06/02/2025
Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. 4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.”
2 Timoteo 2:3–4
Esta mañana es muy importante entender que, como iglesia, no solo somos una familia, ¡también somos un ejército! Y esto es clave si queremos cumplir con la misión que Jesús nos dejó: llevar el evangelio a todo el mundo. No estamos aquí solo para reunirnos y pasarla bien; estamos en medio de una guerra espiritual que requiere compromiso, entrega y valentía. La iglesia de hoy necesita recordar que estamos en una batalla por las almas, y cada uno de nosotros tiene un papel muy importante en esta lucha. No es tiempo de estar dormidos espiritualmente, ¡es tiempo de militar juntos! Hoy se hace un llamado a las armas… ¡tomemos nuestro lugar en el ejército de Dios y respondamos con firmeza y seguridad!
Vemos que el apóstol Pablo le decía a Timoteo que debía ser un buen soldado de Jesucristo. Esto no se trataba solo de ponerse el “uniforme” o decir que uno era cristiano. Ser un buen soldado implica estar dispuesto a sufrir, ser fiel, mantener la disciplina y tener compromiso con la causa del evangelio. No es cuestión de apariencias ni de palabras, ¡sino de acción! La armadura de Dios no es para posar, ¡es para pelear! Por eso Pablo le pidió a Timoteo que no lo dejara pelear solo. Ya había visto a muchos que se vestían como soldados, pero cuando llegaba la batalla, no estaban dispuestos a pagar el precio
La Biblia nos enseña que uno de ellos fue Demas. En 2 Timoteo 4:10, Pablo escribe con tristeza: “porque Demas me ha desamparado, amando este mundo.” En el momento más difícil de su vida, cuando estaba preso y cerca de la muerte, Demas decidió abandonarlo. Había sido parte del equipo, pero dejó su lugar justo cuando más se necesitaba en el campo de batalla. Esta palabra debe ser hoy una fuerte llamada de atención: no es suficiente estar enlistados en el ejército de Dios, ¡hay que pelear la buena batalla! Seamos soldados fieles que no retroceden, que están dispuestos a darlo todo por Jesús, y que creen que el mundo puede ser alcanzado con el poder del evangelio.
¿Estás viviendo como un buen soldado de Jesucristo o solo como un espectador en la guerra espiritual?
¿Qué cosas te han estado distrayendo o desanimando en tu llamado?
¿Estás dispuesto a sufrir penalidades por causa del evangelio y a militar con disciplina?
Bendiciones mis amados hermanos.