07/31/2026
Sembrando con fe, confiando en el crecimiento que Dios dará 🌿
Hay testimonios que el tiempo no borra. Son vidas sencillas que, sin buscar reconocimiento, dejan una huella profunda en quienes continúan la obra del Señor.
Recordamos con mucho cariño a un fiel siervo de Dios que hoy descansa en la presencia del Señor. En distintas ocasiones nos compartió que, durante sus viajes diarios en autobús hacia su trabajo, aprovechaba ese tiempo para anunciar el evangelio. Con humildad, pedía permiso al conductor para poder compartir unas palabras con los pasajeros y luego se levantaba delante de todos para predicar la Palabra de Dios.
Aunque para muchos podía parecer un gesto sencillo, y aunque no siempre se veían resultados visibles, él continuaba haciéndolo con fidelidad, amor y un profundo deseo de que más personas pudieran conocer a Cristo. Él mismo reconocía que durante su vida no llegó a ver un fruto notable de esa labor. Sin embargo, nunca dejó de sembrar.
¿Por qué perseveraba? Porque había comprendido una verdad espiritual que nace de la fe: cuando una semilla es sembrada para Dios, nunca se pierde. Quizás otro la regará; quizás pasará mucho tiempo; quizás quien la sembró nunca llegue a ver el fruto con sus propios ojos. Pero Dios, en Su tiempo perfecto, hará crecer aquello que fue sembrado con amor y obediencia.
Aunque nuestro querido hermano ya no está entre nosotros, su testimonio continúa hablando. Sus palabras siguen resonando en nuestros corazones y nos recuerdan que la obra del Señor nunca depende de lo que nuestros ojos alcanzan a ver, sino de la fidelidad con la que caminamos delante de Él.
En una de las reuniones mensuales del comité de este ministerio, mientras buscábamos nuevas maneras de acercar el evangelio a los tantos hispanohablantes que aún no han tenido la oportunidad de escucharlo, Dios trajo nuevamente a nuestra memoria el testimonio de nuestro querido hermano. Fue entonces cuando Él puso en nuestro corazón el anhelo de dar un paso más en esta labor.
Sabemos que nuestras fuerzas son pequeñas. Somos pocos los que servimos en este ministerio y todavía hay muchas incertidumbres en el camino. Con frecuencia pensamos demasiado, analizamos demasiado y dejamos que el temor nos detenga antes de comenzar. Nos preguntamos si realmente alguien querrá escuchar la Palabra de Dios solo por recibir una sencilla tarjeta de invitación, diseñada en formato de tarjeta de presentación. ¿Podrá Dios usar algo tan pequeño como una tarjeta de invitación para tocar un corazón y acercar a una persona a Él?
Humanamente, la respuesta parece incierta. Pero la fe nos recuerda que la obra nunca ha dependido de nuestras capacidades, sino del poder de Dios. Lo que para el hombre parece imposible, para Dios siempre ha sido posible. Confiamos en que Dios puede usar aun los medios más sencillos para cumplir Su propósito y tocar un corazón dispuesto a buscarlo.
Con esa confianza, damos gracias al Señor por animarnos a dar este primer paso. Creemos que cada tarjeta entregada puede ser una semilla que Dios use para abrir una puerta en el corazón de alguien; una oportunidad para que una persona haga una pregunta, visite la iglesia, escuche el evangelio o encuentre el camino de la salvación. Tal vez nunca sepamos el destino de cada una de esas tarjetas, pero sí sabemos que Dios conoce cada corazón al que llegarán.
Oramos para que estas pequeñas semillas, sembradas con fe, sean un puente para que muchos hispanohablantes puedan conocer la verdad del evangelio y sean guiados por el Buen Pastor hasta Su único rebaño.
Si el Señor pone en su corazón el deseo de participar en esta labor, ya sea distribuyendo estas tarjetas en su vecindario, en su lugar de trabajo, entre sus conocidos o en su iglesia local, los animamos a unirse a esta obra. Ningún esfuerzo hecho para el Señor es pequeño cuando nace del amor y de la obediencia. Tal vez no veamos inmediatamente el fruto, pero confiamos plenamente en que Dios seguirá obrando en silencio, guiando a aquellos que sinceramente lo buscan hacia el camino de la salvación.
"Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento."
— 1 Corintios 3:6–7
Que el Señor nos conceda un corazón dispuesto a sembrar sin desanimarnos, a servir sin buscar reconocimiento y a confiar siempre en que Él, en Su tiempo perfecto, hará crecer cada semilla sembrada para Su gloria.
"No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos."
— Gálatas 6:9
Comité del Ministerio en Español