09/02/2025
Este pasado domingo, nuestro pastor Hector Guel donde secompartió un mensaje en Iglesia Puertas de Gracia sobre lo que significa no solo creer en Cristo, sino también vivir como Su discípulo. Ser creyente es poner nuestra confianza en Jesús; ser discípulo es rendirse por completo, caminar en Sus caminos y permitir que Su Espíritu transforme cada parte de nuestra vida. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23).
Aunque no pudimos asistir al servicio, hemos sido testigos de primera mano del poderoso testimonio de la mano de Dios en la vida de nuestro pastor. Su fe no se limita al púlpito—resplandece en su caminar diario, en la manera en que ama, sirve y anima al cuerpo de Cristo. Su vida se ha convertido en un sermón viviente, un testimonio de que el discipulado no se trata solo de palabras habladas, sino de una vida fielmente vivida. “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8).
Aun ahora, al enfrentar la realidad de un diagnóstico difícil, continúa guiándonos con su ejemplo. Su fortaleza no proviene de sí mismo, sino del Señor que lo sostiene. “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). En lugar de retroceder, sigue adelante en la fe, recordándonos que el verdadero discipulado no se mide por la facilidad de nuestro camino, sino por nuestra perseverancia en seguir a Cristo en cada valle y en cada tormenta. “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12).
En Iglesia Tabernáculo, somos bendecidos al presenciar su devoción inquebrantable a Jesús. A través de él, Dios nos muestra que ser discípulo significa cargar la cruz cada día, confiar en las promesas de Dios y dejar que Su luz brille en nosotros aun en tiempos de prueba. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Su vida nos recuerda a todos: no hemos sido llamados a la comodidad, sino al compromiso; no a la conveniencia, sino a Cristo.
Que nosotros, al igual que nuestro pastor, nos levantemos cada día con una determinación renovada de vivir como discípulos—fieles, firmes y rendidos a Aquel que nos ha llamado. “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).