09/05/2026
Hace poco, mientras nos bañábamos en el mar, mi esposo me compartió que algo que yo había dicho lo había hecho sentir mal.
Mi primera reacción fue defenderme. Sentía que no había hecho nada malo y que las cosas no habían sucedido como él las veía. Me costaba escucharlo porque reconocerlo también significaba aceptar que podía haberlo herido.
Después, cuando pude calmarme, volví a mirar su rostro y comprendí desde dónde me hablaba. No quería acusarme ni hacerme sentir culpable. Me hablaba el hombre que amo, quien me ha prometido permanecer conmigo en lo bueno y en lo malo. Me corregía porque me ama y porque desea cuidar nuestro matrimonio.
Al leer hoy las palabras de san Pablo, sentí esa misma ternura. San Pablo no corrige a los corintios para avergonzarlos, sino como un padre que ama a sus hijos y desea ayudarlos a crecer. Entonces pensé que quizás Jesús también me corrige así. Con paciencia, toca mi soberbia, mi resistencia a escuchar y esa necesidad que tengo de querer controlarlo todo. Pero no lo hace para humillarme, sino para enseñarme a confiar.
En el Evangelio, los discípulos caminan con hambre y Jesús no rechaza su necesidad. Los defiende. Comprendí que Él tampoco quiere arrancar de mi corazón los anhelos buenos que llevo dentro. Quiere corregir con ternura la manera en que intento cargarlos y controlarlos.
Confiar no significa dejar de anhelar. Significa llevarle mi deseo sin exigir decidir cómo ni cuándo será respondido. Por eso, cuando la preocupación vuelve, repito: Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío. Poco a poco, mi corazón descansa y recuerda que Él ya está cuidando de mí.
Hermanas, pidámosle al Señor que nos permita reconocer Su rostro de amor cuando nos corrige y confiarle, sin miedo, el hambre de nuestro corazón. Recemos juntas:
Querido Jesús, vuelvo a escucharte, aunque al principio me defienda y no quiera reconocer lo que deseas mostrarme. Gracias por quererme, por corregirme y por acoger este anhelo sin avergonzarme. Gracias por caminar conmigo y cuidarme. Te quiero mucho. Amén.
// Arianna Santamaría