St. Cecilia Parish Stl

St. Cecilia Parish Stl St. Cecilia is a Catholic Church located in South St. Louis City. It is a Hispanic personal parish.
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03/13/2026
Trofimo y Talo eran dos hermanos, naturales de Estratónica, detenidos por ser cristianos, durante la persecución de Dioc...
03/11/2026

Trofimo y Talo eran dos hermanos, naturales de Estratónica, detenidos por ser cristianos, durante la persecución de Diocleciano. Se intentó lapidarlos, pero las piedras no llegaron a tocarlos; parecían estar protegidos por un escudo invisible que le hubiera enviado Dios. Sorprendido el prefecto por este prodigio, dejó libres a los mártires, pero poco después fueron denunciados como cristianos y como ellos hicieran pública profesión de su fe en Jesús, se les condenó a morir despedazados por los garfios. Los santos fueron atados a sendos caballetes y los verdugos comenzaron a arrancar trozos de sus cuerpos. En medio de los tormentos, no hacían sino rezar y burlarse de los paganos de modo que el prefecto ordenó que los crucificaran. Cuando por fin expiraron, los fieles recogieron los cuerpos y les dieron piadosa sepultura.

Fuente: Aci Prensa

Un destacamento de soldados que sufrió una cruel muerte por su fe, cerca de Sebaste, en Armenia Menor, víctima de las pe...
03/10/2026

Un destacamento de soldados que sufrió una cruel muerte por su fe, cerca de Sebaste, en Armenia Menor, víctima de las persecuciones de Licinio, quien, después del año 316, persiguió a los cristianos de Oriente. El relato más antiguo de su martirio se da por San Basilio, obispo de Cesarea (370-79), en una homilía pronunciada en la fiesta de los cuarenta mártires (Hom. xix en P.G., ###I, 507 y ss.). La fiesta es por consiguiente más antigua que el episcopado de Basilio, cuyo elogio de ellos se pronunció sólo cincuenta o sesenta años después del martirio, que es así histórico más allá de toda duda. Según San Basilio, cuarenta soldados que se habían confesado abiertamente cristianos fueron condenados por el prefecto a ser expuestos desnudos sobre un estanque helado cerca de Sebaste en una noche terriblemente fría, para que murieran congelados. Entre los confesores, uno cedió y, abandonando a sus compañeros, buscó los baños calientes junto al lago que se habían preparado para el que se mostrara inconstante. Uno de los guardias puestos para vigilar a los mártires contempló en ese momento un resplandor sobrenatural que les cubría y enseguida se proclamó cristiano él mismo, se despojó de sus vestidos, y se colocó junto a los treinta y nueve soldados de Cristo. Así el número de cuarenta siguió completo. Al amanecer, los rígidos cuerpos de los confesores, que aún daban signos de vida, fueron quemados y sus cenizas arrojadas a un río. Los cristianos, sin embargo, recogieron los preciosos restos, y las reliquias fueron distribuidas por muchas ciudades; de esta manera la veneración prestada a los cuarenta mártires se extendió, y se erigieron numerosas iglesias en su honor.

Una de ellas se construyó en Cesarea de Capadocia, y fue en esta iglesia donde San Basilio pronunció públicamente su homilía. San Gregorio de Nisa fue un devoto especial de estos santos mártires. Dos discursos en alabanza suya, predicados por él en la iglesia dedicada a ellos, se conservan aún (P.G., XLVI, 749 y ss., 773 y ss.) y a la muerte de sus padres, los enterró junto a las reliquias de los confesores. San Efrén el sirio también elogió a los cuarenta mártires (Hymni in SS. 40 martyres). Sozomeno, que fue testigo presencial, nos ha dejado (Hist. Eccl., IX, 2) un interesante relato del descubrimiento de las reliquias en Constantinopla gracias a la emperatriz Pulqueria. Una especial devoción a los cuarenta mártires de Sebaste se introdujo en fecha temprana en Occidente. San Gaudencio, obispo de Brescia a comienzos del Siglo V (mu**to hacia 410 o 427), recibió partículas de las cenizas de los mártires durante un viaje a Oriente, y las colocó con otras reliquias en el altar de la basílica que había erigido, en cuya consagración pronunció un discurso, aún existente (P.L., XX, 959 y ss.). Cerca de la iglesia de Santa Maria Antiqua en el Foro Romano, construida en el Siglo V, se encontró una capilla, construida, como la propia iglesia, en un antiguo sitio, y consagrada a los cuarenta mártires. Una pintura, aún conservada allí, que data del Siglo VI o VII, pinta la escena del martirio. Los nombres de los confesores, tal como los encontramos también en fuentes posteriores, estaban antiguamente inscritos en este fresco. Las actas de estos mártires, escritas posteriormente, en griego, siríaco y latín, se conservan aún, también un “Testamento” de los cuarenta mártires. Su fiesta se celebra en la Iglesia Griega, tanto como en la Latina, el 9 de Marzo.

