09/05/2026
05 de septiembre de 2026
Después Rizpa, la hija de Aja y madre de dos de los hombres, extendió una tela áspera sobra una roca y permaneció allí toda la temporada de la cosecha. Ella evitó que las aves carroñeras despedazaran los cuerpos durante el día e impidió que los animales salvajes se los comieran durante la noche.
2 Samuel 21:10 [NTV]
Rizpa no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre los cadáveres de sus hijos de día, ni fieras del campo de noche.
Si el amor de una mujer hacia sus hijos mu***os pudo hacer que ella prolongase su vigilia fúnebre por un período tan largo, “desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo”, ¿nos cansaremos nosotros de considerar los sufrimientos de nuestro bendito Señor?
Ella ahuyentó las aves rapiña: ¿y no disiparemos nosotros de nuestras meditaciones esos pensamientos mundanos y pecaminosos que manchan nuestras mentes y los sagrados temas en los cuales estamos ocupados? ¡Fuera, pájaros impuros! ¡Apartaos del sacrificio!
Sola y sin refugio, Rispa soportó los calores del verano, el rocío de la noche y las lluvias. El sueño había huido de sus llorosos ojos: su corazón estaba demasiado afligido como para dormitar.
Oh creyente, ¡mira cómo amaba a sus hijos! ¿Si Rizpa pudo soportar tanto, vamos a cejar por el primer inconveniente o la primera prueba? ¿Somos tan cobardes que no podemos soportar sufrir con nuestro Señor?
Ella ahuyentó aun a las fieras salvajes, con una valentía inusual: ¿y no estaremos prontos a hacer frente a cualquier enemigo por amor a Jesús? Sus hijos fueron mu***os por manos que no eran las suyas, sin embargo ella lloró y veló. ¿Qué debemos, pues, hacer nosotros que a causa de nuestros pecados crucificamos a nuestro Señor?
Nuestras obligaciones para con Él son ilimitadas; nuestro amor debiera ser ferviente, y nuestro arrepentimiento completo. Velar con Jesús debiera ser nuestra ocupación; proteger Su honor, nuestra misión; y permanecer cerca de Su cruz, nuestro consuelo.
Aquellos horribles cadáveres bien podían espantar a Rispa, especialmente por la noche, pero en nuestro Señor, al pie de cuya cruz estamos sentados, no hay nada repugnante, sino todo Él es atractivo. Nunca hubo una belleza viviente tan encantadora como la del Salvador agonizante.
Jesús, velaremos contigo aun un poco más, y Tú te revelarás benignamente a nosotros; entonces no será como si estuviéramos sentados sobre sacos, sino en un regio pabellón.