09/05/2026
...la auténtica masculinidad se encuentra en la valentía, el sacrificio silencioso, la fe inquebrantable y el amor abnegado al prójimo.
La verdadera masculinidad no se mide por la fuerza bruta ni por la dominación, sino por la capacidad de entregar la vida y servir a los demás hasta el extremo, tal como lo demostró el Venerable Padre Emil J. Kapaun.
Durante la Guerra de Corea, este valiente capellán del Ejército de los Estados Unidos encarnó el Evangelio en medio de las condiciones más inhumanas. Cuando su unidad fue rodeada, se negó a evacuar y decidió quedarse atrás para atender a los soldados heridos en el campo de batalla.
Desafiando el peligro constante, corrió entre el fuego enemigo para arrastrar a los caídos hacia un lugar seguro. Durante la terrible marcha de la muerte hacia los campos de prisioneros, cargó sobre sus propios hombros a un soldado herido a lo largo de kilómetros, evitando que los captores lo ejecutaran en el camino.
Ya en el campamento de prisioneros, el Padre Kapaun se convirtió en el rostro de la Providencia. Se arriesgó diariamente robando comida de los almacenes de los guardias para alimentar a los prisioneros hambrientos, lavó la ropa de los enfermos y ofreció consuelo espiritual a hombres de todas las creencias. En medio del horror y la persecución, celebró la Santa Misa de Pascua para devolverles la esperanza.
Agotado por el esfuerzo sobrehumano, las enfermedades y los maltratos, entregó su alma a Dios en mayo de 1951 dentro del mismo campo de concentración, sirviendo a sus hombres hasta su último aliento.
En un mundo confuso sobre el rol de la hombría, la vida del Padre Kapaun recuerda a los hombres católicos que la auténtica masculinidad se encuentra en la valentía, el sacrificio silencioso, la fe inquebrantable y el amor abnegado al prójimo.