07/17/2026
¿Tienes un "ángel de la guarda" asignado?
Quienes responden "Sí" suelen citar Hechos 12:15, que leemos hoy en "La Biblia en un año".
Pedro ha escapado milagrosamente de la cárcel y llama a la puerta donde otros creyentes están reunidos en oración. Rode reconoce su voz, pero cuando les dice a todos que Pedro está afuera, responden: «¡Ha de ser su ángel!».
¿Su ángel? ¿Por qué decir eso?
Sin duda, creían que los ángeles protegen al pueblo de Dios. Es un concepto bíblico fundamental. Hebreos 1:14, por ejemplo, llama a los ángeles «espíritus ministradores, enviados para servir a quienes serán los herederos de la salvación».
¿Pero qué hay de los ángeles específicos asignados a personas concretas? Esa idea también aparece en la literatura judía, como en el libro de Tobías, donde Rafael acompaña y protege a Tobías (Tob. 5:21-22; 12:12, 15). Es posible que también subyazca en las palabras de Jesús sobre los niños: «sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.» (Mt. 18:10). No solo ángeles, sino *sus* ángeles.
Lo que complica aún más el asunto es la cuestión de por qué los creyentes de Hechos 12 concluyeron: «¡Ha de ser su ángel!». Rode nunca abrió la puerta; solo había escuchado una voz que sonaba como la de Pedro. ¿Pensaban acaso que un ángel podía aparecer con la apariencia de Pedro o incluso hablar con su voz?
Me temo que nos quedamos con más preguntas que respuestas. Entonces, ¿qué podemos decir?
1. ¿Los ángeles protegen a los creyentes? Sí.
2. ¿Cada uno de nosotros tiene un ángel de la guarda? Posiblemente.
3. ¿Por qué los creyentes pensaron que era el ángel de Pedro? No tengo ni idea.
Al fin y al cabo, la primera respuesta es la que más importa. El resto podemos dejarlo tranquilamente en manos de Dios.
Hablando de ángeles, aquí está la estrofa final de uno de mis himnos favoritos:
Señor, que al fin vengan tus ángeles,
al seno de Abram me lleven a casa,
para que muera sin temor;
y en su estrecha morada guarden
mi cuerpo en un sueño tranquilo
hasta tu venida.
Y entonces despiértame de la muerte,
para que mis ojos vean con gozo,
oh Hijo de Dios, tu glorioso rostro,
mi Salvador y mi fuente de gracia.
Señor Jesucristo,
atiende mi oración, atiende mi oración,
y te alabaré sin cesar.
(de «Lord, Thee I Love with All My Heart»)