Fuente: Aci Prensa

(Bussa di Leoni.) Una de las más grandes místicas del Siglo XV; nació en Roma de una noble familia, en 1384; murió allí ...
03/09/2026

(Bussa di Leoni.) Una de las más grandes místicas del Siglo XV; nació en Roma de una noble familia, en 1384; murió allí el 9 de marzo de 1440. Su deseo desde la juventud fue entrar a participar en la religión, pero cumpliendo el deseo de su padre, se casó a la edad de doce años con Lorenzo de Ponziani. Entre sus descendientes sabemos de Battista, quien llevó el nombre de la familia, Evangelista, un niño de notables dotes (murió en 1411) y Ages (murió en 1413).

Frances fue muy reconocida por su caridad para con los pobres, y su cuidado de almas. Ella hizo que muchas damas romanas abandonaran su vida de frivolidad, e hizo que se reunieran a una asociación adscrita al monasterio benedictino de Santa María Nuova. Más tarde se transformó en la Congregación Benedictina de Tor Di Specchi (25 de marzo de 1433), la que tuvo la aprobación de Eugenio IV (4 de julio de 1433).

Sus integrantes siguieron una vida religiosa, pero sin llegar a tomar los votos estrictos de clausura, y fueron muy activos en las oraciones y trabajos. Con el consentimiento de su esposo, Fraces practicó la continencia y avanzó en la vida contemplativa. Sus visiones generalmente tomaron la forma de dramas en los que participaban personajes celestiales. Tenía el don de milagros y de éxtasis, además de la visión de su ángel guardián. Tuvo revelaciones respecto al purgatorio y el in****no; llegó a predecir el cisma de la condición occidental.

Ella podía leer los secretos de las consciencias y detectar intrigas de origen diabólico. Fue muy notable por su humildad y desapego, su obediencia y paciencia, ejemplificadas con ocasión del destierro de su esposo, el cautiverio de Battista, la muerte de su hijo, y la pérdida de todas sus propiedades.

A la muerte de su esposo (1436) se retiró con sus compañeras de Tor de Specchi, buscando admisión por caridad, y se hizo superiora. Con ocasión de una visita de su hijo, cayó enferma y murió el día que había predicho. Su canonización fue establecida en tres procesos (1440, 1443, y 1451) y Paulo V la declaró santa, el 9 de mayo de 1608, asignando el día 9 de marzo como el correspondiente a su festividad. Mucho antes de eso, no obstante, los fieles fueron a venerar su cuerpo a la iglesia de Santa María Nuova en el Foro Romano, ahora conocida como la iglesia de Santa Francesca Romana.
Fuente: Aci Prensa

Llamado por los polacos como "el pacificador", fue el tercero de los trece hijos de Casimiro IV, rey de Polonia y de Isa...
03/04/2026

Llamado por los polacos como "el pacificador", fue el tercero de los trece hijos de Casimiro IV, rey de Polonia y de Isabel de Austria. Muy devoto desde la infancia, Casimiro se consagró a la oración y penitencia, rechazando toda blandura consigo mismo. Casimiro vivía siempre en la presencia de Dios y era tranquilo, alegre y simpático a todos. Su amor a Dios se traducía en amor a los pobres, que son miembros de Cristo.

Por obediencia a su padre, Casimiro tuvo que partir a la frontera con Hungría, como cabeza de ejército para defender a los nobles de ese país de su antiguo y tirano rey, sin embargo no tuvo mucho éxito y ante el temor de iniciar una nueva e injusta guerra, el santo prefirió entregarse nuevamente al estudio y la oración y renegar de tomar las armas, pese a los ruegos de su padre y de los nobles. Asimismo, en la corte se habló de casarlo con la hija del emperador Federico III, pero Casimiro no quiso ni pensar en renunciar al celibato que se había impuesto. Las austeridades que practicaba agravaron la enfermedad de los pulmones que padecía y Casimiro murió en 1484, cuando no tenía sino 23 años de edad.

