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11/28/2022

LOS CHINOS. Búscate un chino que te ponga.....
(Publicado por D. Jácome)

Todo comienza el 2 de enero de 1847, con la duodécima luna, a los 47 años del emperador Tu Kong y cuando más de 300 culíes chinos embarcaron en la fragata “Oquendo”, en el puerto de Amoy. Iban vestidos con sus pantalones y camisas, bastas y muy anchas, y su sombrero cónico de bambú tejido… el atuendo ideal para un buen agricultor. Todos con la ilusión de un regreso, cargados de gloria y de dinero, para mitigar la miseria familiar. Su destino era una cálida posesión española del agitado Mar Caribe: Cuba.

Ciento cuarenta y dos días después, el 3 de Junio de 1847, los 206 sobrevivientes de la ingente travesía entraban en el puerto de La Habana, observando con júbilo la boca estrecha de la bahía, sus magníficas defensas de piedra y los árboles verdísimos de aquella ciudad de sueños y sol eterno.

Apenas diez días después de la llegada del “Oquendo” con su carga de nuevos esclavos, la bahía de La Habana recibía un segundo cargamento de 365 chinos, salidos también de Amoy, a bordo del “Duke of Arguile”.

De este modo, y a pesar de que casi la quinta parte de los culíes morían durante la travesía, en 1853 ya habían entrado a Cuba más de 5 mil, y entre 1853 y 1873 llegaron otros 132,453 en condiciones de contratados. La gran mayoría de ellos eran hombres, como lo demuestra el censo de 1861. Una mujer por cada 681 hombres. Ante esa situación, era fácil para cualquier mujer de la Isla conseguir los amores y el soporte económico de un chino. De esa época, el dicho…“búscate un chino que te ponga un cuarto”...

¿Quién no recuerda la canción infantil que dice “Un chino cayó en un pozo, las tripas se hicieron agua”? Pues sepa que en la etapa en que los chinos en Cuba eran sometidos a condiciones tan terribles de explotación, casi de esclavitud, muchos no las soportaron y ante el fracaso, se realizaron suicidios colectivos lanzándose en pozos… hecho que recoge ingenuamente esa canción… No obstante ser idólatras, tenían tal noción de la dignidad humana, que no se sometían a la indignidad del castigo corporal. Sí un peón chino es azotado, alguien debe morir: bien el peón mismo—entre ellos era muy común el suicidio, o el ejecutor de la indignidad, o algún otro, de acuerdo con sus extraños principios de castigo.

Ya estando el comercio de esclavos abolido en Cuba, los brazos disponibles para el trabajo no respondían a la demanda. Entonces se introdujeron peones chinos con buen resultado para los hacendados, pero no para los pobres chinos. Se asegura que antes de la mitad del siglo XIX ya había 200,000 de ellos en Cuba.

Se les puede ver en todas partes; los recién llegados, con su traje típico y rapada la cabeza; pero todos los demás, usando pantalones y chaquetas, sombreros de paja y dejándose crecer el pelo.

En el libro “Cuba a pluma y lápiz” de Manuel Hazar nos comenta:
“...En las minas situadas en una región salvaje y montañosa, en un valle formado por las montañas del Cobre, llegamos al lugar donde estaban excavando en la roca, con la esperanza de encontrar la perdida vena. Dedicábanse a dicho trabajo tres o cuatro chinos completamente desnudos, de cuyos cuerpos chorreaba el sudor mientras usaban sus picos y taladros para arrancar pedazos de la roca….” Quizás no somos capaces de imaginarnos el maltrato a que fueron sometidos.

Ya en 1858, en Zanja esquina a Rayo, justo donde luego estaría el mismo centro del barrio chino habanero, Cheng Leng, un asiático que tenía fama de ladino y portaba documentos a favor de Luis Pérez, abrió una pequeña casa de comidas chinas. Su ejemplo fue seguido por muchos. A partir de entonces, en los alrededores de las calles Zanja, Dragones, San Nicolás, Rayo, comenzaron a asentarse una serie de chinos vendedores ambulantes de viandas, frutas, verduras, carne, prendas, quincallería y loza…

Había nacido el barrio chino de La Habana.

Hacia 1870 se hace evidente en La Habana la presencia de algunos chinos adinerados emigrados de California USA, chinos “californianos”, que en marzo de ese año abren la primera casa importadora de efectos de Asia. Sus dueños eran los banqueros Ley Weng, Youy Shan y Lan Ton. Al mes siguiente, en la esquina de Sol y Villegas, se instala la casa “Con San Tong”, el segundo gran comercio chino, fundado con un capital de 50 mil pesos.

Para 1874, en Dragones No. 40, abre sus puertas el primer gran restaurante chino de La Habana, con platos “asiáticos”… inventados en San Francisco, pues los comerciantes sabían bien que sus auténticos menús de pescado seco y ahumado, arroz y vegetales verdes, sazonados con apio, jengibre, ajonjolí y huérfanos de sal, serían un fracaso para el gusto occidental.
Nacen así las “comidas chinas” que se harán famosas en todo el mundo.

Pero de los chinos, queda mucho por contarles…

CUBA EN LA MEMORIA 2012

10/22/2022
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10/19/2022

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