06/13/2026
SERVIDOR....
“NO SIRVAS POR COSTUMBRE,
SIRVE POR AMOR.”
“Hagan todo con amor.” (1 Co 16,14)
Con el paso del tiempo existe un riesgo silencioso para todo servidor: acostumbrarse.
Acostumbrarse a la misa.
Acostumbrarse a la oración.
Acostumbrarse al ministerio.
Acostumbrarse a las reuniones.
Acostumbrarse incluso a las cosas de Dios.
Y cuando el servicio se vuelve únicamente rutina, poco a poco pierde su fuerza, su alegría y su sentido profundo.
Podemos seguir haciendo las mismas actividades, ocupando los mismos lugares y cumpliendo las mismas responsabilidades, pero con un corazón cansado, automático y distante.
Por eso san Pablo nos recuerda algo esencial:
“Hagan todo con amor.”
No dice: hagan todo por obligación.
No dice: hagan todo por compromiso.
No dice: hagan todo por costumbre.
Dice: hagan todo con amor.
Porque el amor es lo que transforma una tarea en misión.
Es el amor lo que hace que una persona siga sirviendo cuando nadie la ve.
Es el amor lo que permite sonreír cuando hay cansancio.
Es el amor lo que sostiene la fidelidad cuando desaparece la emoción de los primeros años.
Como sacerdotes, religiosos, coordinadores y servidores, necesitamos preguntarnos con sinceridad:
¿Por qué sigo sirviendo?
¿Lo hago porque siempre lo he hecho?
¿Porque me toca?
¿Porque esperan algo de mí?
¿O porque amo profundamente a Cristo y a su Iglesia?
El Papa Francisco ha insistido muchas veces en que el discípulo no es un funcionario de lo sagrado. No estamos llamados a cumplir horarios religiosos o tareas pastorales como empleados. Estamos llamados a amar.
Y cuando el amor disminuye, el servicio se vuelve pesado.
Pero cuando el amor se renueva, incluso las tareas más sencillas recuperan su belleza.
Acomodar una silla.
Preparar una reunión.
Escuchar a una persona.
Animar una comunidad.
Servir en silencio.
Todo adquiere un valor inmenso cuando nace del amor.
Hoy el Señor nos invita a volver al primer amor, a recordar por qué comenzamos este camino y a renovar nuestra entrega.
Que nunca sirvamos por costumbre.
Que sirvamos porque Cristo nos amó primero.
Y que cada acto de nuestro ministerio pueda convertirse en una respuesta sencilla y sincera de amor a Dios y a los hermanos.
GLORIA A DIOS.