Fuente: Aci Prensa

Durante la controversia monofisita, que aún proseguía en el Imperio de Oriente, Simplicio defendió vigorosamente la inde...
03/02/2026

Durante la controversia monofisita, que aún proseguía en el Imperio de Oriente, Simplicio defendió vigorosamente la independencia de la Iglesia contra el cesaropapismo de los gobernantes bizantinos y la autoridad de la Sede Apostólica en cuestiones de fe. El canon vigésimo-octavo del Concilio de Calcedonia (451) concedía a la sede de Constantinopla los mismos privilegios de honor que se disfrutaban por el obispo de Roma, aunque la primacía y el rango supremo de honor se debieran a este último. Los legados papales protestaron contra esta elevación del Patriarca Bizantino, y el Papa León sólo confirmó los decretos dogmáticos del Concilio. Sin embargo, el Patriarca de Constantinopla pretendía poner en vigencia el canon, y el emperador León II deseaba conseguir su confirmación por parte de Simplicio. Este último, sin embargo, rechazó la petición del emperador y se opuso a la puesta en ejecución del canon, que además limitaba los derechos de los antiguos patriarcados orientales.

La rebelión de Basilisco, que en 476 condujo al exilio al emperador Zenón y se apoderó del trono bizantino, intensificó la disputa monofisita. Basilisco buscó el apoyo de los monofisitas, y dio permiso a los patriarcas monofisitas depuestos, Timoteo Ailuros de Alejandría y Pedro Fullón de Antioquía, para que volvieran a sus sedes. Al mismo tiempo publicó un edicto religioso (Enkyklikon) dirigido a Ailuros, que ordenaba que sólo se aceptaran los tres primeros sínodos ecuménicos, y rechazaba el Sínodo de Calcedonia y la Carta del Papa León. Todos los obispos debían firmar el edicto. El obispo de Constantinopla, Acacio (desde 471), vacilaba y estuvo a punto de proclamar este edicto. Pero la firme posición tomada por el pueblo, influido por los monjes que eran rígidamente católicos en sus opiniones, movió al obispo a oponerse al emperador y a defender la fe amenazada. Los abades y sacerdotes de Constantinopla se unieron al Papa Simplicio, que hizo todos los esfuerzos para mantener el dogma católico y las definiciones del Concilio de Calcedonia. El Papa exhortó a la leal adhesión a la verdadera fe en cartas a Acacio, a los sacerdotes y abades tanto como al propio usurpador Basilisco. En una carta a Basilisco de 10 de Enero de 476, Simplicio dice de la sede de Pedro en Roma: “Esta misma norma de doctrina apostólica se mantiene firmemente por sus sucesores (los de Pedro), a quien el Señor confió el cuidado de todo el rebaño de ovejas, a quien prometió no dejarle hasta el fin de los tiempos” (Thiel, “Rom. Pont.”, 182).De la misma manera emprendió con el emperador el estudio de la causa del patriarca católico de Alejandría, Timoteo Solofaciolo, que había sido suplantado por Ailuros. Cuando el emperador Zenón en 477 expulsó al usurpador y logró de nuevo la supremacía, envió al Papa una confesión de fe completamente católica, después de lo cual Simplicio (9 de Octubre de 477) le felicitó por su restauración en el poder y le exhortó a atribuir la victoria a Dios, que deseaba de este modo restaurar la libertad de la Iglesia. Zenón retiró los edictos de Basilisco, desterró a Pedro Fullón de Antioquía y repuso a Timoteo Solofaciolo en Alejandría. No molestó a Ailuros por su avanzada edad, y de hecho éste murió pronto. Los monofisitas de Alejandría presentaron entonces a Pedro Mongo, el antiguo arcediano de Ailuros, como su sucesor. Urgido por el Papa y los católicos orientales, Zenón ordenó el destierro de Pedro Mongo, pero éste pudo esconderse en Alejandría, y el miedo a los monofisitas impidió el uso de la fuerza. En un momento de debilidad el propio Solofaciolo había permitido la colocación del nombre del patriarca monofisita Dióscoro en los dípticos que debían leerse en los oficios de la iglesia. El 13 de marzo de 478, Simplicio escribió a Acacio de Constantinopla que se debía instar a Solofaciolo para que borrara la ignominia que había atraído sobre sí mismo. Este último envió legados y cartas a Roma para dar satisfacción al Papa. A solicitud de Acacio, que todavía se mostraba activo contra los monofisitas, el Papa condenó de manera nominativa a los herejes Mongo, Fullón, Pablo de Éfeso y Juan de Apamea, y delegó en el Patriarca de Constantinopla para que fuera su representante en esto. Cuando los monofisitas de Antioquía suscitaron una revuelta en 479 contra el Patriarca Esteban II, y lo mataron, Acacio consagró a Esteban III, y después a Calendio como sucesores de Esteban. Simplicio hizo una enérgica petición al emperador de que castigara a los asesinos del Patriarca, y reconvino también a Acacio por excederse en sus competencias al llevar a cabo esta consagración; al mismo tiempo, no obstante, el Papa le concedió la necesaria dispensa. Tras la muerte de Solofaciolo, los monofisitas de Alejandría eligieron de nuevo patriarca a Pedro Mongo, mientras los católicos elegían a Juan Talaia. Tanto Acacio como el emperador, al que aquél influía, se oponían a Talaia, y tomaron partido por Mongo. Mongo fue a Constantinopla a promover su causa. Acacio y él acordaron una fórmula de unión entre los católicos y los monofisitas que fue aprobada por el emperador Zenón en 482 (Henotikon). Talaia había enviado embajadores al Papa Simplicio para notificar al Papa su elección. Sin embargo, al mismo tiempo, el Papa recibió una carta del emperador en la que se acusaba a Talaia de perjurio y soborno y se hacía una petición de reconocimiento de Mongo. Simplicio, por tanto, aplazó reconocer a Talaia, pero protestó enérgicamente contra la elevación de Mongo al Patriarcado de Alejandría. Acacio, sin embargo, mantuvo su alianza con Mongo y pretendió prevalecer sobre los obispos orientales para introducirlo en la comunión de la Iglesia. Durante mucho tiempo Acacio no envió información de ninguna clase al Papa, así que éste se lo reprochó severamente en una carta. Cuando finalmente Talaia vino a Roma en 483 Simplicio ya había mu**to.

