05/29/2026
Jesús irrumpe en los territorios hostiles
Hoy lo voy a poner de este lado para, para practicidad del espacio. Pero quiero invitarle en este día a la Palabra de Dios, a meditar en ella, compartiendo un mensaje donde Jesús viene y rompe toda herencia de un territorio. El libro de Marcos, capítulo 5, versículo 1 al 20, nos habla de una condición de un hombre en un territorio hostil, en un territorio lleno de tinieblas, territorios que parecen que respiran oscuridad totalmente.
Lugares donde la violencia se volvió una cultura, la idolatría se volvió una tradición, lugares donde la inmoralidad se volvió un entretenimiento, donde las familias viven rodeadas de temor espiritual. Y cuando uno mira esos lugares dice cómo puede salir algo bueno de ellos. Quiero invitarle a la Palabra a Marcos, el Evangelio de Marcos, capítulo 5, versículo 1 al 20.
Y lo vamos a leer de la siguiente manera. Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos, y cuando salió él de la barca, enseguida vino a su encuentro uno, vino a su encuentro de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros y nadie podía atarle, ni aún con cadenas, porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, más las cadenas habían sido hechas pedazos por él. Y desmenuzaron los grillos y nadie le podía dominar.
Y siempre de día y de noche andaba dando voces en los montes y en los sepulcros e hiriéndose con piedras. Cuando vio pues a Jesús de lejos, corrió y se arrodilló ante él y clamando a gran voz, dijo, ¿qué tienes conmigo Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes, porque le decía, sal de este hombre y espíritu inmundo. Y le preguntó, ¿cómo te llamas? Y respondió diciendo, Legión, me llamo porque somos muchos.
Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región, quédese con esa palabra un poco en su mente. Estaba ahí cerca del monte, un gran ato de cerdos pasiendo y le rogaron todos los demonios diciendo, envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. Luego Jesús les dio permiso, saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil.