Miembros Nuevos y Investigadores

Miembros Nuevos y Investigadores Predicar el Evangelio de Jesucristo

01/09/2023

Al arrepentirnos, soltamos las cargas del pasado y tenemos la oportunidad de vivir un futuro lleno de gozo. 🙌🏻

https://youtu.be/9GQz_2OqMsI
01/09/2023

https://youtu.be/9GQz_2OqMsI

El 8 de enero de 2023, únete a otros jóvenes adultos de 18 a 30 años, casados o solteros, en un devocional mundial con el élder Jeffrey R. Holland, del Cuóru...

01/08/2023
02/15/2021

El presidente Hinckley ha dicho que "El amor es como la estrella polar, que en un mundo cambiante, es una constante. El amor es la esencia básica del Evangelio… Sin amor… queda poco o casi nada
del Evangelio que pueda servirnos de modo de vida" (Teachings of Gordon B. Hinckley, 1997,
págs. 319, 317).
El apóstol Juan dijo: "Dios es amor"(1 Juan 4:8); por lo tanto, de él, que es la personificación del amor, depende toda la ley y los profetas.
Elder F. Burton( Liahona October 2001).

02/10/2021

Con esto los probaremos
(Abraham 3:25)
Por el élder David A. Bednar
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Ahora es el momento de prepararnos y probarnos a nosotros mismos que estamos dispuestos y somos capaces de hacer todo lo que el Señor nuestro Dios nos mande.

Ruego que todos tengamos la ayuda del Espíritu Santo mientras les comparto los pensamientos y sentimientos que han acudido a mi mente y corazón en preparación para esta conferencia general.

La importancia de las pruebas

Durante más de dos décadas antes de ser llamado a servir a tiempo completo en la Iglesia, trabajé como profesor y administrador universitario. Mi responsabilidad principal como profesor era ayudar a los alumnos a que aprendieran por sí mismos. Un elemento vital de mi trabajo consistía en crear, calificar y brindar comentarios sobre el desempeño de los alumnos en las pruebas. Como sabrán por experiencia personal, ¡las pruebas no suelen ser la parte del proceso de aprendizaje que más gusta a los alumnos!
Sin embargo, las pruebas periódicas son absolutamente esenciales para el aprendizaje. Una prueba eficaz nos ayuda a comparar lo que necesitamos saber con lo que realmente sabemos sobre un tema específico; proporciona además un estándar con el cual evaluar nuestro aprendizaje y desarrollo.
Asimismo, las pruebas en la escuela de la vida terrenal son un elemento vital de nuestro progreso eterno. Sin embargo, es curioso que la palabra prueba no se encuentra ni una sola vez en el texto de los libros canónicos en inglés. Más bien se utilizan palabras como probar, examinar y escudriñar para describir varios modelos a fin de demostrar debidamente nuestro conocimiento espiritual, nuestra comprensión y devoción al eterno plan de felicidad de nuestro Padre Celestial y nuestra capacidad de procurar las bendiciones de la expiación del Salvador.
Aquel que fue el autor del Plan de Salvación describió el propósito mismo de nuestra probación terrenal al utilizar las palabras probar, examinar y escudriñar en las Escrituras antiguas y modernas. “… y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare”.
Consideren esta súplica del salmista David:
“Pruébame, oh Jehová, y examíname; escudriña mi mente y mi corazón.
“Porque tu misericordia está delante de mis ojos, y en tu verdad he andado”.
Y en 1833, el Señor declaró: “No temáis, pues, a vuestros enemigos, porque he decretado en mi corazón probaros en todas las cosas, dice el Señor, para ver si permanecéis en mi convenio aun hasta la muerte, a fin de que seáis hallados dignos”.

El ser probados y escudriñados hoy en día

El año 2020 lo ha caracterizado, en parte, una pandemia mundial que nos ha probado, examinado y escudriñado de muchas formas. Ruego que, como personas y familias, estemos aprendiendo las valiosas lecciones que solo las experiencias difíciles nos pueden enseñar. Espero también que todos reconozcamos más plenamente la “grandeza de Dios” y que Él “consagr[e] [nuestras] aflicciones para [nuestro] provecho”.
Hay dos principios básicos que pueden guiarnos y fortalecernos al enfrentar circunstancias que nos prueban y escudriñan en nuestra vida, cualesquiera que sean: (1) el principio de la preparación y (2) el principio de seguir adelante con firmeza en Cristo.

El ser probados y la preparación

Como discípulos del Salvador, se nos manda lo siguiente: “… preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios”.
También se nos promete que “si estáis preparados, no temeréis.
“Y para que os escapéis del poder del enemigo y vengáis a mí, un pueblo justo, sin mancha e irreprochable”.
Estos pasajes de las Escrituras proporcionan un marco perfecto para organizar y preparar nuestra vida y nuestro hogar, tanto temporal como espiritualmente. Nuestros esfuerzos por prepararnos para las experiencias probatorias de la vida terrenal deben seguir el ejemplo del Salvador que de modo progresivo “crecía en sabiduría, y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”, un equilibrio combinado de preparación intelectual, física, espiritual y social.
Una tarde, hace unos meses, Susan y yo hicimos un inventario de nuestro almacenamiento de alimentos y suministros de emergencia. En ese momento, el COVID-19 se extendía rápidamente y una serie de terremotos habían sacudido nuestra casa en Utah. Desde los primeros días de nuestro matrimonio nos hemos esforzado por seguir el consejo profético sobre cómo prepararnos para desafíos imprevistos, por lo que el “examinar” nuestro estado de preparación en medio del virus y de los terremotos parecía algo bueno y oportuno. Queríamos saber la calificación que habíamos obtenido en esas pruebas inesperadas.
Aprendimos bastante. En muchos aspectos, nuestro trabajo de preparación era satisfactorio. Sin embargo, en otros aspectos, era necesario mejorar porque no habíamos reconocido ni atendido ciertas necesidades particulares de manera oportuna.
También nos reímos mucho. Descubrimos, por ejemplo, provisiones en un armario aislado que habían sido parte de nuestro almacenamiento de alimentos durante décadas. ¡Francamente, teníamos miedo de abrir e inspeccionar algunos de los recipientes por temor a desencadenar otra pandemia mundial! Se alegrarán al saber que desechamos apropiadamente los materiales peligrosos y que se eliminó el riesgo para la salud del mundo.
Algunos miembros de la Iglesia opinan que los planes y suministros de emergencia, el almacenamiento de alimentos y los kits de 72 horas ya no deben ser importantes porque las Autoridades Generales no han hablado recientemente y de manera extensa sobre esos y otros temas relacionados en conferencia general. Sin embargo, durante décadas, los líderes de la Iglesia han proclamado repetidas advertencias para que nos preparemos. La constancia del consejo profético a lo largo del tiempo crea un potente concierto de claridad y un volumen de advertencia mucho más fuerte que el que pueden producir las actuaciones de un solista.
Así como los tiempos difíciles ponen al descubierto las insuficiencias en la preparación temporal, es también durante las pruebas difíciles que las enfermedades de la indiferencia y la complacencia espirituales infligen sus efectos más perjudiciales. De la parábola de las diez vírgenes aprendemos, por ejemplo, que postergar la preparación conduce a no pasar la prueba con éxito. Recuerden cómo las cinco vírgenes insensatas no se prepararon adecuadamente para el examen que les dieron el día de la llegada del Esposo.
“Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;
“mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas…
“Y a la medianoche se oyó un clamor: He aquí el novio viene; salid a recibirle.
“Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.
“Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.
“Pero las prudentes respondieron, diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden y comprad para vosotras mismas.
“Y mientras ellas iban a comprar, vino el novio; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.
“Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor, ábrenos!”.
“Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no me conocéis”.
Al menos en este examen, las cinco vírgenes insensatas demostraron ser solo oidoras y no hacedoras de la palabra.
Tengo un amigo que era un alumno concienzudo en la facultad de derecho. En el transcurso de un semestre, Sam invirtió tiempo todos los días para repasar, resumir y aprender de sus notas para cada curso en el que estaba inscrito. Seguía el mismo modelo para todas sus clases al final de cada semana y cada mes. Su enfoque le permitió aprender la ley y no simplemente memorizar detalles. Y a medida que se acercaban los exámenes finales, Sam estuvo preparado. De hecho, descubrió que el período de exámenes finales era una de las partes menos estresantes de su formación jurídica. La preparación eficaz y oportuna precede al hecho de pasar la prueba con éxito.
El enfoque de Sam en su formación jurídica destaca uno de los modelos principales del Señor para el crecimiento y el desarrollo. “Pues he aquí, así dice el Señor Dios: Daré a los hijos de los hombres línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí; y benditos son aquellos que escuchan mis preceptos y prestan atención a mis consejos, porque aprenderán sabiduría; pues a quien reciba, le daré más”.
Invito a que cada uno de nosotros “medit[emos] bien sobre [n]uestros caminos” y nos “examin[emos] a [n]osotros] mismos, para ver si est[amos] en la fe; [y nos] probe[mos] a [n]osotros mismos”. ¿Qué hemos aprendido durante estos últimos meses sobre los ajustes y las restricciones en el estilo de vida? ¿Qué necesitamos mejorar en nuestra vida en el aspecto espiritual, físico, social, emocional e intelectual? Ahora es el momento de prepararnos y probarnos a nosotros mismos que estamos dispuestos y somos capaces de hacer todo lo que el Señor nuestro Dios nos mande.

Ser probados y seguir adelante

En una ocasión, asistí al funeral de un joven misionero que murió en un accidente. El padre del misionero habló en el servicio y describió el dolor de la inesperada separación terrenal de un hijo amado. Declaró con franqueza que, personalmente, no entendía las razones ni el momento de tal evento. Sin embargo, siempre recordaré que ese buen hombre también declaró que sabía que Dios conocía las razones y el momento de la muerte de su hijo, y eso era suficiente para él. Dijo a la congregación que él y su familia, aunque afligidos, estarían bien; sus testimonios permanecían firmes e inquebrantables. Concluyó con esta afirmación: “Quiero que sepan que, en lo que respecta al evangelio de Jesucristo, nuestra familia está totalmente entregada a él. Totalmente”.
Aunque la pérdida de un ser querido fue dolorosa y difícil, los miembros de esta valiente familia estaban preparados espiritualmente para probar o demostrar que podían aprender lecciones de importancia eterna a través de los sufrimientos.
La fidelidad no es ser insensato ni fanático. Más bien, es confiar y depositar nuestra confianza en Jesucristo como nuestro Salvador, en Su nombre y en Sus promesas. Al “seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres”, somos bendecidos con una perspectiva y una visión eternas que se extienden mucho más allá de nuestra limitada capacidad mortal. Se nos permitirá “congreg[arnos] y permane[cer] en lugares santos” y “no se[r] movidos, hasta que venga el día del Señor”.
Mientras servía como presidente de la Universidad Brigham Young–Idaho, el élder Jeffrey R. Holland vino al campus en diciembre de 1998 para hablar en uno de nuestros devocionales semanales. Susan y yo invitamos a un grupo de alumnos a reunirse y conversar con el élder Holland antes de que él transmitiera su mensaje. Hacia el final de la conversación, le pregunté al élder Holland: “Si usted pudiera enseñar a estos alumnos tan solo una cosa, ¿cuál sería?”.
Él respondió:
“Estamos presenciando un movimiento cada vez mayor hacia la polaridad. Las opciones de un terreno intermedio para nosotros, los Santos de los Últimos Días, se eliminarán. Lo intermedio del camino desaparecerá.
“Si solo se mantienen a flote en la corriente de un río, van a llegar a cualquier sitio; simplemente a donde los lleve la corriente. Seguir la corriente, seguir la marea, ir a la deriva no será suficiente.
“Hay que elegir. El no elegir es una elección. Aprendan a elegir ahora mismo”.
La declaración del élder Holland sobre el aumento de la polarización ha probado ser profética a juzgar por los acontecimientos y las tendencias sociales en estos 22 años desde que le hice la pregunta. Al predecir la creciente divergencia entre los caminos del Señor y los del mundo, el élder Holland advirtió que los días de tener cómodamente un pie en la Iglesia restaurada y un pie en el mundo estaban desapareciendo rápidamente. Este siervo del Señor alentaba a los jóvenes a elegir, a prepararse y a llegar a ser devotos discípulos del Salvador. Él los estaba ayudando a prepararse y a seguir adelante a través de las experiencias de la vida que los probarían, examinarían y escudriñarían.

Promesa y testimonio

El proceso de probarnos a nosotros mismos es una parte fundamental del gran plan de felicidad del Padre Celestial. Prometo que en tanto nos preparemos y sigamos adelante con fe en el Salvador, todos podremos recibir la misma calificación en el examen final de la vida terrenal: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.
Testifico que Dios, el Padre Eterno, es nuestro Padre. Jesucristo es Su Hijo Unigénito y viviente, nuestro Salvador y Redentor. Testifico gozosamente de estas verdades, en el sagrado nombre del Señor Jesucristo. Amén.

