04/21/2026
El movimiento pentecostal latino tiene sus raíces hace más de 100 años en el Avivamiento de la Calle Azusa en Los Ángeles, dirigido por William J. Seymour. En medio de una fuerte segregación racial, se proclamó un mensaje de reconciliación, integración y un cristianismo multicultural que atrajo a muchos latinos. Ellos no solo participaron desde el inicio, sino que experimentaron el bautismo en el Espíritu Santo, la sanidad y los dones espirituales, apropiándose del mensaje y llevándolo a sus propias comunidades. Seymour incluso ordenó a uno de los primeros ministros mexicanos, Abundio L. López, abriendo paso al liderazgo latino.
Aunque hubo muchos otros latinos involucrados en este mover, algunos de los más notables dentro del pentecostalismo trinitario, particularmente en las Asambleas de Dios en sus etapas primitivas, fueron Francisco Olazábal y Juan L. Lugo. Estos dos hombres desempeñaron un papel fundamental en la expansión del movimiento, al estar directamente vinculados con el legado del Avivamiento de Azusa.
Francisco Olazábal fue introducido al pentecostalismo por los Montgomery, quienes fueron testigos del avivamiento, y tras recibir el bautismo en el Espíritu Santo, se convirtió en un destacado evangelista de las Asambleas de Dios. En 1923 fundó el Concilio Latinoamericano de Iglesias Cristianas (CLADIC), promoviendo la autodeterminación del liderazgo latino.
Por su parte, Juan L. Lugo recibió el mensaje en Hawái a través de Francisco Decena Ortiz, quien había sido convertido y ordenado en 1911 por misioneros provenientes de Azusa enviados por Seymour rumbo a Asia, y luego fue discipulado por los Montgomery en California. Posteriormente llevó el avivamiento a Puerto Rico en 1916, donde estableció comunidades pentecostales y contribuyó al desarrollo de la Iglesia de Dios Pentecostal Movimiento Internacional.
El propósito de este movimiento fue alcanzar a los marginados, a los pobres y a aquellos olvidados por la sociedad, llevando un mensaje de salvación y esperanza. El pentecostalismo latino lleva en su ADN espiritual las marcas del Avivamiento de la Calle Azusa: una fe viva y experiencial, un énfasis en el poder del Espíritu Santo, una visión multirracial y multicultural, y un compromiso tanto con la salvación como con la justicia. Este ADN no solo explica su origen, sino también su crecimiento, resiliencia y continua influencia en la iglesia y la sociedad hasta el día de hoy.
Este es un resumen del libro titulado: Latino Pentecostals in America por Gastón Espinosa (Capituló 4).