09/24/2026
No siempre tenemos la respuesta al dolor de alguien.
Pero sí podemos escuchar.
Sí podemos recibir con gracia.
Sí podemos hablar la Palabra con amor.
Y sí podemos orar.
Como creyentes, no fuimos llamados a cargar el lugar de Salvador. Ya tenemos un Salvador, y su nombre es Jesucristo.
Nuestro trabajo no es resolver todos los problemas.
Nuestro llamado es acercar a las personas al Dios que sí puede sostenerlas.
Por eso, cuando alguien venga con una carga, no digamos solamente: “Voy a orar por ti.”
Digamos:
“Vamos a orar ahorita.”
Preguntemos con amor:
“¿Cómo puedo orar específicamente por ti?”
Y oremos sin juzgar, sin manipular, sin prometer lo que Dios no prometió, pero creyendo en lo que Su Palabra sí dice:
Que Él no nos abandona.
Que Su paz guarda nuestro corazón.
Que el Espíritu Santo intercede cuando no sabemos qué decir.
Que todas las cosas obran para bien en Cristo Jesús.
La fe no es controlar el resultado.
La fe es confiar mientras oramos, esperamos y caminamos.
Oremos.
Acompañemos.
Sobrellevemos cargas.
Y guiemos a las personas al Dios que tiene todas las respuestas.
Hermana Yolanda C.