09/27/2025
Paz de Cristo amadas hermanas les compartimos esta reflexión publicada en la revista digital “Entre Damas”. Dios les bendiga.
Prepara el camino: Un llamado a la mujer apostólica
“Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, háganle sendas derechas” (Marcos 1:3, citando Isaías 40:3).
El evangelio de Marcos comienza con una poderosa imagen: Juan el Bautista, el mensajero enviado para allanar el camino del Mesías. A diferencia de otros evangelios, Marcos no inicia con el nacimiento de Jesús, sino con este llamado urgente a la preparación. ¿Por qué? Porque su audiencia—incluyendo a los creyentes en Roma—entendía la importancia de los heraldos, aquellos que anunciaban la llegada de un rey.
Juan no solo cumplió la profecía de Isaías (escrita siglos antes), sino que encarnó un modelo para nosotros hoy: una vida consagrada, que clama en medio del desierto espiritual de este mundo. Su mensaje era claro: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mateo 3:2).
“¡Ábranle camino!" ¿Qué significa para nosotras hoy? Este imperativo sigue vigente. Como mujeres apostólicas, estamos llamadas a:
1. Renunciar al yo pecaminoso:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lucas 9:23). Juan vivió en humildad, vistiendo sencillez (Marcos 1:6), recordándonos que nuestro valor no está en lo externo, sino en “el hombre interior del corazón" (1 Pedro 3:4).
2. Ser mensajeras de esperanza:
Juan no solo predicó, sino que señaló a Cristo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Nosotras, como él, debemos apuntar a Jesús en nuestro hogar, en la iglesia y en la sociedad.
3. Vivir con propósito eterno:
Juan entendió que su vida no era suya: “Es necesario que él crezca, y que yo mengüe" (Juan 3:30). Como esposas y madres, nuestro servicio—desde lo cotidiano hasta lo espiritual—es “sacrificio vivo” (Romanos 12:1) que prepara la venida de Cristo.
El desafío actual
Juan confrontó a Herodes por su pecado (Marcos 6:18), y nosotras también somos llamadas a “llevar la luz" en un mundo de tinieblas (Filipenses 2:15). Esto implica:
- Dependencia total: “Busquen primeramente el reino de Dios… y todo lo demás les será añadido" (Mateo 6:33).
- Fidelidad en lo pequeño: como la mujer virtuosa de Proverbios 31, cuya “lámpara no se apaga de noche" (v. 18).
- Urgencia profética: “Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa” (Marcos 13:35).
Para reflexionar:
- ¿Qué "senderos torcidos" en mi corazón necesito enderezar para que Cristo reine?
- ¿Cómo mi vida anuncia, como Juan, que “el Reino está cerca"?
Señor, haznos mujeres que preparan tu camino con valentía y amor. Que nuestro vivir hable de ti, hasta el día en que regreses. Amén.
Devocional por: Hilda Zaldaña I IAFCJ Distrito de Washington