09/05/2026
Treinta y nueve años de matrimonio no se explican solo con palabras: se cuentan con lágrimas, aprendizajes, perdón, perseverancia y, sobre todo, con la fidelidad de Dios.
Hoy celebramos nuestra historia con el corazón lleno de emoción y gratitud. Al mirar todo lo que hemos vivido, solo podemos decir: ¡Gracias, Dios!
Gracias por acompañarnos en cada etapa: en los días de alegría y también en aquellos en los que sentimos que las fuerzas se nos acababan. Cuando nos sentimos débiles, Tú fuiste nuestra fortaleza. Cuando apareció la distancia, nos ayudaste a encontrarnos de nuevo. Y cuando atravesamos tiempos difíciles, Tu mano sostuvo nuestro hogar.
Estos 39 años no hablan de un matrimonio perfecto, sino de un Dios fiel que nunca nos abandonó. Tú caminaste con nosotros en cada etapa, sosteniéndonos aun cuando no sabíamos cómo seguir.
Gracias, Señor, por mi esposo, por nuestra familia y por nuestros hijos. Gracias por cada lágrima que convertiste en aprendizaje, por cada prueba que usaste para hacernos más fuertes y por cada oportunidad que nos diste para volver a elegirnos con más amor, paciencia y comprensión.
Hoy comprendemos que no llegamos hasta aquí solamente porque nos amamos, sino porque Tu misericordia nos sostuvo cuando nuestras propias fuerzas ya no eran suficientes.
Tú tomaste nuestra historia, nuestros errores, nuestras heridas y nuestros procesos, y con infinita paciencia los transformaste en un testimonio de restauración, perseverancia y amor.
Después de 39 años, podemos decir con el corazón agradecido:
Valió la pena permanecer.
Valió la pena perdonar.
Valió la pena luchar por nuestra familia.
Valió la pena permitir que Dios trabajara primero en nosotros.
Señor, gracias porque lo que un día parecía quebrado, Tú lo restauraste. Lo que parecía perdido, Tú lo redimiste. Y donde nosotros creíamos que nuestra historia llegaba a su fin, Tú escribiste un nuevo capítulo lleno de esperanza.
Hoy no celebramos solamente los años que han pasado. Celebramos Tu fidelidad en cada uno de ellos: las veces que nos levantaste, las veces que nos enseñaste a amarnos de nuevo y cada momento en que nos recordaste que, contigo, siempre existe una oportunidad para comenzar otra vez.
Nuestra oración es que los años que todavía nos permitas caminar juntos sean para amarte más, servirte con mayor entrega y dejar a nuestros hijos y nietos una herencia de fe que pueda decir:
“Dios estuvo en medio de esta casa, y por Su gracia permanecimos”.
Gracias, Padre, por estos 39 años, por todo lo vivido y por todo lo que aún está por venir.
Y si hasta aquí nos has ayudado, confiamos en que lo mejor que has preparado para nuestro matrimonio todavía está delante de nosotros.
A Ti sea toda la gloria, toda la honra y toda nuestra gratitud.
39 años juntos, sostenidos por la gracia de Dios. ❤️
“Hasta aquí nos ayudó Jehová.”
1 Samuel 7:12