Simplicio también ejerció un celoso cuidado pastoral en Europa Occidental, no obstante las difíciles circunstancias de la Iglesia durante los desórdenes de las migraciones. Publicó decisiones sobre cuestiones eclesiásticas, nombró al obispo Zenón de Sevilla vicario papal en España, de forma que las prerrogativas de la sede papal pudieran ejercerse en el propio país para beneficio de la administración eclesiástica. Cuando el obispo Juan de Rávena reclamó en 482 la diócesis de Mutina como sufragánea de su sede metropolitana, y sin más consagró al obispo Jorge para esta diócesis, Simplicio se le opuso vigorosamente y defendió los derechos de la sede papal. Simplicio fundó cuatro iglesias nuevas en la propia Roma. Un enorme edificio construido en forma de rotonda en la colina del Celio se convirtió en una iglesia y se dedicó a San Esteban; la parte principal de este edificio aún existe como la iglesia de San Stefano Rotondo. Un bello edificio próximo a la iglesia de Santa Maria Maggiore fue dado a la Iglesia Romana y convertida por Simplicio en una iglesia dedicada a San Andrés con la añadidura de un ábside adornado con mosaicos; ya no existe (cf. de Rossi, “Bull. Di archeol. crist.”, 1871, 1-64). El Papa construyó una iglesia dedicada al protomártir, San Esteban, detrás de la iglesia conmemorativa de San Lorenzo in Agro Verano; esta iglesia ya no está en pie. Hizo una cuarta iglesia construida en la ciudad en honor de Santa Balbina, “juxta palatium Licinianum”, donde estaba su tumba; esta iglesia aún subsiste. Para asegurar la celebración regular de los servicios de la iglesia, de la administración del bautismo, y de la disciplina de la penitencia en las grandes iglesias de las catacumbas fuera de las murallas de la ciudad, a saber las iglesias de San Pedro (en el Vaticano), de San Pablo en la Via Ostiensis, y de San Lorenzo en la Via Tiburtina, Simplicio ordenó que el clero de tres distritos de la ciudad se hiciera cargo, en un orden establecido, de las funciones religiosas en estas iglesias de las catacumbas. Simplicio fue enterrado en San Pedro del Vaticano. El “Liber Pontificalis” da el 2 de Marzo como día del entierro (VI non.); probablemente deba leerse 10 de Marzo (VI id.). Después de su muerte el rey Odoacro deseó influir en la provisión de la sede papal. El prefecto de la ciudad, Basilio, afirmó que antes de su muerte el Papa Simplicio le había pedido que emitiera la orden de que nadie debía ser consagrado obispo de Roma sin su consentimiento (cf. referente a la regulación Thiel, “Epist. Rom. Pont.”, 686-88). El clero romano se opuso a este edicto que limitaba su derecho de elección. Mantenían la vigencia del edicto, publicado por el emperador Honorio a instancias del Papa Bonifacio I, de que sólo podía ser considerado como legítimo obispo de Roma la persona que fuera elegida de acuerdo con la forma canónica con la aprobación divina y el consentimiento universal. Simplicio fue venerado como santo; su fiesta es el 2 de marzo.

Fuente: Aci Prensa

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02/26/2026

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