05/30/2026
Diana Moreno nos comparte un hermoso y esperanzador testimonio de cómo Dios puede transformar el dolor en un camino de encuentro, amor y esperanza.
Cuando era pequeña, vivió una de las pérdidas más difíciles: el fallecimiento de su mamá. Junto con sus hermanos, se fue a vivir con unos tíos. Aunque continuaba con su vida, en su corazón había un vacío profundo, una sensación constante de que algo hacía falta.
Fue por iniciativa de su tía —y quizá al principio sin imaginar lo que Dios tenía preparado para ella— que participó en un Seminario de Vida. Lo que parecía una invitación más, terminó convirtiéndose en un verdadero encuentro con el amor de Dios.
A partir de esa experiencia, algo comenzó a transformarse profundamente en su interior. Aquella joven tímida y reservada empezó a experimentar una alegría nueva, una paz distinta, una libertad que no había conocido antes. Poco a poco, la vergüenza comenzó a desaparecer y en su corazón nació una esperanza viva.
Pero la transformación no quedó solo en ella. Su relación con la familia comenzó a cambiar y descubrió el regalo de la comunidad: personas que, al igual que ella, habían vivido heridas, pérdidas y momentos difíciles, pero que caminaban sostenidas por la fe.
Sin embargo, hubo algo que marcó profundamente su vida: descubrir que Jesús había entregado su vida por amor a ella, que también había sufrido y comprendía su dolor. Ese encuentro con el amor de Cristo fue un parteaguas, un momento que transformó su manera de ver la vida y le permitió comprender que, aun en medio de las heridas, Dios nunca deja de sostenernos.
Hoy, Diana nos recuerda que, aunque haya momentos donde pareciera faltar algo en el corazón, cuando dejamos entrar a Jesús, Él llena nuestros vacíos, sana nuestras heridas y nos hace descubrir que siempre hay razones para la esperanza.
Gracias Diana por este hermoso testimonio y gracias a Lupita Galván por la interpretación en Lengua de Señas.
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