en las llamadas Cinco Solas:
Sola Scriptura — solamente la Escritura.
Sola Fide — solamente por la fe.
Sola Gratia — solamente por la gracia.
Solus Christus — solamente Cristo.
Soli Deo Gloria — solamente a Dios sea la gloria.
En ese ambiente histórico, el término “apostólico” estaba profundamente asociado con las pretensiones de sucesión y autoridad desarrolladas por la Iglesia de Roma.
Por ello, muchas comunidades protestantes evitaron progresivamente el título de apóstol.
Sin embargo, el rechazo de una concepción particular de sucesión apostólica no significa necesariamente que deba desaparecer toda dimensión apostólica de la misión cristiana.
El movimiento pentecostal moderno ofrece un interesante ejemplo histórico.
El avivamiento de Azusa Street, iniciado en Los Ángeles a comienzos del siglo XX bajo el liderazgo de William J. Seymour, estuvo asociado con la llamada Apostolic Faith Mission. Posteriormente, varias denominaciones pentecostales adoptaron términos como “misionero”, “superintendente” o “supervisor”, evitando en ocasiones el término “apóstol”, aunque muchos de sus líderes realizaban funciones de plantación, envío y supervisión claramente asociadas con el principio apostólico.
CONCLUSIÓN: FUNDAMENTO Y CONTINUIDAD
La evidencia bíblica permite sostener una distinción fundamental.
Por una parte, existen apóstoles y profetas fundacionales, cuya relación con la revelación bíblica y con el establecimiento inicial de la Iglesia posee un carácter irrepetible.
Ningún apóstol o profeta contemporáneo puede reclamar autoridad equivalente a la Escritura.
Ningún ministro actual puede añadir doctrina al canon.
Ninguna profecía contemporánea puede colocarse por encima de la Biblia.
Pero, por otra parte, el Nuevo Testamento también presenta funciones apostólicas y proféticas dentro de la vida continua de la Iglesia.
Por ello, existe fundamento teológico para afirmar la vigencia de ministerios apostólicos y proféticos subordinados completamente a Jesucristo y a la revelación escrita.
El verdadero apóstol no viene a colocar otro fundamento.
Edifica sobre el que ya fue establecido.
El verdadero profeta no viene a escribir otra Biblia.
Llama al pueblo de Dios a obedecer la que ya ha sido revelada.
El verdadero ministerio apostólico no crea una pirámide de poder para dominar personas.
Forma, equipa, envía y sirve.
Y allí encontramos precisamente una de las expresiones más profundas del Liderazgo Cúbico: autoridad sin autoritarismo, gobierno bajo dependencia de Cristo, verticalidad de valores y horizontalidad de servicio.
El problema de la Iglesia contemporánea no se resuelve eliminando los cinco ministerios debido a sus falsificaciones.
Se resuelve recuperando su diseño bíblico.
Cristo sigue siendo la Piedra Angular.
Los apóstoles y profetas fundacionales establecieron el fundamento.
Y cada generación es llamada a edificar fielmente sobre él hasta que el cuerpo de Cristo alcance la madurez para la cual fue diseñado.
Dr. Luis Tovar�Apóstol y Presidente�Word of Faith World Outreach Ministry, Inc.�DBA Fundación Amando a Toda la Gente�📱 +1 (305) 342-2905�✉️ [email protected]�
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