04/03/2020

“Guarda La Fe”
Richard C. Edgley

“Los fieles nos valemos de los obstáculos que vencemos en la vida para acercarnos más a nuestro Padre Celestial.”

Cuando regrese de la misión, mis amigos misioneros y yo solíamos despedimos diciendo “guarda la fe”. Aunque esto se convirtió en una frase informal y de rutina, es una amonestación seria que proviene del Señor.
El apóstol Pablo declaró en su segunda epístola a Timoteo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7). El guardar la fe hasta el fin ha sido siempre nuestra exhortación. En la Sección 18 de Doctrina y Convenios el Señor declara:
“Y cuantos se arrepientan y se bauticen en mi nombre —el cual es Jesucristo— y perseveren hasta el fin, tales serán salvos” (D. y C. 18:22).
Nunca olvidare el efecto que tuvo en mi lo que el presidente Joseph Fielding Smith dijo a los noventa y cinco años de edad: “Espero perseverar hasta el fin en esta vida …” Hoy, quizás mas que nunca, y en todo sentido, se pone a prueba nuestra fe. Esto no debe sorprendernos porque es parte del plan de Dios. Tal como Abraham demostró su inquebrantable fe al Señor cuando llevó a su hijo Isaac a la montaña para sacrificarlo, nosotros también debemos demostrar nuestra devoción, nuestra perseverancia y nuestra fe a nuestro Padre Celestial.
Todos nos enfrentamos con los problemas normales de la vida; tenemos enfermedades, cometemos transgresiones, pasamos por las difíciles etapas del arrepentimiento, luchamos en contra de la rebeldía y lidiamos con las tensiones de tener que proveer para la familia. Pero todo esto es normal; para eso nos preparamos y esas son las cosas con las que debemos luchar.
Para aquellos que son fieles, las pruebas y las adversidades normales de la vida no tienen que convertirse en enemigas de la fe. Si bien no deseamos pasar por esas dificultades y por esos obstáculos, los aceptamos y moldeamos nuestra vida y nuestra fe de acuerdo con las enseñanzas que provienen de ellos. Los fieles nos valemos de los obstáculos que vencemos en la vida para acercarnos mas a nuestro Padre Celestial y hacemos que estos nos ayuden a desarrollar un espíritu de humildad y de sumisión y nos permitan apreciar y estar agradecidos por esas bendiciones que provienen de un Padre amoroso. En resumen, por medio de esas experiencias nos es posible aumentar nuestra fe; y con frecuencia lo hacemos. Los fieles no oran pidiendo que se les exonere de las dificultades de la vida, sino que lo hacen para obtener la fortaleza necesaria para superarlas. Y al hacerlo, se acercan a su Padre Celestial y al estado de perfección que deseen alcanzar.
Con frecuencia, para los Santos de los Ultimos Días, la prueba mayor de la fe —la prueba sutil y no obstante la más difícil— no proviene de los obstáculos normales de la vida sino del éxito que podamos alcanzar. Existe una estrecha relación, una relación de causa y consecuencia, entre la fe y las virtudes que se requieren para ser humildes y tener un corazón sumiso, virtudes que han sido siempre los elementos claves de la fe. Cuando los llamados logros temporales, ya sean de carácter material como intelectual, no se ajusten a los principios del evangelio y el Espíritu Santo, con frecuencia alejan a una persona de los principios fundamentales que fomentan la fe. Cuando no reconocemos la mano del Señor, de quien provienen todas las bendiciones, en los logros que alcanzamos en la vida, con frecuencia esos mismos logros nos conducen al falso orgullo y al deterioro de las virtudes que promueven la fe. Cuando nos engrandecemos por el éxito que hayamos logrado, o cuando este nos lleva a substituir la voluntad de nuestro Padre Celestial por nuestro aprendizaje terrenal, ponemos en peligro los principios sobre los que se basa nuestra fe. Cualquier cosa que desgaste la humildad y la sumisión es, en verdad, una amenaza para la fe.
Sea cual fuere nuestra condición en la vida, sean cuales fueren los logros alcanzados, por grandes que sean, es fundamental para nuestra fe el ser humildes y sumisos. Debemos protegemos para no permitir que el éxito del mundo ni el conocimiento de las cosas terrenales substituyan la sabiduría espiritual y la guía divina que recibimos a través de los Profetas.
