10/12/2026
Reflexión por Noemi Dominguez:
«Esdras se había dedicado por completo a estudiar la ley del Señor, a ponerla en práctica y a enseñar sus preceptos y normas a los israelitas.» — Esdras 7:10, NVI. En capítulos anteriores vimos que los ojos de Dios estaban sobre Su pueblo; ahora Esdras experimenta repetidamente «la mano bondadosa de su Dios» sobre él. El viaje desde Babilonia hasta Jerusalén duró varios meses, pero Esdras llegó con bien porque Dios lo acompañaba [versículo 9]. Sin embargo, el texto relaciona esa mano bondadosa con una decisión que Esdras había tomado mucho antes del viaje: había preparado su corazón para estudiar la Palabra de Dios, practicarla y enseñarla. El orden es importante. Primero estudió; después obedeció; finalmente enseñó. Es fácil invertirlo y querer enseñar aquello que apenas conocemos, o explicar a otros aquello que todavía no procuramos vivir. La autoridad espiritual no proviene solamente de cuánto sabemos, sino de permitir que la Palabra pase de nuestra mente a nuestra conducta antes de salir de nuestra boca. Al final del capítulo, Esdras vuelve a reconocer que fue Dios quien movió el corazón del rey y le concedió favor delante de sus autoridades. Por eso pudo decir: «fortalecido por la mano de mi Dios sobre mí, reuní a los principales de Israel» [versículo 28]. Señor, dame hambre por tu Palabra, voluntad para obedecerla y humildad para compartirla. **Estudia la Palabra, practícala y compártela; mientras lo haces, confía en que la bondadosa mano de Dios seguirá fortaleciéndote.
Esdras 7: Esdras y sus compañeros llegan a Jerusalén For English click here. 1 Durante el reinado de Artajerjes, rey de Persia, vivió un hombre llamado Esdras, hijo de Seraías, que era descendiente en línea directa de Azarías, Jilquías, 2 Salún, Sadoc, Ajitob, 3 Amarías, Azarías, Merayot, ...