Creemos que el único y solo Dios verdadero es Espíritu: auto-existente, infinito, personal, que no cambia y eterno en su ser, perfecto en santidad, amor, justicia, bondad, sabiduría y verdad, omnipotente, omnisciente, omnipresente, Creador y sustentador de todas las cosas, visibles e invisibles, inmanente y trascendente a la creación, existente eternamente en tres personas, uno en sustancia y co-i
gual en poder y gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Gén. 1:1; Éx. 3:14; 34:6; Deut. 6:4, 32:4; 1 Rey. 8:27; Neh. 9:6; Sal. 90:2, 103:8, 116:5, 147:5; Is.
6:3; 40:28; 57:15; Jer. 23:23,24; Mal. 3:6; Mt. 28:19; Juan 4:24; 14:16; Hech. 17:28; I Cor. 8:4; II
Cor. 13:14; Col.1:17; 1 Tim. 1:17; He. 1:2,12; 11:3; 2 Ped. 3:9; 1 Juan 4:10-16
b. Creemos que el Padre no proviene de nadie. Él es el Padre eterno del Señor Jesucristo, el Autor de la salvación, el Padre de todos los que nacen a nueva vida a través de la fe en Cristo. Gen. 1:1; Sal. 90:2; Juan 13:3, 16:28; Ef. 1:3,4; 1 Pedro 1:2,3; 1 Juan 2:23, 3:15
c. Creemos en la deidad del Señor Jesucristo, generado eternamente por el Padre; creemos en su encarnación, por medio de la cual fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María, uniendo de este modo en su plenitud la naturaleza humana y la divina en la persona única de Jesucristo; creemos en su vida sin pecado y sus obras milagrosas, en su muerte vicaria para expiación de los pecados del mundo; en su resurrección corporal y su ascensión a la diestra del Padre; en su poder soberano y señorío, en su ministerio presente de mediador como abogado del creyente y en su segunda venida en poder y gloria. Isaías 53:6; Mt. 28:18-20; Lucas 1:35; Juan 1:1,14,18; Hech.2:22, 24, 24-32; Rom. 1:3,4; 8:34; 2 Cor. 5:18,19; Ef. 1:19-22; Col. 3:4; Tito 2:13; He. 1:8; 4:15; 7:25; 1 Pedro 1:18; 22,24; 3:18; 1 Juan 2:1,2. Creemos que el Espíritu Santo, es la tercera persona del Dios trino, que procede del Padre y que fue enviado por el Hijo, que es uno en sustancia, majestad y gloria con el Padre y con el Hijo, y eternamente Dios. Su oficio y ministerio es el de convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio, regenera a aquellos que se arrepientan de sus pecados y crean en el Señor Jesucristo; también santifica, capacita, enseña, guía y consuelo al creyente. Las Escrituras revelan que el trabajo del Espíritu Santo en la iglesia es el de unir a los creyentes al cuerpo de Cristo, poseyéndolos como templo de Dios, equipándolos con los dones y la gracia para el servicio, dándoles el cuerpo de la verdad revelada e impartiéndoles el espíritu de iluminación y guía en toda esa verdad, presidiendo sobre la iglesia y guiándola dentro de la voluntad de Dios. Mt. 28:19; Lc.24:49; Jn. 3:5-6; 14:16-18, 26; 15:26; 16:7-14; Hech. 1:8; 2:1-4; 13:2-4; 15:28; Rom.
12:6-8; 1 Cor. 2:10-12, 6:19-20, 12:4-11, 12:13; 2 Cor. 6:16, 13:14; Gal. 5:22-23; Ef. 2:21-22; 2
Tes.2:13; Tito 3:5; 1 Pedro 1:2; 1 Juan 2:20-27.