04/25/2025
El obispo NO es un especialista en salud mental.
Su preparación está centrada en guiarte espiritualmente y ayudarte a fortalecer tu fe, pero no cuenta con formación clínica ni está entrenado como terapeuta. Por eso, si enfrentas desafíos emocionales, mentales u orgánicos, no confíes únicamente en su apoyo. En algunos contextos, ciertas dolencias anímicas o físicas podrían malinterpretarse como una falta de fe o incluso como castigo, lo cual no es correcto.
Esto ya se veía en tiempos antiguos. En Juan 9:2, los discípulos le preguntaron a Jesús sobre un hombre ciego de nacimiento: “Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”. La respuesta del Salvador fue clara: “Ni este pecó, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”.
Ese pasaje nos enseña que el sufrimiento no siempre es consecuencia del pecado, y que muchas aflicciones —incluyendo las enfermedades mentales— requieren atención especializada.
Las causas de los trastornos mentales pueden ser múltiples: factores genéticos, ambientes hostiles, problemas económicos, deficiencias alimenticias, efectos secundarios de medicamentos, traumas, decisiones de otros, o nuestras propias elecciones.
Por eso, los líderes de la Iglesia han alentado a buscar ayuda profesional cuando sea necesario. El élder Jeffrey R. Holland, en su discurso “Como una vasija quebrada”, expresó:
“Si tuvieras apendicitis, Dios esperaría que buscaras una bendición del sacerdocio, pero también que recibieras la mejor atención médica disponible. Lo mismo aplica para los trastornos emocionales”.
Pertenecemos a una Iglesia viva, que avanza y recibe revelación constante. Parte de ese progreso es reconocer que los padecimientos mentales son reales, tienen una base biológica, y merecen el mismo respeto y atención que cualquier otra enfermedad.
En la aplicación Biblioteca del Evangelio, dentro de la sección “Ayuda para la vida”, en el apartado de “Salud mental”, se puede leer lo siguiente:
“No se espera que usted diagnostique ni trate a los miembros que enfrentan dificultades de salud mental, ni se le alienta a hacerlo. Puede escuchar, mostrar empatía y compasión, alentar la búsqueda de tratamiento y conectar a los miembros con recursos. También puede ayudarles a sentirse acogidos, incluidos, y fortalecer su fe en Jesucristo”.
Si deseas apoyar a alguien que está enfrentando un problema de salud mental pero no sabes bien cómo hacerlo, la Iglesia ofrece también algunas sugerencias sobre lo que es mejor evitar decir:
• “Es parte del plan de Dios”
• “Al menos…”
• “A mí me pasó algo similar”
• “Debes servir más”
• “Solo ora o ve al templo”
• “Todo mejorará con el tiempo”
• “Cambia tu actitud”
• “La felicidad es una elección”
Estas frases, aunque bien intencionadas, pueden minimizar lo que la otra persona siente.
En cambio, puedes decir cosas como:
• “No sé qué decir, pero estoy contigo”
• “No tienes que hablar si no quieres, pero quiero que sepas que me importas”
• “Está bien sentirte diferente cada día. No hay una forma única de vivir esto”
• “Lamento mucho que estés pasando por esto”
• “¿Quieres que hablemos un poco al respecto?”
El élder Holland también aconsejó: “Si sienten que la carga continúa pesando, busquen el consejo de personas preparadas, con principios sólidos y capacitación adecuada”.
Ojalá como miembros y líderes podamos ser apoyo real para quienes enfrentan estas luchas. Que aprendamos a reconocer el valor de la salud mental, seamos más sensibles y sepamos responder con amor, empatía y acción.
⚠️ IMPORTANTE:
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuenta con múltiples recursos para quienes enfrentan dificultades relacionadas con la salud mental. Puedes encontrar más información en la sección “Temas del Evangelio” de la app Biblioteca del Evangelio.