05/09/2026
09 de mayo de 2026
Él se adelantó un poco más y se inclinó rostro en tierra mientras oraba: «¡Padre mío! Si es posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».
Mateo 26:39 [NTV]
Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró.
Podemos aprender muchísimas de las características instructivas de la oración de nuestro Salvador durante este período de severa prueba. Lo primero a destacar es que se trató de una oración a solas, dado que se apartó hasta de sus tres discípulos preferidos. Querido creyente, recuerda que con frecuencia debes practicar la oración a solas, en especial durante los momentos de prueba. La oración en familia, la oración en público o la oración con otros creyentes en la iglesia no es suficiente. Todo esto es importante, sin embargo, el incienso más batido y roto producirá el humo más fragante en tu incensario privado, cuando le dediques a tus devociones momentos a solas, cuando ningún otro oído, excepto el de Dios, te escuche.
La oración de Cristo fue también una oración humilde. Lucas dice: “se arrodilló” (Luk_22:41), pero Mateo expresa: “se postró sobre su rostro”. Si esta fue la posición del Maestro, ¿cuál debiera ser la tuya como su humilde siervo? ¿No debes cubrir tu cabeza con “polvo y ceniza” (Gen_18:27)? La humildad te brinda un punto de apoyo y no hay esperanza de prevalecer con Dios en oración a menos que te “[humilles] … para que él [te] exalte a su debido tiempo” (1Pe_5:6).
Su oración fue también una oración filial, una oración apropiada de un hijo hacia su padre. Él oró: “Abba, Padre” (Marco 14:36). Al presentar tu adopción como hijo, encontrarás un fuerte que te protegerá en los tiempos de prueba. Si hubieras sido simplemente un súbdito suyo, hace rato que habrías perdido tus derechos por tu traición, pero nada puede hacer que pierdas los derechos de hijo, por lo que cuentas con la protección del Padre. Por tanto, no te sientas intimidado de llamarlo: “Padre mío” (Mat_26:39), “escucha mi clamor y atiende a mi oración” (Psa_61:1).
También toma en cuenta que la oración de Jesús fue perseverante. Él oró tres veces, por tanto no te detengas hasta que prevalezcas. Sé persistente como la viuda de la parábola de Jesús, quien porque insistía “viniendo de continuo” (Luk_18:5, RVR 1995), obtuvo lo que no consiguió con su primera súplica. “Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento” (Col_4:2).
Por último, fue también una oración sumisa. Él se había resignado a cumplir la voluntad del Padre, porque dijo: “No sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Mat_26:39). Por tanto, sométete a la voluntad de Dios dado que él determinará lo que es mejor. Confórmate con dejar tu oración en las manos de Aquel que sabe cuándo dar, cómo dar, qué dar y qué retener.
Así que, aquellos hijos de Dios que perseveran en la oración solitaria, con humildad y sumisión, sin dudas prevalecerán.