06/17/2026
Hay una pregunta que todos, en algún momento, nos hacemos: ¿Por qué tuvo que morir Jesús? ¿No podía Dios simplemente perdonar sin tanto dolor?
La cruz no fue un accidente. No fue un fracaso. No fue un ejemplo de cómo morir con dignidad. La cruz fue un intercambio.
"Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios" (1 Pedro 3:18).
El justo murió por los injustos. El inocente por los culpables. El Santo por los pecadores. Jesús no murió porque los hombres fueran malos. Murió porque Dios es justo, y el pecado debe ser castigado. Pero también murió porque Dios es amor, y no quería castigarnos a nosotros.
En la cruz, la justicia y la misericordia se abrazaron. El castigo que merecíamos cayó sobre Él. La muerte que debíamos morir, Él la murió. El abandono que debíamos sufrir, Él lo sufrió. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mateo 27:46). Ese grito era el nuestro. Él lo gritó para que nosotros nunca tengamos que hacerlo.
¿Qué significa esto para tu vida?
Primero, que tu culpa ya fue pagada. No tienes que cargar con el peso de tus pecados. No tienes que castigarte a ti mismo. Jesús ya fue castigado en tu lugar. "No hay condenación para los que están en Cristo Jesús" (Romanos 8:1).
Segundo, que tu aceptación delante de Dios no depende de tu desempeño. Depende de la obra de Cristo. Él te llevó a Dios. No por tus méritos, sino por los suyos. No porque tú fueras bueno, sino porque Él es fiel.
Tercero, que el amor de Dios no es un sentimiento vago. Es un hecho histórico. No se queda en palabras. Se muestra en la cruz. "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 4:10).
Hoy, no mires la cruz con lástima. Mírala con asombro. Ese era tu lugar. Esa era tu muerte. Esa era tu condena. Y Él la tomó. Para que tú pudieras tener vida.
Oración: Señor, no entiendo por qué moriste por mí. No lo merezco. Pero te doy gracias. Gracias por cargar mi culpa. Gracias por tomar mi castigo. Gracias por llevarme a Dios. Hoy descanso en tu obra. No en mis méritos. En la tuya. Amén.
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