En el Libro de Mormón, Alma explica el deterioro de los nefitas que los hizo perder el verdadero sentido de las cosas terrenales:
“Porque vieron y observaron con gran dolor que los de la iglesia empezaban a ensalzarse en el orgullo de sus ojos, y a fijar sus corazones en las riquezas y en las cosas vanas del mundo, de modo que empezaron a despreciarse unos a otros, y a perseguir a aquellos que no creían conforme a la propia voluntad y placer de ellos” (Alma 4:8).
Jacob nos advierte en cuanto a depender solamente en la fuerza y en la sabiduría del hombre. El dijo:
“¡Maldito es aquel que pone su confianza en el hombre, o hace de la carne su brazo, o escucha los preceptos de los hombres, salvo cuando sus preceptos sean dados por el poder del Espíritu Santo!” (2 Nefi 28:31).
De nuevo Jacob nos instruye con o siguiente:
“¡Oh ese sutil plan del maligno! ¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por si mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán” (2 Nefi 9:28).
Entonces Jacob hace una aclaración para que todos entendamos que el aprender bajo las circunstancias debidas tiene un lugar muy importante en nuestra vida. El explica:
“Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios” (2 Nefi 9:29).
Hay los llamados “instruidos” que permiten que el intelecto destruya la armadura espiritual que poseen, y que también trataran de alejar a los fieles de los que han sido escogidos por el Señor para guiar a los demás. Hay quienes piensan que nuestros líderes han perdido contacto con la realidad de nuestros días y tratarían de guiar a los miembros substituyendo las revelaciones de Dios y Sus Profetas por su propio conocimiento. Y. lamentablemente, hay aquellos que los seguirían. Cristo nos advirtió:
“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).
Con el deseo de preparar a los santos en contra de las inevitables amenazas de los lobos, Pablo el Apóstol también advirtió:
“Porque yo se que después de mi partida entraran en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonaran al rebano” (Hechos 20:29).
¿De dónde sacarían los lobos cueros de ovejas tan auténticos para engañar al rebano del Señor? ¿Es posible que estén vestidos con grandes riquezas y delicadas sedas, tal como Alma lo advirtió? ¿Serán las vanidades y las flaquezas de los hombres, los instruidos que no escuchan los mandamientos del Señor, como lo dijo Jacob? (Véase 2 Nefi 9 :28) ¿Es posible que a veces se vistan para aparentar ser pastores rectos para engañar aun hasta los escogidos?
Si, al igual que en el caso de Abraham de antaño, se pondrá a prueba nuestra fe. Padeceremos enfermedades, dolores, muerte y tragedias; eso es inevitable y es la razón mas importante por la que escogimos participar en esta etapa terrenal. Pero podemos vencer esas dificultades y tribulaciones si recurrimos a los dones celestiales que nos ayudaran a verlas por lo que realmente son. Y a medida que las superemos, nos acercaremos mas a nuestro Padre Celestial; sentiremos Su amor, adquiriremos Su conocimiento y Su verdad; podremos superar la prueba y perdurar hasta el fin.
De lo que si debemos preocuparnos es de aquello que no podemos reconocer, o sea la substitución de la guía inspirada de Dios por la voluntad del hombre. No nos alejemos del camino recto guiados por los engaños de los hombres y moldeemos nuestra vida con los principios del evangelio y con el Espíritu de Dios. No perdamos la perspectiva de los dones divinos de humildad y de sumisión que nos han alentado desde la restauración del evangelio. Busquemos la verdad y la guía de un Padre amoroso confiando en nuestro Padre Celestial, en Sus Profetas vivientes y en la revelación personal. Cuando los profetas hablen, escuchemos y obedezcamos.
Testifico solemnemente que Dios vive, que vela por nosotros al grado de guiar a Sus Profetas para bendecirnos y edificarnos. Testifico que si buscamos la guía de nuestro Padre y seguimos a los Profetas, nuestra fe aumentara y será preservada. Y así, mis hermanos y hermanas, les doy mis palabras de despedida hoy, y no lo hago en forma informal y descuidada, sino que lo hago con toda solemnidad y sinceridad de corazón, diciendo: Guarden la fe. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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