05/29/2026
Mayo 29 DIOS DE LOS POBRES
“Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová.” (Salmo 41:1)
Hay muchos multimillonarios que han donado una gran parte o la totalidad de sus fortunas a causas benéficas. Warren Buffett encabeza nuestra lista como el mayor donante por cuarto año consecutivo, con 56.700 millones de dólares en donaciones de por vida; MacKenzie Scott, ex esposa de Jeff Bezos, el fundador de Amazon, en menos de cinco años, ha donado casi 16.600 millones de dólares; Bill Gates y su esposa Melinda han donado a lo largo de su vida: 42.500 millones de dólares, para ayudar a la salud, y lucha contra la pobreza; George Soros a lo largo de su vida ha donado 21.000 millones de dólares para fomentar la democracia y los derechos humanos
Pero el que supera a todos los multimillonarios juntos es Cristo, el Rey de reyes y Señor de señores, el dueño de todo el universo, el que le dio vida a estos multimillonarios, el cual: “Por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9)
No es la cantidad sino la actitud lo que más cuenta para Dios. Por eso no se nos haga extraño que Cristo, “Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas esta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.” (Lucas 21:1-4) Lo que dio la viuda fueron dos blancas, dos moneditas de bronce tan delgaditas que las llamaban en griego “lepo” que traducido es una "cascarita" equivalente a 1/64 de un denario, o sea lo que alguien ganaba en un día de trabajo. En cambio, las donaciones de los multimillonarios son pálidas comparadas con las ganancias que reciben cada año.
En el día del juicio si hay algo que va a contar, es nuestra a actitud para con los necesitados: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:34-40). ¡Rica promesa!