06/02/2026
EL DOGMA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
La palabra Trinidad es la unión de dos palabras: tri (tres), unidad. Es decir que se trata de la unidad de tres en una sola entidad. En el caso de la fe católica, la Trinidad es la forma en que llamamos a Dios por Uno y a la vez Trino, ya que se trata de tres personas distintas (Padre, Hijo y Espíritu Santo), que a la vez son un único Dios Verdadero.
La palabra Trinidad no la encontraremos en la biblia. Es tan sólo una palabra que se ha definido a partir de varios pasajes en las escrituras, que nos llevan a concluir que Dios es Trino. Además, no olvidemos que la biblia no es un diccionario, y que además está incompleta, ya que le faltan muchísimos libros (Jn 21,25). Son otros los que esperan que todo esté escrito literalmente en la biblia.
Cuando leemos Gen 1,26 vemos a Dios hablando en plural: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Dios no está hablando con los ángeles, ya que ellos no son Dios, sino que son solamente criaturas, y las criaturas no tienen poder creador alguno. El único creador es Dios, y es Él quien está creando al hombre a imagen y semejanza Suya, pero Dios está hablando con otros. Habla en plural, de manera que no se trata de una única persona.
En Gen 3,22 vemos a Dios hablando de nuevo en plural, cuando dice “el hombre es como uno de nosotros… que no alargue su mano y también tome del árbol de la vida…” Cuando dice “uno de nosotros” no está hablándoles a los ángeles, ya que los hombres hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios, no de ninguna de sus criaturas. Por ende, Dios no es una única persona.
En Gen 18 leemos sobre la visita de tres personajes en la tienda de Abrahán. En los versículos 5 y 9 podemos leer que los tres hombres hablan con Abrahán a la vez, como una sola persona, es decir que no habla solamente uno de ellos, sino que los tres. Más adelante podemos ver cómo se menciona a los tres en la persona de uno, con el nombre de Yahveh, a pesar de que los tres siguen ahí en compañía de Abrahán.
En el Nuevo Testamento volvemos a ver a la Trinidad en Mt 28,19. También la vemos en Jn 14,16-17 donde Jesús dice que Él rogará al Padre para que envíe al Paráclito, que es el Espíritu de Verdad. También tenemos Lc 1,35 donde el ángel le dice a María que el Espíritu Santo vendrá sobre ella, y el poder del Altísimo la cubrirá, y por eso el que ha de nacer será llamado Hijo de Dios. Vemos que el actuar del poder de Dios Padre, junto con el del Espíritu Santo, hacen que María quede milagrosamente embarazada de Jesús, quien será llamado Hijo de Dios. Esto solo es posible porque el Espíritu Santo también es Dios, junto con Dios Padre, por eso Jesús es enteramente Hijo de Dios. En 2 Cor 13,13 San Pablo menciona a Jesucristo, a Dios Padre y al Espíritu Santo, de forma individual, sin hacer distinción si uno es Dios y el otro no. Y hay muchas más citas en las escrituras, donde las tres personas de la Santísima Trinidad son mencionadas.
Ya sabemos que algunos toman Jn 10,30 para tratar de derribar la existencia de la Santísima Trinidad con un único versículo. Pero en esos casos hay que leer el capítulo entero para entender de qué se está hablando en ese solitario versículo. Es importante hacer esto para no caer en interpretaciones fuera de contexto, que es el error más común en las sectas protestantes. En el caso de Jn 10,30 Jesús no está diciendo que Él es también Dios Padre, sino que está contestándoles a los judíos acerca de Su naturaleza divina. Si leemos desde el versículo 24, veremos que la respuesta de Jesús es para decirles, sin decírselos directamente, “El Padre y Yo somos de la misma naturaleza, o sea Yo también soy Dios, junto con mi Padre”. Y luego, si leemos desde el versículo 31 hasta el 33 veremos la verdadera razón por la que los judíos mataron a Jesús: por decir que Él es Dios al haberse proclamado Hijo de Dios. Esto último lo podemos reconfirmar en Mt 26,63-66.
La proclamación de Jesús en San Juan 10,30 no se puede interpretar como que Jesús dijo que Él es en realidad Dios Padre, sino que, al proceder Jesús de Dios Padre, o sea al tener una misma naturaleza con Él, Jesús, como segunda persona de la Santísima Trinidad, es también Dios. Y dado que el Espíritu Santo también proviene de Dios, entonces también es Dios (Lc 1,35; Jn 15,26). Y que el Espíritu Santo es una persona lo vemos en Ef 4,30 donde San Pablo nos advierte de no entristecer al Espíritu de Dios. Solo las personas se entristecen, por ende, el Espíritu Santo es una divina persona.
ALGUNAS OBJECIONES PROTESTANTES (CITAS)
Dt 32,39; Is 44,6; 44,8 – Yahveh declara que no hay otros dioses con Él ni fuera de Él, lo cual no niega la Santísima Trinidad, en especial porque la Trinidad no propone la existencia de “tres dioses”, sino que solamente Uno, pero a la vez Trino. El misterio de la Santísima Trinidad no se comprende con mente aritmética, sino con el corazón abierto al Señor.
Jn 8,54 – Jesús habla del Padre en tercera persona, lo cual más bien reafirma las individualidades del Padre y de Jesús, como personas distintas. Y de paso les aclara a los judíos que lo cuestionan que, aunque ellos dicen creer en Dios, en realidad no es así.
Mt 24,36 – “Nadie sabe la hora, ni siquiera el Hijo, sino que sólo el Padre.” Este pasaje no demuestra que Jesús no es Dios. Por ende, tampoco anula el dogma de la Santísima Trinidad. No hay evidencia alguna en las Escrituras que indique que esa afirmación de Jesús hizo que dudaran de su divinidad. Este pasaje tan sólo nos comprueba una cosa: que la revelación se da de manera continua, a través del Hijo. De modo que, si el Hijo nos dice que no sabe el día, ni la hora, es porque el Padre aun no nos ha hecho esa revelación por medio de Su Hijo. En otras palabras, debe bastarnos con lo poco que nos ha sido revelado, sobre todo porque Dios no está obligado a revelarnos todo, por nuestra propia salvación. Cualquier interpretación de ese pasaje, en clave de negar la divinidad de Cristo, siempre será un tremendo error.
1 Cor 8,6 – San Pablo reafirma la divinidad de Cristo al referirse a Él como nuestro Señor. La palabra usada por Pablo es κυριος, Kyrios, que es la palabra en griego para referirse a Dios. Es la misma palabra usada por Santa Isabel en Lc 1,43 cuando ella llama a María “Madre de mi Señor”. Este es más bien otro pasaje que sirve para definir individualmente las divinas personas del Padre y de Jesús.
Ef 1,17 – Este es otro pasaje que más bien afirma la Trinidad, porque nos presenta a Dios Padre, al Señor (Kyrios) Jesucristo, y al Espíritu de Sabiduría. Que San Pablo diga que Dios Padre es el Dios de nuestro Señor Jesucristo no anula la definición de la Santísima Trinidad. Tan sólo muestra, una vez más, a quién se debía Jesús en obediencia, al punto de rogar que pasara lejos de Él aquel trago amargo, pero que no dejara de cumplirse la voluntad del Padre (San Mateo 26,39).
Ap 3,12 – Jesús llama a Dios Padre “mi Dios”. Acá ocurre lo mismo que en Ef 1,17. Jesús menciona “el templo de mi Dios”, o sea que se refiere a la Casa del Padre, en donde todos los que sean escogidos por Cristo para la salvación, morarán eternamente. Esa es la Casa de muchas habitaciones que Jesús menciona en Jn 14,2. Que Jesús llame a Dios Padre “mi Dios”, no anula ni la divinidad de Cristo, ni la Santísima Trinidad, sino que nos enseña cómo debemos llamar al Padre.
Tres personas distintas, un solo Dios verdadero. El misterio de la Santísima Trinidad es imposible de explicar con los limitados medios humanos que tenemos en este mundo. Si acaso, podemos atrevemos a hacer alguna analogía que, aunque siempre imperfecta, tal vez nos sirve un poco. Aunque a nosotros siempre nos ocurrirá como a San Agustín y el ángel, que en forma de niño trataba de vaciar el agua del mar. San Agustín le dijo que eso era imposible. El ángel le contestó: "Y así de imposible es lo que tú haces, tratar de comprender el misterio de la Santísima Trinidad."
Pax et bonum
Sobre la divinidad de Jesucristo
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La Santísima Trinidad
https://es.catholic.net/op/articulos/57874/cat/444/la-santisima-trinidad-.html
Doce claves para comprender el dogma de la Santísima Trinidad
https://es.catholic.net/op/articulos/65621/12-claves-para-comprender-el-dogma-de-la-santisima-trinidad